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Obama busca aliados en Europa y Latinoamérica para su política hacia Cuba


El presidente estadounidense Barack Obama (i), saluda al general cubano Raúl Castro, en Sudáfrica durante los funerales de Nelson Mandela.

Hay la esperanza de que el nuevo enfoque de Washington permita reclutar aliados europeos y latinoamericanos para impulsar en Cuba una agenda favorable a los Derechos Humanos y la democracia.

El presidente estadounidense Barack Obama defiende su apertura hacia la dictadura de Cuba como una manera más eficaz para llevar la democracia a la isla que la política de aislamiento de sus anteriores predecesores, escribe William M. LeoGrande, en World Politics Review.

El mandatario argumentó en diciembre que pensaba que la política de apertura con la isla ofrece las mejores perspectivas para conducir a una mayor libertad y mayor autodeterminación por parte del pueblo cubano, dice el especialista en temas cubanos, e insiste que este razonamiento ha sido repetido por funcionarios de la Administración en cada oportunidad desde entonces, junto con la esperanza de que el nuevo enfoque de Washington permita reclutar aliados europeos y latinoamericanos para impulsar en La Habana una agenda favorable a los Derechos Humanos y la democracia.

Uno de los factores clave que llevaron a la apertura con Cuba fue la oposición casi universal de los aliados de Estados Unidos a la vieja política de Washington de hostilidad y rechazo económico al régimen militar de los Castro, recuerda LeoGrande.

En 1996, la Unión Europea adoptó la Posición Común sobre Cuba, por lo que las relaciones normales con la isla estaban condicionadas a reformas democráticas. Pero los miembros de la UE se saltaron sus propios condicionamientos y restablecieron gradualmente las relaciones diplomáticas y económicas con la dictadura, y el año pasado la UE comenzó las conversaciones con La Habana para sustituir la Posición Común con nuevos acuerdos de cooperación económica y política.

El investigador afirma que la oposición a la política de Estados Unidos ha paralizado los esfuerzos de Washington para asegurar la cooperación internacional en materia de Derechos Humanos en Cuba, a pesar de que los aliados de Estados Unidos supuestamente comparten el deseo de ver a Cuba evolucionar hacia un sistema más abierto y democrático. Y cita a Roberta Jacobson secretaria adjunta para Asuntos del Hemisferio Occidental, cuando afirmó: "nuestro enfoque anterior... Nos aísla de nuestros socios democráticos en este hemisferio y en todo el mundo".

Con el advenimiento de una política de compromiso de promover una gradual evolución pacífica en Cuba, la estrategia de Estados Unidos es ahora mucho más en consonancia con la de Europa y América Latina, donde los elogios para el nuevo enfoque fueron efusivos y casi unánimes.

Diplomáticos del Departamento de Estado esperan, dicen, tener un tiempo más fácil para reclutar aliados en los esfuerzos para crear un entorno internacional que fomente un cambio político positivo en Cuba.

"Vamos a ser capaces de generar más presión internacional sobre el Gobierno cubano como resultado de esta política," aseguró Tom Malinowski, el secretario de Estado adjunto para Democracia, Derechos Humanos y Trabajo, ante un comité del Senado a principios de febrero.

Pero incluso si Estados Unidos tiene éxito en reunir una amplia coalición de países para coordinar la política de Derechos Humanos con respecto a Cuba, ¿Es probable que eso sea eficaz? Los esfuerzos anteriores para presionar a Cuba a hacer concesiones políticas como condición de la cooperación internacional han sido un fracaso espectacular.

Ni palos de Washington ni zanahorias de Europa han inducido a la dictadura de Cuba a ceder terreno en su política interna. Cuba considera que ese tipo de condicionalidad como una injerencia en sus asuntos internos y una afrenta a su soberanía.

Con los años, Cuba ha aceptado también ciertos pactos internacionales de Derechos Humanos y políticos, que nunca ha cumplido. Los funcionarios estadounidenses se apresuran a señalar ingenuamente que los funcionarios cubanos ya no pueden fácilmente reclamar que las limitaciones a las libertades políticas se justifican por la amenaza planteada por Washington.

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