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Retóricas de Mariela Castro en el CENESEX y la Asamblea del Poder Popular


Mariela Castro como candidata a diputada a la Asamblea del Poder Popular.

Un cubano se puede casar con una persona de su mismo sexo en cualquiera de los países donde el matrimonio homosexual es aprobado por ley; pero dichos matrimonios no surten efecto en la isla porque la legislación nacional aún no lo reconoce.

Gracias a una cuasi épica labor en pos del reconocimiento y el respeto a las diferencias, el Centro Nacional de Educación Sexual, manipulador y creativo, consigue capitalizar a su favor, gran parte de la comunidad LGBTIQ (lesbianas, gays, bisexuales, transgénero, intersexuales y queers) cubana.

Es un hecho, bajo su amparo nacieron las operaciones de readecuación genital, jornadas contra la homofobia, el turismo gay incrementa el producto interno bruto, proliferan las celebraciones de casamientos simbólicos entre homosexuales, se plantea un nuevo Código de Familia que recoja las uniones legales, y surgen espacios gay friendly como el hostal Casa Aleido, la noche gay en el Cabaret Las Vegas, el Cine Club Diferente, el proyecto Divino del Café Cantante en el Teatro Nacional, el Fashion Bar Habana, la disco Escaleras al Cielo, las fiestas swingler en el Club Amanecer de Línea, el Café Bar Madrigal, Café Fortuna, Bar Bohemio y muchos más.

Pero claro, sabiendo que la mentira es la única lengua que maneja con ventaja el gobierno revolucionario, me cuesta trabajo creer en una organización que quiere, a la vez, ser parte de la sociedad civil y de la estructura estatal. Me refugio en el principio que mi profesor de Derecho penal repetía hasta el cansancio “Toda evidencia tienen varias interpretaciones, y una lectura equivocada nos puede llevar a conclusiones erradas”.

Si todo esto es tan real, por qué entonces, el punto principal, el matrimonio entre personas del mismo sexo – pese a toda la influencia política, y al apoyo de las instituciones y medios oficiales que por razones más que obvias recibe hoy el CENESEX – no llega a ser tema de interés para discutir en la Asamblea Nacional.

La conocida institución docente e investigativa en el área de la sexualidad humana, no quiere cruzar la frontera que separa el “brindar un apoyo”, con promover cambios legislativos reales que permitan enfrentar con severidad legal los continuos actos de segregación social e incluso de violencia policial a la que son sometidos los miembros de esa comunidad.

¿Por qué – por solo citar un ejemplo - si el índice de envejecimiento poblacional en la isla es tan elevado y - según cifras oficiales – asciende al 19 % de personas con 60 años o más, y se estima que para el 2025 alcance un 30 %; el Centro Nacional de Educación Sexual no ha hecho nada por desarrollar un proyecto de ley que proteja la vejez de LGBTIQ?

El mundo está cambiando al respecto, y ya era hora; un cubano (en genérico) se puede casar con una persona de su mismo sexo en cualquiera de los países donde el matrimonio homosexual es aprobado por ley; pero dichos matrimonios no surten efecto en la isla porque la legislación nacional aún no lo reconoce.

Como indicio, uno más, del constante salidero informativo dentro de la cúpula gobernante, y de su poca transparencia, me enteré, por debajo del tapete, que a espaldas de los parlamentarios cubanos se está revisando la Constitución. Esperemos que entre las enmiendas que estudian tan selecto grupo de abogados, sociólogos y funcionarios, se encuentre –entre otros - el artículo 36 (El matrimonio es la unión voluntariamente concertada de un hombre y una mujer…) porque sin modificar este, impulsar una unión conyugal (distinta a la que dicta la Constitución) en el nuevo Código de Familia, es, además de anticonstitucional, una manera muy vulgar de jugar con la ley y la desigualdad.

Queda claro, que pese a toda su campaña de parranda y mercadeo, la conocida ONG dirigida por la Dra. Mariela Castro, está mucho más centrada en conseguir financiamiento, comprar credibilidad y garantizar futuro, que en cumplir sus compromisos para con una minoría que sufre como ninguna la marginación social y estatal, y para ella y su querido papá no deja de ser simplemente un buen negocio.

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    Juan Juan Almeida

    Licenciado en Ciencias Penales. Analista, escritor. Fue premiado en un concurso de cuentos cortos en Argentina. En el año 2009 publica “Memorias de un guerrillero desconocido cubano”, novela testimonio donde satiriza  la decadencia de la élite del poder en Cuba.

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