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El estado creó diversos servidores para salud pública, educación, cultura, deportes, radiodifusión y demás actividades imposibles de vivir sin la Web, pero advirtiendo de ciertas normas, evidentes en un país de corte comunista totalitario

Nunca olvido el rostro aterrorizado de mi vecina, paralizada por el miedo, cuando supo que yo era periodista independiente, después de usar con su autorización, su email, servidor Infomed del Ministerio de Salud Pública, para comunicarme con mi familia en los Estados Unidos. Fue el primero y el último por esa vía, a pesar de asegurarle que yo respondía con mi nombre y dos apellidos si alguien la importunaba.

Molesta, a pesar de largos años de amistad, replicó con el temor de perder aquel correo electrónico en casa, conexión cómoda con su hija en España, además, me dijo, podía recibir la indeseada visita de los agentes de la Seguridad del Estado porque “ella sabía que los mensajes eran depositados en un buzón antes de ser enviados a su destino, con el objetivo de chequearlos.”

Aún es cierto y al parecer lo será durante mucho tiempo. El estado creó diversos servidores para la salud pública, la educación, la cultura, los deportes, la radiodifusión y demás actividades imposibles de vivir sin la Web, pero advirtiendo a sus clientes de ciertas normas, evidentes en un país de corte comunista totalitario, determinadas a impedir la libre expresión de ideas contrarias al sistema imperante.

Se dice que existen programas, software, capaces de alertar a las autoridades, con sólo leer palabras reiteradas, como Castro, Partido Comunista, Revolución, en fin, claves que detectan si el mensaje es político. Además, en cada centro de trabajo hay informantes listos para advertir a los vigilantes competentes del “mal uso de los servicios Web”.

Otro caso es Correodecuba, un servidor pagado en moneda convertible, equivalente a dólares USA. Las oficinas públicas cobran 1.50 la hora, con teclados borrosos, sin derecho a descargar los mensajes de forma directa por el usuario, tampoco enviar archivos, menos aún navegar en Internet. ¡Vaya! Que te permiten decirle a tu familiar o amigo, ¡Hola! ¿Cómo estás? Por favor, manda dinero que aquí la cosa está que arde, pero nada de libre intercambio informativo.

Ahora abrieron Internet, dicen que es libre, pero cuesta 4.50 Convertibles la hora, cifra suficiente para asustar a cualquier cubano. Aun así, páginas consideradas subversivas como Misceláneas de Cuba, Cubanet y Revolico.com están bloqueadas. Lo bueno es que entre nosotros, acostumbrados a burlar la ley, conocemos vías para conectarnos con tales sitios prohibidos.

En su afán por mostrar un rostro democrático respecto a las redes informáticas, tenemos un bloquerespacio propio, claro, acceder a esta opción implica previa identificación total con los postulados ideológicos y políticos del actual gobierno. Un blog establecido de forma independiente, ni pensarlo, no pierda Ud. su tiempo en hacerlo, será inmediatamente visitado y amenazado por la CI (contrainteligencia).

Un asunto de marca mayor es obtener la autorización para anclar en casa un servidor Email, la gloria es Internet directo; cualquiera de las conexiones antes dichas costará Pesos Convertibles “extra” por la simple conexión y posterior permanencia, siempre advirtiendo al usuario de las complicaciones derivadas al usar el servicio con fines considerados en Cuba como políticos.

Páginas bloqueadas; chequeo directo y mediante software de la información enviada; precios impagables que obligan a ser breves en los contenidos; limitaciones en cuanto al empleo de las aplicaciones comunes a estos programas; y sobre todo el temor a una represalia por utilizar el correo electrónico más allá de lo estrictamente familiar, definen el panorama cubano en la Web.

Si de espionaje se trata, estamos peor que los norteamericanos y los europeos, quejándose de la NSA o la CIA. Al menos allá no hay miedo a la denuncia, derecho refrendado por la constitución, en cuanto a la capacidad de los ciudadanos de expresarse con libertad.

Cuba es otra cosa. Miedo de las personas a las muchas maneras en que se manifiesta la represión y terror de la burocracia estatal ante la posibilidad de que la gente venza sus temores y se decida a cambiar la triste realidad de sus vidas.

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