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Por un foro democrático


Una pancarta da la bienvenida a los cerca de 300 delegados de partidos de izquierda de América Latina, Europa y Asia.

Los dirigentes del Foro, en el poder o en la oposición, se conducen en base a intereses compartidos y no abandonan a sus aliados ideológico.

La falta de una visión de conjunto con proyección hemisférica en el liderazgo democrático latinoamericano, resalta ante los logros de entidades como el Foro de Sao Paulo, que ha sido capaz, por encima de diferencias y contradicciones, instrumentar un sistema que planifica y coordina estrategias que tienen como único fin acceder al poder, conservarlo y tomar el control de otros países.

El Foro trabaja en aquello que los une y no en proyectos que pueda dividir a los países miembros. Trazan líneas de acción común y sobre esas bases desarrollan sus actividades.

Los dirigentes del Foro, en el poder o en la oposición, se conducen en base a intereses compartidos y no abandonan a sus aliados ideológicos, o a aquellos que sin saberlo, son potenciales compañeros de viaje. Por sus actos se aprecia que el Foro está muy lejos de ser una entidad académica que debate asuntos teóricos, todo lo contrario, es un aparato ideológico-político que ha demostrado estar comprometido en la conquista del poder y en su conservación, objetivos en lo que indudablemente ha cosechado éxitos.

Sin embargo a pesar de estar lejos de la Academia, el Foro prepara a sus miembros para que sean mejores contendientes políticos. En 1993 se aprobaron estrictas normativas para el funcionamiento de la organización. Recientemente acordó crear escuelas de Formación Política y se presentó un proyecto para constituir una Red de Fundaciones, Escuelas y Centros de Capacitación en los que formaran ideológicamente a sus militantes.

El foro incentiva todo lo que pueda favorecer la desestabilización en los países en los que existen gobiernos democráticos y por eso entre sus herramientas de lucha se encuentra la celebración de encuentros raciales en los que los intereses de las etnias reunidas están supeditados a las ventajas políticas que pueda obtener el organismo.

En los conclaves internacionales trabajan de común acuerdo. Esto ocurre en parlamentos hemisféricos como el Palatino o Parlacen, pero también en Naciones Unidas. En proyectos de aparente menor relevancia en la política internacional como un Premio Nobel de la Paz, la entidad hacen sus propuestas y respaldan a la personalidad que hayan seleccionado.

El Foro de Sao Paulo pretende influir en todos los procesos electorales que se producen en el hemisferio y muy en particular en los países en que se celebran elecciones generales y hay candidatos miembros de la organización. Un acuerdo relativo a esta intromisión es la decisión del Foro de hacer acto de presencia en Honduras durante los comicios presidenciales que se efectuaran en noviembre en ese país.

El Foro acordó efectuar un encuentro de parlamentarios, por supuesto, asociados a la entidad, en Honduras, un mes antes de las elecciones, a la vez que reafirmó su apoyo a las "fuerzas progresistas" hondureña y exigió para los comicios la presencia de observadores de UNASUR, una organización sobre la que los países miembros del foro tienen gran control. La organización de ese encuentro parlamentario estará a cargo del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) de Nicaragua y del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) de El Salvador.

Lamentablemente la América democrática no cuenta con una entidad que está capacitada, o al menos dispuesta, a rivalizar con el foro. América Latina necesita constituir un aparato político con visión continental que se manifieste en la Academia, Congresos, pero fundamentalmente en la "calle", en respaldo de opciones políticas nacionales que garanticen la libertad y la democracia.
La visión y practica internacionalista del Foro no tiene una entidad rival comprometida en la defensa de la democracia y las libertades políticas y económicas, proyectos que deberían ser los objetivos fundamentales del liderazgo democráticos no contaminados por el despotismo del Socialismo del Siglo XXI.

El dejar pasar y hacer a los enemigos de la democracia, aísla paulatinamente a sus genuinos defensores, si estos no son capaces de enfrentar los diferentes métodos que usan los que quieren globalizar el despotismo. Líderes democráticos como Álvaro Uribe, Vicente Fox, Sebastián Piñera, Oscar Arias, Juan Manuel Santos o Felipe Calderón, por solo mencionar unos cuantos, deben tomar conciencia del riego que corren sus países sino actúan en consecuencia contra los gobiernos que violentan de forma sistemática y permanente los derechos de sus ciudadanos.
Los demócratas no deben dudar que la defensa de la libertad y de los derechos del ciudadano es un compromiso transnacional. Hay que luchar unidos, porque la historia ha demostrado que cuando un país es controlado por la autocracia, la libertad de todos está en peligro.
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    Pedro Corzo

    Pedro Corzo, Santa Clara, 1943. Trabaja en Radio Martí desde 1998. Conferencista y escritor. Residió en Venezuela durante doce años y colaboró allí en varios medios de información.

    Es presentador del programa Opiniones de WLRN, Canal 17 y columnista de El Nuevo Herald. Ha producido varios documentales históricos entre ellos Zapata, Boitel y Los Sin Derechos.

    Entre sus libros se cuentan Cuba, Cronología, Perfiles del Poder, La Porfía de la Razón, Guevara Anatomía de un Mito,  Cuba, Desplazados y Pueblos Cautivos y El Espionaje Cubano en Estados Unidos. 

    En mayo del 2017 recibió la Medalla de la Libertad que otorga el gobernador del estado de la Florida.

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