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Moscú ignoró dos veces a Fidel en el 62


El delegado norteamericano en la ONU, Adlai Stevenson, muestra a los miembros del Consejo de Seguridad, las fotos aéreas de las bases rusas de cohetes en Cuba. Stevenson aparece a la derecha de la foto; a la izquierda, el delegado ruso, Valerian Zorin

Documentos que serán difundidos por primera vez esta semana revelan que tras el acuerdo Kennedy-Kruschev hubo una segunda crisis de los misiles y en ambas Castro fue echado de lado.

El conflicto entre Washington, Moscú y La Habana que se desató el 14 de octubre de 1962, cuando EE.UU. descubrió que la Unión Soviética tenía bases de misiles nucleares en Cuba no terminó como se cree con la firma del llamado pacto Kennedy - Kruschev, según publica este lunes un amplio reportaje de BBC Mundo a propósito del 50 aniversario de la fecha.

En una entrevista exclusiva con la BBC, Svetlana Savranskaya, directora de operaciones rusas del National Security Archive, una institución no gubernamental de Estados Unidos, se refiere a documentos que serán publicados el 17 de octubre en los que se constata que a finales de octubre hubo una segunda crisis.

Los documentos forman parte del archivo personal de Anastas Mikoyan, entonces viceprimer ministro soviético y hombre de confianza del líder del Kremlin, Nikiti Kruschev, quien lo envió a La Habana para mediar en la crisis, que terminó el 28 de octubre cuando el presidente soviético acordó retirar los misiles nucleares estratégicos de sus bases en Cuba.

Fidel Castro se puso muy molesto con la “traición soviética” de negociar directamente con los estadounidenses sin consultar a Cuba dice Savranskaya, y excluido de las negociaciones entre las superpotencias, comenzó a dejar de cooperar con Moscú.

El reportaje destaca que aunque el presidente John F. Kennedy había insistido en vigilar estrictamente “las posiciones de los misiles, en un fallo de inteligencia, comandantes estadounidenses no advirtieron la presencia de más de 100 armas nucleares tácticas” en la isla.

La publicación precisa que Kruschev, temeroso de perder el control y de que su aliado Castro, cada vez menos confiable, pudiera obstaculizar el acuerdo, dio instrucciones a Mikoyan para que ofreciera a los cubanos que podían quedarse con las armas nucleares tácticas a condición de que no se lo dijeran a los estadounidenses.

Pero de hecho el embajador cubano ante la ONU estuvo a punto de anunciar al mundo la existencia de tales armas, y ya desde antes, en privado, Mikoyan tenía dudas sobre dejarle las armas nucleares a Castro, aunque sus manos estaban “atadas” según Savranskaya porque ese había sido el acuerdo.

Sin embargo, apunta BBC, una serie de cartas entre Kennedy y Kruschev revelan que mientras Mikoyan estaba en La Habana, el presidente estadounidense y el líder soviético llegaron a la conclusión de que el problema tras la crisis no era entre ellos, sino con Fidel Castro.

De modo que después de que Castro ordenó disparar contra un avión estadounidense, "Mikoyan –dice la directora del National Security Archive– tomó una decisión sin consultar al gobierno central soviético: que las armas nucleares tácticas iban a tener que ser removidas".

En opinión de Savranskaya, la transcripción de una conversación el 22 de noviembre de 1962 entre Mikoyan y Castro, de la que por primera vez se conocen ahora detalles, sea probablemente "el documento más fascinante de toda la crisis de los misiles".

Durante el encuentro—dice Savranskay— Castro señala que en el intercambio de cartas entre Kennedy y Kruschev no se mencionaban las armas nucleares tácticas, por lo que 'los estadounidenses no tienen idea de que están acá, así que ustedes no tienen que sacarlas, las podemos esconder en nuestras cuevas'.

Pero la respuesta de Mikoyan fue: 'Vamos a retirar estas armas no porque los estadounidenses lo hayan demandado, sino porque nosotros decidimos retirar estas armas', y le miente a Castro diciéndole que había una ley secreta en Moscú que prohibía transferir armas nucleares a un tercer país.

Castro incluso sugiere –añade— “que la 'ley' debe ser derogada, pero Mikoyan no cede, y dice que todas las armas nucleares deben salir de Cuba. Con esa conversación, se resolvió la crisis, las armas nucleares fueron cargadas en barcos soviéticos y retiradas en diciembre de 1962".

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