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Condonaciones inútiles


Billetes cubanos, CUP y CUC (i-d).

Negociar cambios estructurales, para evitar que la magnificencia internacional ahonde el saco sin fondo del castrismo, no significa mantener el embargo ni apostar por la guerra.

A veces, la generosidad económica produce efectos contrarios a los deseados. Un ejemplo claro son las condonaciones de deuda de algunos países al régimen de La Habana. El alivio financiero, a fin de cuentas, debería ser un poderoso instrumento para la reconstrucción, pero solo si los acreedores son capaces de medir correctamente el cómo y el cuándo.

¿Hasta qué punto el perdón de la deuda ayudaría a mejorar las condiciones de vida de los cubanos en este momento?

Si analizamos con perspectiva histórica la voracidad crediticia del castrismo, los préstamos han resultado inútiles en la consecución de una economía productiva. Y un factor externo reciente, la llegada al poder de Hugo Chávez en Venezuela, ya frenó las tímidas reformas de los primeros años 90.

¿Hasta qué punto el perdón de la deuda ayudaría a mejorar las condiciones de vida de los cubanos en este momento?

Ahora, tras la fiebre del 17 de diciembre, algunos gobiernos y organismos no parecen interesados en exigir reformas, a la par de quitas y condonaciones. Habitualmente, los acreedores demandan cambios económicos estructurales. Lejos de la beneficencia, buscan nuevos mercados, crear clase media y generar riqueza. Piensan en economías solventes que pidan nuevos préstamos y los devuelvan a tiempo. Ese proceso, si se hace ética y correctamente, es un buen camino hacia el desarrollo.

Pero, para entender hasta dónde las quitas incondicionales –y la fantasía– hacen daño a los cubanos, basta con revisar las palabras de Raúl Castro en el Consejo de Ministros del 30 de mayo pasado: "No tenemos por qué acelerar el paso, tenemos que cogerle el ritmo a los acontecimientos".

Hoy día, algunos empresarios, gobernantes, exiliados, disidentes y analistas aseguran que la clave de las reformas internas es "darlo todo a cambio de nada"; algo así como un fertilizante para los años venideros. Lo segundo parece fácil de vender, en tanto el futuro suele ser una entelequia. Nuestro peculiar ejército de tarotistas viene pronosticado el "cambio lento" desde 1989, sin que se haga la luz; pero, ¿cómo explican en 2015 el persistente reino de carretilleros y reparadores de sombrillas y el parón en el crecimiento de las cooperativas?

Negociar cambios estructurales, para evitar que la magnificencia internacional ahonde el saco sin fondo del castrismo, no significa mantener el embargo ni apostar por la guerra. Hay terreno intermedio. La eliminación de sanciones económicas es una decisión polémica y, a la vez, necesaria. Sin embargo, aún no es tiempo para indulgencias financieras, ni mucho menos para estímulos ciegos.

Primero, el país debería colocarse en un escenario mínimamente creíble, donde las condonaciones, los créditos, las inversiones y, en suma, el desarrollo, constituyan una posibilidad real para todos los cubanos.

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