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La mentira como proyección social en el cubano


La manipulación del metro contador eléctrico es una forma de fraude extendida en Cuba.

La mentira estratégica para alcanzar lo que se desea acompaña a los cubanos. Es como un vicio, una dependencia difícil de abandonar.

La mentira se ha instaurado en la vida cotidiana del cubano medio como vía de supervivencia; sin contar la parte que corresponde a quienes se han mantenido en el poder durante más de cinco décadas, los que han "adormecido" al pueblo con promesas que al final, no son más que burdos señuelos.

Una sesión de corte social de la revista que pasa de lunes a sábados de 6:30 a 8:30 a.m. por el canal Tele Rebelde trató el lunes 17 de noviembre la mentira e invitó a una psicóloga que amplió sobre la temática, además de presentar un reportaje que incluyó las opiniones de cubanos de diferentes provincias.

Unos con miedo, otros tratando de ser lo más éticos posibles dieron en general el criterio de que hay situaciones en las que las personas dicen una mentira para "suavizar" la ocurrencia de algo desagradable como puede ser, mentir a un enfermo que padece una enfermedad terminal.

Otros hablaron con claridad y expusieron cómo muchos cubanos se deciden a mentir para obtener un mejor trabajo o para no ser marginados dentro de un grupo social que puede existir en su centro de trabajo o estudios.

En una época de grandes carencias como la actual, sobresalen los que tienen posibilidades económicas por encima de la media. A ellos tratan de parecerse los que se acostumbran a vivir de la mentira y se acercan a los que pueden ayudarlos a salir de la pobreza en la que viven.

Otros mienten si no les conviene que los demás sepan que tienen un familiar de otra raza, un presidiario, un homosexual, y así cualquier cualidad que empañe su ego, dentro de un círculo de provecho para escalar y llegar a la posición ansiada.

El fraude escolar no se manifiesta sólo en el robo y venta de exámenes.
El fraude escolar no se manifiesta sólo en el robo y venta de exámenes.

En la escuela, se establece una especie de cofradía en la que intervienen alumnos y padres. Entre los tres subgrupos se fortalece la alianza de fraude cuando el estudiante recibe una puntuación que puede ser de sobresaliente y nada hizo, porque la familia realizó parte, o la totalidad del trabajo a entregar en la escuela.

Hay maestros y profesores con profesionalidad suficiente para desarrollar el proceso docente educativo con la calidad requerida, mientras otros viven de la mentira, cuando van consolidando unidades de contenido y apenas las imparten en clases; en apariencia, las vencen pero en la realidad lo que hacen es asignar los nuevos contenidos de tarea, otra mentira más relacionada con el tema escolar.

A diario, las mentiras llueven; y cuando hay que decirlas delante de los niños las consecuencias son desafortunadas, además de convertirse en un mal ejemplo a seguir. Refuerzan en ellos actitudes egoístas como las de negarse a cooperar, prestar algo que se les solicita y llegan al clímax cuando denotan falta de escrúpulos, como las ligadas a la presentación de certificados médicos, para huir de asignaturas como la educación física, el servicio militar, o justificar inasistencias a clases o al trabajo, cuando se persigue pasar unos días de ocio.

Hasta cuándo y a dónde va a llegar el pueblo que no solo vive aquí, sino que llega de visita o como residente permanente a otras naciones y, la mentira es para estas personas como un vicio, una dependencia difícil de abandonar.

¿Quién tiene la culpa de que la mentira haya llegado a un lugar cimero en la vida del cubano? Por supuesto que el propio pueblo no lo es. Mucho menos el bloqueo económico. La respuesta es por todos sabida.

La mentira en Cuba es una cuestión que compromete de por sí la integridad de la sociedad en su conjunto. La mentira estratégica para alcanzar lo que se desea acompaña a los cubanos en una especie de círculo vicioso del cual ya es muy difícil salir.

(Publicado originalmente en Misceláneas de Cuba el 18/11/2014).

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