En toda América Latina, las instituciones democráticas enfrentan una presión creciente. En países como Venezuela, Nicaragua y Cuba, los regímenes autoritarios han consolidado su poder, desmantelado los controles y equilibrios institucionales y restringido severamente las libertades fundamentales, alimentando así una gran inestabilidad en el hemisferio occidental.
Por esta razón la Fundación Nacional para la Democracia (NED) organizó en Washington D.C el pasado lunes el foro “Libertad y Renovación Democrática en América Latina” con el que quiso dar voz a destacados defensores de la democracia tales como John Suárez (Cuba), Félix Maradiaga (Nicaragua) y Miguel Pizarro (Venezuela).
En la apertura del evento, Damon Wilson, presidente y director ejecutivo de la NED, señaló que “la represión y el peligro que emana de estos tres regímenes de América Latina recibe una atención prioritaria” porque según explicó “sin libertad, no hay seguridad, ni para la gente de estos países ni para Estados Unidos”.
“El apoyo a la democracia en Cuba, Venezuela y Nicaragua es importante porque la represión en estos países, lamentablemente, no se queda dentro de sus fronteras. Provoca desplazamientos, fortalece redes autoritarias corruptas, desestabiliza el hemisferio y debilita las voces democráticas” agregó Wilson.
El caso de Nicaragua
Para Felix Maradiaga, expreso político y presidente del World Liberty Congress “Nicaragua vive bajo una dictadura atroz que ha capturado totalmente el estado nicaragüense. Se han clausurado más de tres mil organizaciones de la sociedad civil, se han cerrado todos los medios de comunicación independientes, se ha expulsado del país a congregaciones religiosas enteras”.
En declaraciones a Martí Noticias, Maradiaga señaló que “la represión en Nicaragua no se mide solamente por el número de presos políticos, casi tres mil personas inocentes que han pasado por las cárceles del sandinismo, sino que existe un ecosistema represivo mucho más amplio, que incluye el destierro forzado, la desnacionalización de ciudadanos, la represión transnacional contra exiliados”.
“Nicaragua es hoy uno de los países del mundo que más libertades ha perdido en la última década, y eso no es una abstracción: es la vida diaria de un pueblo al que le han arrebatado el derecho a hablar, a organizarse, a rezar en libertad y a elegir su propio destino”, denunció el líder opositor, quien ha sufrido de primera mano todos estos vejámenes por parte del régimen de Daniel Ortega.
Ante la pregunta sobre los elementos comunes que comparte el régimen de Nicaragua con el de Cuba y el de Venezuela, Maradiaga señaló que los tres regímenes criminales comparten un patrón estructural que va mucho más allá de la coincidencia ideológica.
“Primero, los tres han construido aparatos de control total del Estado. Segundo, los tres operan con una lógica de apoyo mutuo, y tercero, los tres han cultivado alianzas estratégicas con potencias adversarias de occidente: Rusia, China, Irán”, subrayó.
En su exposición en el evento de NED, Maradiaga insistió en que estos casos no deberían seguir siendo abordados como si fueran crisis nacionales aisladas. “Cuba, Venezuela y Nicaragua forman un entramado criminal interconectado. Una estrategia hemisférica seria tiene que entender esa arquitectura y responder de manera coordinada”.
En este sentido, Maradiaga explicó a Martí Noticias que Nicaragua no es solo un problema de derechos humanos -que “lo es, y gravísimo”, apuntó- sino también un problema de seguridad hemisférica.
“Daniel Ortega es una reliquia viva de la Guerra Fría, uno de los pocos dictadores de aquella era que aún permanece en pie... Si el régimen sandinista se mantiene en pie, seguirá operando como factor de desestabilización en Centroamérica y como plataforma para la proyección de influencia adversaria en el hemisferio. Ignorar a Nicaragua no es prudencia; es negligencia estratégica”, advirtió.
Maradiaga urgió al sistema interamericano a asumir su responsabilidad y señaló que ha llegado el momento de impulsar una resolución de ilegitimidad del régimen de Ortega en el ámbito de la Organización de los Estados Americanos. “No como un gesto simbólico, sino como parte de una respuesta hemisférica coherente”.
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