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Brasil ciego y sordo ante dictadura cubana


El artículo subraya que se equivocó quien pensó que con la presidenta Dilma Rousseff las cosas iban a cambiar.

Un articulista de La Nación califica de ominoso el silencio que guarda la mayor potencia económica de Latinoamérica ante gobiernos de la región que no respetan la democracia.

Brasil, considerado por muchos como el país líder de América Latina, se cruza de brazos y guarda silencio ante los gobiernos de otras naciones en la región que dicen ser democráticos, como el de Cuba, pero no lo son, resalta un artículo publicado este martes por el diario argentino La Nación.

“La primera obligación de un líder, o de quien pretenda serlo, es llevar la voz cantante a cuyo ritmo los demás acompañarán desde el coro”, dice, pero ese “no es el caso de Brasil”.

El artículo califica de "ominoso" el silencio del ex presidente brasileño Lula Da Silva “en sus ocho años de mandato con respecto a la violación de los derechos humanos en Cuba y su paciente tolerancia con respecto a la falta de elecciones libres y ejercicio democrático en ese país”, gobernado, apunta, por una “monarquía hereditaria”.

Al caso de la isla, el comentario añade “los atentados a la democracia perpetrados por el ex presidente venezolano Hugo Chávez, el avasallamiento de los derechos fundamentales tanto en Venezuela como en la Nicaragua de Daniel Ortega, en el Ecuador de Rafael Correa o en la Bolivia de Evo Morales”.

También, entre otros hechos, cita lo ocurrido cuando fue legalmente destituido del poder el presidente de izquierda paraguayo Fernando Lugo y Brasil “se limitó solamente a acompañar a la Argentina y al Uruguay en la "suspensión" del restante socio (Paraguay) fundador del Mercosur”.

A propósito del suceso, el diario recuerda que “intervenir en los asuntos internos del Paraguay es obviamente contrario al debido respeto que merece un Estado Parte (del Mercosur), violatorio de la esencial igualdad entre todos los asociados y de la imprescindible abstención de intervenir en los asuntos internos de los mismos”.

El articulista subraya que si alguien pensó que con “la asunción de la presidente (Dilma) Rousseff las cosas iban a cambiar se equivocó de medio a medio. La situación –aputa–permanece igual que siempre hasta el momento”.

Para concluir, señala con ironía que “quizá sea mejor así (no tener liderazgo), dado que los países que maduran no necesitan líderes. Como las personas adultas”.

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