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Futuro agrícola de la isla es un enigma


Los campesinos necesitan recursos y también poder de decisión para participar en el diseño de las políticas agrarias

El periodista Fernando Ravsberg de la BBC analiza la situación del campesino en Cuba a propósito de conmemorarse esta semana un aniversario más de la Reforma Agraria.

Tras la promulgación de la Reforma Agraria en Cuba, "los trabajadores agrícolas dejaron de recorrer los caminos buscando trabajo en las cosechas y se establecieron en fincas propias de donde ya nadie los podría volver a expulsar, sus hijos tuvieron acceso a la escuela y ellos mismos fueron alfabetizados".

Así lo afirma en un artículo para BBC el periodista Fernando Ravsberg, quien sin embargo destaca que esa felicidad le duró bien poco al campesino cubano, porque “pronto el gobierno revolucionario creyó que la colectivización agraria se correspondía más con su ideología que las parcelas individuales”.

El próximo paso fue, señala, que “el koljoz soviético se impuso en Cuba a pesar del pobre resultado que había tenido en los países socialistas europeos”.

Haciendo un balance de cómo evolucionó la agricultura en la isla a propósito de cumplirse esta semana otro aniversario de la firma de la Ley de Reforma Agraria, el periodista recuerda que en los años 80 el propio Fidel Castro le recomendó al líder comunista francés George Marchais que no se le ocurriera socializar la agricultura.

“Dejen en paz a los pequeños productores, no los toquen. Si no, pueden decir adiós al buen vino, a los buenos quesos y al excelente foie gras", le dijo.

Pero eso no fue lo que hicieron entonces las autoridades cubanas y hubo que esperar hasta 2008, apunta Ravsberg, para que el gobierno se decidiera a “entregar tierras a los guajiros y a otros que sin serlo también apostaron por esa vía”.

De inmediato la burocracia se puso a trabajar—añade--: les prohibió construir casa en la finca, les prohibió importar maquinaria, puso precios disparatados a las pocas herramientas que les vendieron y los obligó a distribuir mediante Acopio, el organismo estatal famoso por su ineficiencia.

El periodista pasa revista a las obstáculos que hay para que la agricultura logre abastecer todas las necesidades del país y luego dice que “difícilmente Cuba pueda convertirse en el vergel con que sueña el imaginario popular pero tampoco tiene por qué continuar siendo una tierra plagada de hierbas malas, con un rendimiento productivo mucho menor que el que tenía hace medio siglo”.

La entrega de tierras empieza a dar sus primeros frutos—agrega-- pero para hacerla avanzar más se necesitará eliminar las restricciones tontas impuestas por una burocracia agropecuaria ineficiente que debería ir desapareciendo junto al modelo agrícola que la engendró.

Ravsberg concluye su artículo afirmando que “si hace 53 años los campesinos cubanos levantaron la consigna de "¡la tierra para el que la trabaja!", hoy deben comprender que no basta sólo con eso, también hacen falta recursos y, sobre todo, poder de decisión para participar en el diseño de las políticas agrarias”.

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