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Cuba mantiene en suspenso venta de leche para enfermos


Venta de leche racionada Cuba

En Cuba hay un millón 145 mil personas inscritas en la libreta de racionamiento, que pueden comprar un kilogramo mensual de leche en polvo, según las diferente dolencias que padecen, y que requieren el consumo de ese alimento.

Todo parece indicar que la “fórmula láctea” que comenzó a venderse a principios de año como sustituto provisional de la dieta médica de leche en polvo para enfermos y embarazadas, llegó para quedarse. Al menos un poco más de lo anunciado.

Durante la última sesión de la Asamblea Nacional, celebrada el pasado mes de diciembre, la viceministra del Ministerio de Comercio Interior, Bárbara Acosta, anunció que la venta de leche en polvo sería sustituida durante los dos primeros meses de 2014 por un “sucedáneo lácteo”, debido a un “sobreconsumo que tuvo el país en la leche importada” y prometió que “la medida no se extenderá más de lo anunciado”.

En Cuba hay un millón 145 mil personas inscritas en la libreta de racionamiento, que pueden comprar un kilogramo mensual de leche en polvo, según las diferente dolencias que padecen, y que requieren el consumo de ese alimento, de acuerdo con cifras oficiales.

Dos cosas no aclaró nunca Acosta: ¿En qué consiste realmente esa fórmula láctea y por qué se produjo el sobreconsumo de leche en polvo importada?

Lo primero todavía no ha recibido una respuesta aclaratoria de las autoridades, quienes se han limitado a explicar cómo se prepara esa fórmula láctea que, por cierto, supone una compleja elaboración con medidas exactas de ebullición y peso del producto.

El “sobreconsumo” de leche en polvo, que superó los recursos de importación disponibles en el país, tiene una explicación económica con implicaciones políticas.

Dicho en pocas palabras, la promesa del gobernante Raúl Castro del vaso de leche fresca, hecha hace ya casi ocho años todavía no llega a materializarse.

La producción de leche fresca el pasado año apenas superó los 500 millones de litros según los datos publicados por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) de Cuba y se estima que el consumo anual de ese alimento es 1,800 millones de litros.

Cuba importa cada año unas 31 mil toneladas de leche entera (LE) y 9,500 de leche descremada (LD) para lo cual tiene que gastar aproximadamente unos $154 millones de dólares, teniendo en cuenta que la tonelada de leche entera cuesta $3,914, y la de leche descremada $3,421 a precios de fines del pasado año.

Esas son las razones que se guardó de decir la funcionaria de Comercio Interior a los “parlamentarios”, al menos lo que se publicó en la prensa oficial.

Por lo pronto, los funcionarios gubernamentales siguen hablando en clave cuando se refieren al tema de los incumplimientos en la producción lechera. Las culpas comienzan a recaer sobre los “productores” y el sistema de acopio de leche fresca, que se queda en el camino o en las cantinas que no llegan a los centros de distribución.

Dentro de ese contexto se expresó el viceministro primero del Ministerio de Agricultura, Julio García, cuando les explicó a los diputados cubanos los planes para el 2014.

“En el primer semestre de 2014 se concluirá, de conjunto con la Industria Láctea, la organización del enrutamiento del acopio de leche, a partir de terminar la creación de los puntos de acopio de leche refrigerada”
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