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Mochila vs paquete: el Estado contraataca


Como antídoto del "paquete" de audiovisuales digitales el Estado cubano promociona el "maletín" o la "mochila" (14ymedio).

La "mochila" es el antídoto oficial contra el "paquete" o combo semanal de audiovisuales ofertado por los privados. Pero el éxito arrollador de la oferta underground evidencia que el Estado ya no encuentra público.

"Todavía no tenemos mucho", confiesa el empleado de un Joven Club en el Cerro. La sala que él administra, equipada con una decena de computadoras –algunas rotas–, es difícil de hallar aun cuando está en una zona céntrica de La Habana.

Según la prensa oficial, cada municipio de la capital dispone de al menos uno de estos locales del Estado para copiar los contenidos de algo llamado "mi mochila", compendio de materiales digitales que a la entrada de este apartado lugar se anuncia también como "mi maletín".

Al abrir la mochila, aparece una estridente página de inicio con botones de colores para filmes, series, juegos... Cada uno remite directamente a una carpeta casi vacía, muy diferente de las abundantes opciones de entretenimiento o utilitarias que ofrece el combo semanal clandestino.

No obstante, nuestro empleado de la sala de computación dice que "el mes que viene sí tendremos bastante, casi lo mismo que está circulando por la calle". Al terminar esta frase, un apagón obliga a los pocos usuarios de la sala a marcharse.

Los cubanos esperan con impaciencia el paquete clandestino de películas, series de TV, deportes, juegos y música, que se vende en ‘pendrives’ cada semana
Los cubanos esperan con impaciencia el paquete clandestino de películas, series de TV, deportes, juegos y música, que se vende en ‘pendrives’ cada semana

La "calle" no es otra cosa que el ya mencionado combo semanal. Aarón, un estudiante de tecnológico, trabaja desde hace meses como mensajero de lo que también se conoce como el paquete. Asegura que su nutrida clientela no ha disminuido aunque el Estado ahora intente hacerle competencia. Su disco duro externo de dos terabytes es un popurrí que trae lo mismo clásicos del cine que un noticiero de Miami.

Hace pocos días, autoridades del sector declararon públicamente que las salas de computación comenzarán a cobrar sus servicios. En un extenso reportaje de Juventud Rebelde se califica la medida como "a tono con los nuevos escenarios del país". Entre algunas ofertas que estrenan los Joven Club de esta nueva modalidad no subsidiada se habla de "mi mochila", si bien esta última todavía es gratuita por encontrarse "en fase experimental".

Desde hace meses, el paquete o combo semanal circula de manera ilegal e incontrolable entre un creciente número de ciudadanos. Se puede apostar que, de contabilizarse al estilo de un programa de televisión o sitio web, este canal alternativo habría roto récords de audiencia. El fenómeno es lo más cercano al streaming en un país desconectado de la red.

El Gobierno, paralelamente, ha venido librando batalla contra este sigiloso enemigo mediático. Los ataques oficiales van dirigidos en principio al contenido banal de muchos programas incluidos en la compilación.

La mayor preocupación de las autoridades, sin embargo, es que este material no puede ser sometido a la censura, porque va de mano en mano. Constituye el remedio que han hallado los consumidores para el agotamiento que proyecta una televisión nacional de mensajes supuestamente más elevados. "Hace diez años", recuerda una recién graduada de Historia del Arte, "tenías que ver la propaganda ideológica que ponían entre programa y programa. Ahora mucha más gente tiene DVD o computadora. Es muy distinto".

El Gobierno se reunió recientemente con los artistas para tratar, entre otras cosas, del impacto del "paquete" en la vida cultural de la nación. Que el fenómeno haya surgido significa que el monopolio estatal sobre la información se ha perdido definitivamente, y que le dediquen tanto tiempo de análisis quiere decir que les preocupa.

La mochila es el antídoto oficial contra el "veneno que le están metiendo en la cabeza" fundamentalmente a los jóvenes. Este remedo del paquete es una versión más acorde con los intereses de la nomenklatura. Sin embargo, el éxito arrollador de la oferta underground evidencia que el bombardeo ideológico del Estado cubano, con sus enormes recursos, ya no encuentra público.

Las desventajas del compendio legal frente a los materiales callejeros son varias y grandes. Está demostrada la curiosidad de la gente por la información prohibida que la mochila, presumiblemente, no contendrá. Tampoco se ha especificado si los Joven Club contarán con mensajeros, como los que posee la red ilegal.

Dicen que si no puedes vencer a tu enemigo, lo más sabio es pactar una alianza con él. O mejor aún, imitarlo. Eso está haciendo el Estado con "mi mochila". Lo que parece en principio una guerra abierta se está dando, por otro lado, como una asimilación disimulada.

Por ejemplo, no es un secreto que las películas de estreno que pasan por televisión son sacadas del mismo paquete. ¿De dónde si no? Y nadie se cree que el Gobierno cubano pague derechos a los productores de audiovisuales o de software extranjeros, fundamentalmente norteamericanos, por el contenido incluido en la mochila.

La distribución y exhibición pública de material que posee derechos de autor sin consentimiento de los propietarios es ilegal. Se le conoce comúnmente como piratería. Sin embargo, Cuba tiene una interpretación muy sesgada de la ley: la ilegalidad sólo es penada cuando afecta los intereses del Estado.

En su intento de captar público, las autoridades se permiten ciertas salvedades y recurren a métodos oscuros. El Gobierno cubano viola los acuerdos internacionales de derecho de autor desde hace muchísimos años, pero ahora ha dado un paso más al agregar otra variante en la piratería.

Mientras escribo estas líneas, ya voy pensando en la película que quiero ver hoy. Quizá termine otra temporada de mi serie favorita. Como todos mis amigos, tengo una carpeta con lo último que me trajo el mensajero del paquete, quien también visita a varios de mis vecinos.

Cuando en la noche acabe el capítulo de la novela brasileña –un espacio neutral que no pierde espectadores pese a todo–, los televisores del barrio se descolgarán del monopolio estatal y, entonces, cada uno irá por libre, con su sonido propio y su programa preferido.

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