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La dinastía de los Castro ensaya el poder en la Cumbre de Panamá


Tres generaciones de la familia Castro estuvieron presentes en la Cumbre de Panamá para la primera reunión de un gobernante cubano con el Presidente de Estados Unidos.

La tentación pudo más que el protocolo, ser parte de la VII Cumbre de las Américas, la primera para el Gobierno cubano, fue una experiencia que el hijo de Raúl Castro, Alejandro Castro Espín, no pudo dejar de pasar por alto.

Como en otras ocasiones, las tres generaciones de los Castro: abuelo, hijo y nieto comparten viaje al extranjero. El nieto va cuidando al abuelo y el hijo ayudando a su padre. Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto del gobernante cubano, estuvo en Panamá a inicios de la semana para visitar el Hotel Plaza Paitilla Inn., la instalación hotelera donde se hospeda la delegación cubana. Y juntos, abuelo y nieto, bajaron la escalerilla del avión en el aeropuerto Panamá Pacífico el jueves en la tarde.

El sábado, durante la primera reunión del padre de Alejandro Castro con el presidente Barack Obama, el coronel del Ministerio del Interior, cuyo cargo oficial nunca ha sido publicado en los medios oficiales de Cuba, aparecía sentado al lado del canciller Bruno Rodríguez Parilla.

Como en otras ocasiones, las tres generaciones de los Castro: abuelo, hijo y nieto comparten viaje al extranjero. El nieto va cuidando al abuelo y el hijo ayudando a su padre.
La delegación la componían el Canciller de la isla, el coronel del MININT y Josefina Vidal, directora del departamento de Estados Unidos en el Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX) de Cuba. La primera familia de Estados Unidos no se sienta en las mesas de negociaciones, ni con Cuba, ni con Francia, Nigeria o Australia. Y en Panamá nada de Michelle, ni Sacha ni Malia.

En las sesiones de trabajo del sábado, Alejandro y sus más cercanos colaboradores no pudieron pasar por alto la foto del momento. Se pasearon por el podio donde los mandatarios asistentes al evento hicieron la foto de grupo e individual cuando llegaban al evento. Una inmensa pared con el emblema oficial de la Cumbre detrás y repetido a todo lo largo y ancho. El coronel-hijo, a quien muchos analistas consideran que es el posible sustituto de su padre, no perdió oportunidad de la instantánea, con sonrisa amplia, y, de paso, llamaba uno a uno a sus subordinados para compartir la histórica foto.

El poder ya lo tiene la familia desde enero de 1959; y esta inclusión del hijo en la delegación, para la más importante reunión que ha tenido Raúl Castro desde que asumió el poder en julio del 2006, lanza de nuevo la interrogante: ¿Fue la Cumbre un ensayo de poder en Cuba para el futuro?

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    Álvaro Alba

    Historiador y periodista especializado en temas de Europa del Este y la ex Unión Soviética. Máster en Historia por la Universidad Estatal de Odesa, Ucrania. Premio Emmy 2017 (Emmy Award) en la categoría de Documental Histórico.

    Ha publicado en ABC, Diario de Las Américas, El Nuevo Herald, entre otros. Actualmente trabaja en MartiNoticias.com. Autor de Castro y Stalin, almas gemelas (2002); En la pupila del Kremlin (2011) y Rusia: la herencia del estalinismo (2012). Es Asociado Principal de Investigación (Senior Research Associate) del Centro de Estudios Cubanos (Cuban Studies Institute CSI) de Miami y miembro de la Asociación para Estudios Eslavos y del Este de Europa (ASEEES).

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