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Indetenible en Holguín la fiebre del oro


En Holguín improvisados "topos" pasan semanas agujereando la tierra en busca de pepitas, o al menos un "piojillo" de oro.

Pico y pala en mano, improvisados mineros pasan semanas agujereando la tierra en busca de una pepita, o al menos un "piojillo" del metal precioso ¿Afán de lucro o necesidad?

Las autoridades de la provincia cubana de Holguín, principal polo de la minería en la isla, despliegan una ofensiva contra la fiebre del oro por cuenta propia que se extiende por la demarcación, en la que improvisados topos, “pico y pala en mano, han abierto huecos por doquier en busca de un pedacito de oro que llene de resplandor sus bolsillos”, según reporta el diario oficialista de la provincia, Ahora.

El cotidiano alerta que “lo que en un inicio se convirtió en prácticas intermitentes en la vieja mina de la comunidad de Aguas Claras, municipio cabecera, se ha extendido hasta localidades de Moa, ‘Rafael Freyre’ y Báguano”.

Lamenta asimismo el daño ambiental que está provocando a aguas y tierras de la comarca la frenética búsqueda, que convoca incluso a residentes en otras provincias:

En las cercanías del río Calentura han talado indiscriminadamente árboles para construir campamentos provisionales. Allí cocinan sus alimentos y duermen durante las semanas de estadía. No todos son holguineros, pues hay ‘visitantes’ de Guantánamo y Santiago de Cuba. También, aunque resulte alarmante, hay mujeres y menores de edad.

Precisa la publicación que “la comunidad de Tres Fiebres, ubicada en las montañas moenses, parece un cráter dentro de ese paraíso natural que es el Parque Nacional Alejando de Humboldt”.

La alarma roja sobre el daño al medio ambiente resulta irónica, considerando que los mayores daños ambientales al territorio los ha ocasionado la industria del níquel administrada por el Estado, o donde éste tiene el control mayoritario de las acciones, como en el caso de las empresas mixtas con la corporación canadiense Sherritt.

Este paisaje marciano no es obra de buscadores de oro, sino de la industria del níquel en Moa.
Este paisaje marciano no es obra de buscadores de oro, sino de la industria del níquel en Moa.

El geógrafo y ambientalista cubano exiliado Eudel Cepero ha denunciado que al menos 1,350 hectáreas de aguas costeras en el municipio holguinero de Moa "registran altos niveles de contaminación debido a las actividades de la industria del níquel en la zona y a la eliminación de desechos tóxicos y residuales que son indiscriminadamente vertidos en los ríos".

Por otra parte, Ahora tilda de “sobrecalenturados” a los buscadores de oro, y dice que “el estado ‘febril’ que los aqueja ha quemado sus pocas neuronas racionales”.

Se esfuerza asimismo por desalentar la práctica:

El oro se encuentra siempre en cantidades muy pequeñas y su extracción se torna complicada. Para separarlo se utilizan sustancias muy peligrosas, como mercurio y cianuro de sodio, cuyo manejo irresponsable en las cercanías de los ríos puede generar daños irreparables al ecosistema y a la salud humana. Por supuesto, dichos componentes químicos no llegan a sus manos por arte de magia, sino son ‘gestionados’ a través de entidades estatales.

En un reportaje dedicado al tema, publicado en agosto pasado en el diario digital independiente 14ymedio, su directora, Yoani Sánchez, describía la operación:

Los mineros furtivos han creado con pocos recursos sus propios instrumentos de trabajo. Entre los más importantes, está el “carro”, un cernidor con un trozo de goma donde se deposita el lodo que cae después en la malla. Es un trabajo en equipo, al menos se necesitan tres hombres fuertes. Mientras dos sacuden el tamiz, el otro echa agua sobre el fango recogido en las excavaciones. ‘Entonces queda el oro en polvillo, en partículas o como una especie de cascarilla de chícharo, aunque también puede estar en pepitas’, refiere Fernando Ramón Rodríguez Vargas quien vive en Levisa, municipio Mayarí, y se ha dedicado por años a la búsqueda del preciado metal.

Esperan a que haya algo de brisa para empezar a fundir. Uno trae un poco de mercurio. Lo colocan en un crisol y le aplican calor. Emite un gas venenoso y los hombres se paran a favor del viento para no respirar el humo. Es un proceso peligroso, pero casi mágico. En el fondo de la vasija reluce el oro ya fundido. Cada gramo de 24 quilates lo venderán a un precio que oscila entre 25 y 27 pesos convertibles.

El diario provincial de Holguín recuerda que la minería ilegal “viola la Ley 81 del Medio Ambiente, que exige la posesión de una licencia ambiental para cualquier actividad susceptible de producir efectos significativos sobre el entorno. También la Ley de Minas, varias normas cubanas por la explotación del suelo y áreas protegidas, así como el Decreto-ley sobre la protección de la biodiversidad”.

La nota señala que el Ministerio del Interior “ha desempeñado un rol fundamental en la prevención y enfrentamiento de la minería ilegal de oro".

Las joyas han vuelto a tener valor hipotecario en Cuba.
Las joyas han vuelto a tener valor hipotecario en Cuba.

En otro reportaje, fechado en Holguín en noviembre de 2011, nuestro colega Luis Felipe Rojas identificaba en la zona un floreciente negocio itinerante de compraventa de joyas o chatarra de oro, plata y piedras preciosas, y lo vinculaba con que “en la relación de actividades autorizadas para el ejercicio del trabajo por cuenta propia, el acápite 109 incluye al Reparador de artículos de joyería”. El gramo de oro de 10 kilates en chatarra se cotizaba entonces a 7 CUC.

El órgano provincial Ahora atribuye la fiebre del oro en la provincia a un afán de lucro. El reportaje de 14ymedio, en cambio, señalaba que “la zona de Rafael Freyre, en la provincia de Holguín, atrae cada año a cientos de personas que sueñan con una mina que los ayude a salir de sus estrecheces económicas”, y citaba en ese sentido al “más experimentado de los mineros furtivos: ‘Si me encuentro por lo menos un gramo, voy a terminar el techo de la casa’”.

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    Rolando Cartaya

    Rolando Cartaya (La Habana, 1952) Graduado de Periodismo, Universidad de La Habana 1976. Ha trabajado en la página cultural de Juventud Rebelde, la agencia UPI, el servicio Worldnet y como editor de las revistas “Newsweek”, “Discover” y “Motor Trend” en español. Ha traducido más de 20 libros para la editorial cristiana Thomas Nelson, Inc. Con Radio Martí desde 1989, ha sido editor, redactor, reportero, y director y guionista del programa “Sin Censores ni Censura”. Actualmente trabaja en martinoticias.com. Fue vicepresidente en la isla del Comité Cubano Pro Derechos Humanos.

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