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Vaya decisión del Gobierno revolucionario


santiago de cuba causas del cóllera

Cuba termina haitianizada, improductiva, llena de enfermedades y deudas, sometida al terror de las brigadas de respuesta rápida, versión cubana de los Tom Tom Macoutes,

El disgusto cundió en Santiago de Cuba por los altos precios de los materiales de construcción necesarios para reparar los destrozos causados por el huracán Sandy.

Ante esta situación desacostumbrada, el gobierno tomó la medida de endulzar el amargo trago con una rebaja del 50% en los precios de los materiales y la concesión de créditos de usura. Es decir, la teja de asbesto cemento que costaba $105.00, ahora solo le costará al sin techo $52.50, como prueba de que la Revolución no abandona a nadie.

Institucionalmente, el Gobierno cubano dejó de ser revolucionario en el año 1976, cuando se promulgó la Constitución Socialista y fueron creados los Órganos del Poder Popular. Orgánicamente dejó de serlo mucho antes, desde que, lejos de promover el avance del país, se estancó en una dictadura sin nada que ver con los principios y objetivos de la revolución que le dio origen.

Desde todo punto de vista, es un disparate la medida anunciada en el diario Granma del 8 de noviembre. Rebajar a la mitad el precio de los artículos que moral y económicamente deberían ser dados en gratuidad, es otra falta de respeto al sufrido y humillado pueblo cubano.

Los militares que gobiernan Cuba solo ven ganancias o pérdidas donde el pueblo ve hambre, miseria, abandono y viviendas en pésimo estado de habitabilidad, que se caen con el primer viento platanero que las azote.

Los ingresos de ningún cubano resultan suficientes para asumir los gastos por materiales de construcción y otras pérdidas debidas a causas naturales o no tan naturales como son la desidia y la incompetencia gubernamental.

Esta será otra deuda impagable, como la de los refrigeradores y otros efectos electrodomésticos vendidos a bombo y platillo y que, sin haber sido pagados, ya no funcionan, todo ideado en su momento para sacarle de las costillas al pueblo un efímero aumento de salarios y pensiones, que duró lo que el clásico merengue a la puerta del colegio.

Cuba termina haitianizada, improductiva, llena de enfermedades y deudas, sometida al terror de las brigadas de respuesta rápida, versión cubana de los Tom Tom Macoutes, y con un gobierno que no tiene nada que envidiarle al de los Duvalier.

Como oí una vez de una anciana muy devota: "Dios nos coja confesados." O, al decir de un amigo no tan creyente: "Asere, voy echando que esto es un descaro."

Artículo publicado en la página Primavera Digital el 19 de noviembre del 2012,

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