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El nuevo show es lamentar, o disfrazar segundas intenciones, a través de una nota de prensa donde se informa que la Sección de Intereses de Cuba en Washington se ve obligada a suspender sus servicios consulares.

Si existe algo que me espanta de la clase política cubana, es la colosal habilidad que tienen para manipular eventos e inventar crisis sin el más mínimo decoro, como el dolor de las familias separadas, y emplearlo como escudo en contra de Estados Unidos.

El nuevo show es lamentar, o disfrazar segundas intenciones, a través de una nota de prensa donde se informa, que la Sección de Intereses de Cuba en Washington se ve obligada a suspender sus servicios consulares.

Con dantesco desenfado, agónica creatividad, pasmosa tranquilidad y más deseos de tragedia que de sentido común, dicha nota hace referencia al comunicado publicado el pasado 9 de diciembre de 2013, donde se informaba sobre el nuevo plazo otorgado por el banco “M & T Bank” para la conclusión de los servicios bancarios a la Sección y la Misión Permanente de Cuba ante las Naciones Unidas. Se fijaba el 1 de marzo de 2014 como plazo para el cierre de las cuentas, y este 14 de febrero como fecha límite para realizar depósitos.

Es entendible, que siguiendo el protocolo, el Departamento de Estado ayude a la Sección de Intereses cubana a encontrar un nuevo banco para reanudar sus funciones, pero indignante es conocer que el gobierno de la isla rechazó las opciones y con impúdica desverguenza, como quien se va de paseo, deja colgado en su web el cartel “Se suspenden los servicios consulares hasta nuevo aviso”

Sección de intereses de Cuba en Washington
Sección de intereses de Cuba en Washington
Puede suceder que, aunque estas dificultades bancarias no tienen nada que ver con el diferendo de medio siglo, ni con el repetido embargo (o bloqueo, llámele usted como quiera), a partir de este momento se estimule un conflicto que además de premeditado, suscite una especie de alarma social estructurada por los gerifaltes cubanos deseando convertir en prioridad principal el hecho de alimentar los desagradables inconvenientes que esta nueva situación ocasiona a los ciudadanos cubanos, a los viajeros, a los usuarios de servicios consulares como prórroga o habilitación de pasaportes, certificación de documentos, etc; a los intercambios culturales, científicos, académicos, deportivos y de cualquier otra naturaleza entre Cuba y Estados Unidos.

Está claro que molesta, el chanchullo gobernante se cree ley y libertad, y continúan empecinados en hacernos bailar al son de la música que ellos deciden tocar; pero una traba bancaria no puede paralizar los servicios consulares de una amplia masa de exiliados e inmigrantes cubanos que radicados en los Estados Unidos necesitamos, valga la redundancia, los servicios consulares que no están únicamente centrados en el consulado de La Habana en Washington DC.

Vivimos en la era de Internet, en un mundo globalizado. Esta comunidad de cubanos no depende de ese consulado, es él y todos sus funcionarios quienes dependen de nosotros. Ya no estamos para caer en el sofisma de ignorar que Cuba cuenta con representaciones consulares en Ottawa, Montreal, Toronto, Mexico, Veracruz, Monterrey y casi todo este planeta.

Entonces, no existe una sola razón que me obligue a soportar la soberbia de un gobierno que dando pruebas de querer utilizar a su conveniencia el drama familiar cubano, pretenda pintar de política; más bien de politiquería, una simple disfunción bancaria. Este escrito muestra mi absoluta disconformidad.
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    Juan Juan Almeida

    Licenciado en Ciencias Penales. Analista, escritor. Fue premiado en un concurso de cuentos cortos en Argentina. En el año 2009 publica “Memorias de un guerrillero desconocido cubano”, novela testimonio donde satiriza  la decadencia de la élite del poder en Cuba.

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