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Manuel Cuesta Morúa / Zapata Tamayo murió sin matar


Hemos llegado a un punto en que la conexión entre el valor del ser humano y la realidad del poder se ha roto ya definitivamente.

Gracias por la invitación y poder compartir las reflexiones que merecen desde todos los puntos de vista la muerte de Orlando Zapata Tamayo.

La primera reflexión que merece este asunto es humana:

Hemos llegado a un punto en que la conexión entre el valor del ser humano y la realidad del poder se ha roto ya definitivamente.

Esto venía sucediendo obviamente. Los intereses del Estado, que no son más que los derechos del Estado patrimonial, se estaban poniendo totalmente por encima de los intereses de los ciudadanos, del día a día, de la vida cotidiana.

Lo que acabamos de ver ahora desde el punto de visto humano, en un asunto que tiene todo el drama de la nación encerrada en la evitable e innecesaria muerte de Zapata Tamayo.

Y esta es la primera reflexión hasta dónde el régimen cubano pueda seguir sacrificando la vida humana en aras de una ficción política y de una fantasía política que no existe más que en la mentalidad de unos cuantos. Y hemos llegado a ese punto con la muerte de Zapata Tamayo, desde el punto de vista humano.

Desde el punto de vista político el gobierno ha seguido la lógica desafortunada de la soberbia, al no evitar la muerte de Zapata Tamayo, que era una cuestión evitable desde todos los puntos de vista: desde el punto de vista de la atención médica, desde el punto de vista de la negociación con sus demandas, desde el punto de vista de haber aprendido justamente lo que establecen los reglamentos internacionales en el trato a prisioneros y desde el punto de vista de la impunidad que gozan los policías, carceleros en las estaciones de policías en Cuba y en las prisiones cubanas.

Es decir, todos estos puntos de vistas, el gobierno podía haber evitado este desaguisado político que le daña en su imagen definitivamente, pero que no es algo de lo que podamos congratularnos ningún cubano, porque no tiene compensación ética para nadie, que avanzar en la lucha por los derechos humanos en Cuba, y avanzar en la dirección de la democratización le vaya a costar la vida de alguien.

La combinación de soberbia, desprecio y subestimación del gobierno cubano llevó a este desenlace fatal. La soberbia de no escuchar a nadie, el desprecio de considerar marginales a aquellos que se les oponen, y la subestimación porque nunca imaginaron que Zapata Tamayo podría tener más coraje que muchos de los carceleros y mucha de la gente que a lo largo del tiempo lo maltrató.

Hay un análisis histórico y un análisis transcultural. Creo que por primera vez sucede si establecemos las circunstancias específicas que diferencian este caso al de Pedro Luis Boitel.

Porque éste fue un hombre que se determinó así mismo a no aceptar absolutamente nada de las autoridades cubanas. Para llamar dramáticamente la atención sobre unas condiciones que se hacían insoportables para los prisioneros en primer lugar, no sólo políticos sino también comunes, pero que se hacían insoportables ya para la mayoría de los ciudadanos cubanos.

Y desde el punto de vista histórico yo creo que por primera vez y marcando diferencias y circunstancias que lo distinguen del caso de Pedro Luis Boitel, porque por primera vez en la historia de Cuba se da algo similar que supone un cambio definitivo en la mentalidad de aquellos que quieren cambios en Cuba. Porque Zapata Tamayo murió sin matar.

Hasta ahora toda la cultura nuestra históricamente, mostraba a hombres dispuestos a morir, matando. Zapata Tamayo hace lo contrario. Envía un poderoso mensaje a todo el mundo de que hay hombres dispuestos a morir sin matar.

Y esto es un cambio definitivo; que es desafortunado de todas maneras porque le ha costado la vida a Zapata Tamayo. Pero yo creo que en el último minuto, en el último análisis hizo una conversión moral de un valor humano y un valor ético que merece que todos se quiten el sombrero.

Entonces aquí viene el otro análisis por parte de las autoridades. Se han destacado tratando de proyectar en nosotros las carencias propias tratando de culpar a los demás de una determinación que sólo estaba en manos de Zapata Tamayo y del gobierno cubano.

Porque nadie en su sano juicio puede instigar a nadie en su sano juicio, a que muera en una huelga de hambre. Eso el gobierno cubano no puede probarlo. Sin embargo, ahora los medios de comunicación tratan de culpar al resto de la comunidad de disidentes, al interior de Cuba y quizás al exterior también de haber instigado a un hombre que tomó una determinación tremenda, dramática, de morir porque no podía seguir viviendo de esa manera.

Luego entonces los medios de comunicación hacen otra cosa que debieron haber evitado y es querer mostrar el rostro de la Salud Pública cubana. De que hicieron todo lo posible a último minuto. Hicieron todo lo posible cuando ya no era posible. Y eso no excusa su responsabilidad para nada.

El itinerario médico entre cárceles que hicieron con Tamayo demuestra que ellos no tenían el más mínimo conocimiento de su estado real porque si hubiera sido así lo pudieran haber traído directamente desde Holguín al Almejeiras para tratar de salvarlo.

Pero no, lo llevaron primero a la prisión de Camagüey en Kilo 8, donde la impunidad se hizo presente porque le negaron entonces el agua también y eso sólo puede hacerlo una autoridad que está acostumbrada a no recibir castigo por su maltrato, que es el significado último de la palabra impunidad, aquel que actúa porque sabe que no va a ser castigado.

Y le privaron de agua para acelerar y aceleraron así su muerte. Luego lo llevan al Combinado del Este y ya finalmente al hospital Almejeiras. Ese itinerario describe el desconocimiento y la ignorancia que tenían sobre el real estado de salud, porque refleja otra cosa.

No creyeron en Zapata Tamayo. Pensaron que no era serio lo que estaba haciendo Zapata Tamayo. Y nadie tomó cartas en el asunto. Si hubieran tomado cartas en el asunto, desde antes, esto se podía haber evitado que es lo que hubiéramos querido todos que se hubiera evitado.

Porque no se trata de avanzar sobre la muerte de nadie. Es un debate que ha sido duro y una discusión que ha sido larga por tratar de instrumentar los derechos humanos en Cuba.

Y entonces tratan de mostrar este rostro al público; e hicieron algo peor que fue, y esto lo menciono por primera vez públicamente destacar un artículo que llena de infamia para siempre a ese que escribió ese artículo tratando de sacar el pasado de Zapata Tamayo.

Por ese camino, suponiendo que sea cierto ese pasado; por ese camino, la mitad del panteón de héroes y mártires de la historia mundial estaría vacío; porque los hombres no son en blanco y negro, los hombres tiene matices. Una biografía, una historia, una circunstancia.

Justamente la circunstancia de Zapata Tamayo, es la circunstancia de un hombre que nació dentro de este proceso, de modo que Zapata Tamayo en toda su biografía es hijo de este proceso y en algún minuto hizo la conversión moral y constante de darse cuenta de que su historia pasada no se podía explicar nada más que por las circunstancias en las que había nacido, crecido y que esas circunstancias debían cambiar y decidió dedicar su existencia y su ideal a la lucha por los derechos humanos.

Sucede que no era un hombre muy conocido internacionalmente. En ese sentido era un hombre enteramente de la causa de los derechos humanos; pero no era nadie dentro de los derechos humanos y eso de alguna manera impidió que alcanzara relevancia su lucha desde antes, porque al mismo tiempo era un hombre humilde, un activista radical, un hombre que se había formado mínimamente, un albañil nacido en la zona oriental del país que siempre vivió allí y que empezó a andar de alguna manera en algún minuto y en algún tiempo por este camino de los derechos humanos.

Y ha demostrado con su muerte evitable desde algún punto de vista, inevitable desde el punto de vista de la soberbia del gobierno, que tenía tanto coraje y de ahí su capacidad simbólica para, una capacidad simbólica que no habíamos pedido y ni que queríamos, pero su capacidad simbólica para toda la sociedad cubana.

Ese hecho estará instalado para siempre y ahora quien se encargue de que su memoria no pase al olvido, ese hecho quedará instalado para siempre en la historia de Cuba y en la historia dramática de estos 50 años.

En todo caso y de todos los puntos de vista, yo creo que este es el símbolo dramático de que ya Cuba no puede ir más de este modo.

Tenemos un serio problema nacional que compromete la integración de todos los cubanos y desde ese punto de vista, Tamayo es también simbólico porque era un hombre negro que refleja también todo el drama de gente y de sectores amplios a lo largo de todo el país que no han podido satisfacer las demandas y las exigencias históricas de los componentes de la nacionalidad cubana. Es un hecho quieran negarlo quien quiera negarlo.

Y ahora mismo nos encontramos entonces ante un drama y ante un dilema que es nacional, que es histórico, que es político, que es internacional y que ha dañado la imagen, porque de alguna manera la imagen de Cuba no queda bien parada, la imagen de nosotros como nación, como cultura, como hombre de bien no queda bien parada en estas circunstancias, independientemente de que el gobierno sea el más responsable de este asunto.

Yo creo que ahora se impone seguir esta reflexión y sacar las debidas lecciones de este caso. Para mí es importante tener en cuenta que Zapata Tamayo vino de abajo para demostrarle a un régimen que termina siendo un régimen muscular de que el valor de los hombres no se mide justamente por la capacidad de matar a otros hombres, por la valentía de matar a otros hombres, sino por la valentía de morir desarmado y morir pacíficamente; y por el hecho de pedir demandas que son normales en cualquier nación del mundo.

Yo antes, por mi formación, creía que los mitos había que dejarlos ahí e ir a las cuestiones prácticas de la vida cotidiana, pero este ha sido un mito que ha costado demasiado y Zapata Tamayo ha venido a demostrarlo.

Y yo quiero que esto sirva un poco también para que aquellos que han tenido una percepción, una visión, una idea de que estamos frente a un proyecto de izquierda o una revolución socialista, pues que se den cuenta que no tuvo nada que ver en el presente ni en el futuro, con el socialismo, con la izquierda, aunque se vendieran muy bien desde esa perspectiva y mucha gente compró en ese mercado. Pero yo creo que este hecho sirva para demostrar que así no ha sido.

Que hayamos tenido en algún momento acceso a la educación y que hayamos tenido acceso a la salud, no identifica a un proyecto cultural, a un proyecto político y a un proyecto social con la izquierda, definitivamente como lo sabe la gente bien informada.

Yo creo que el caso de Zapata Tamayo dejado ahí por la soberbia, dejado ahí por el desprecio y dejado ahí por la subestimación, no ayuda a salvar el rostro.

Y para los que escuchan este programa y para aquellos que se interesan por la nacionalidad cubana, por la nación cubana que es en definitivamente lo que está en juego, yo creo que se impone seguir reflexionando y abriendo paso a la pluralidad de este país.

Y rindiéndole siempre tributo a alguien que murió por todos los cubanos que envío un poderoso mensaje de que revienta su muerte, entrega su muerte a aquellos, a sus carceleros que lo mataron para salvar la vida de todos los cubanos.

Ya hay mucha gente que se va enterando obviamente, ya casi lo saben todos porque los medios de comunicación en Cuba se han encargado de dar su versión muy débil y muy mal hilvanada a última hora. Y la gente se ha quedado totalmente estupefacta con este hecho. Y para algo debe servirnos.

Desafortunadamente Zapata Tamayo se nos fue, pero yo creo que hay que reflexionar en lo adelante y comprometerse con la nación cubana que es el tributo que debemos pagarle todos a Zapata Tamayo, ese hombre humilde, negro, trabajador y albañil. Todo un símbolo.

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