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Mientras los americanos llegan, reparadores y "merolicos" dan servicio al cubano


"Aquí todo tiene reparación y a lo que está muy difícil se le pone un parche, se pega, se cose y se arregla", dice el zapatero Raúl Norguel.

Un ejército de ubicuos e ingeniosos "hágalo usted mismo" alarga la vida útil de autos, colchones, zapatos y hasta encendedores.

Con más de medio siglo de carencias materiales, los cubanos se han visto obligados a desarrollar el ingenio para alargar la vida de sus pocos bienes y para reparar equipos eléctricos y autos, a veces con décadas de uso, ante la imposibilidad de adquirir repuestos o renovarlos.

Los "reparadores" son ubicuos en las esquinas de las calles de la isla de gobierno comunista, ofreciéndose a componer artículos que van desde los pintorescos "almendrones" (autos americanos clásicos de los años 40 y 50) hasta paraguas, colchones y electrodomésticos.

A menudo, se instalan junto a vendedores de productos de limpieza, escobas y/o utensilios de cocina fabricados de manera artesanal, todos ellos mercancías difíciles de encontrar en la isla.

Entre las limitaciones derivadas del embargo estadounidense y la ineficiencia de las empresas estatales controladas por el Gobierno, ese ingenioso ejército de especialistas en el "hágalo usted mismo" es el que mantiene funcionando muchos bienes de consumo en la isla.

Los mecánicos sobresalen

Cansado de lidiar con los desperfectos de una pieza del motor de su viejo automóvil Buick, el mecánico Raúl López decidió construirla él mismo, abrazando la filosofía de que en Cuba "todo se remienda o se repara".

Cansado de lidiar con una pieza rota del motor de su viejo Buick, el mecánico Raúl López decidió construirla él mismo.
Cansado de lidiar con una pieza rota del motor de su viejo Buick, el mecánico Raúl López decidió construirla él mismo.

"Me vi en la obligación de empezar a inventar hasta que construí este árbol de levas, increíblemente. A veces yo mismo me creo que es mentira", dice a AFP López en su pequeño taller en La Habana mientras muestra la pieza nueva lista para ser acoplada al auto.

Mecánico empírico de 51 años, decidió "lanzarse a la aventura" de construir la pieza después de que una similar que importó desde Argentina sólo "duró una semana, pues tenía muy mala calidad".

En el ejército de "reparadores" sobresalen los mecánicos que, como López, mantienen rodando los autos estadounidenses de los años 50 ─muchos de los cuales sirven como taxis colectivos─, a pesar de que sus repuestos desaparecieron después de que Estados Unidos impuso el embargo en 1962.

"Es una filosofía del reciclaje que ha tenido que desarrollar el cubano y que nos ha dado una capacidad de sobrevivencia increíble", dice el artesano Fidel Rangel, de 65 años.

Con una Singer que "debía estar en un museo"

"Aquí todo tiene reparación y a lo que está muy difícil se le pone un parche, se pega, se cose y se arregla", dice a AFP el zapatero Raúl Norguel, de 40 años y cuyo taller, en el portal de una casona del barrio de El Vedado en la capital, es por sí mismo un ejemplo de conservación.

Además del oficio, Norguel heredó de su abuelo una máquina de coser Singer que él mantiene funcionando, aunque considera que "debía estar en un museo", porque "es del tiempo del capitalismo", es decir, de antes de la revolución de 1959. Posee también una lijadora artesanal que armó con un motor de una lavadora rusa Aurika. Estos motores también suelen ser usados para mover ventiladores y molinos en la isla.

Cerca del taller de Norguel, Serafín Ortiz, un ex cartero de 63 años, se gana la vida reparando y recargando fosforeras (encendedores) desechables, una práctica muy extendida en la isla.

Serafín Ortiz se gana la vida reparando y recargando encendedores desechables.
Serafín Ortiz se gana la vida reparando y recargando encendedores desechables.

"En otro país las botan cuando se les acaba el gas, aquí la perforamos por el fondo, la rellenamos y luego sellamos con un alfiler", indica Ortiz, subrayando que con esa "técnica la fosforera se vuelve eterna".

"Aquí la botas y cuando vas a la tienda no hay, y luego hay personas que no tienen el dinero para comprarse una cada vez", agrega Ortiz, al explicar por qué tiene "tantos clientes".

Su labor de "reparador-rellenador de fosforeras" es uno de los 200 oficios por "cuenta propia" autorizados por el Gobierno de Raúl Castro como parte de las reformas económicas, que han abierto un tímido espacio a la iniciativa privada.

Empoderar a los privados

En Cuba también hay reparadores de colchones, paraguas y cocinas, amoladores de tijeras y cuchillos, y fabricantes artesanales de escobas, cepillos y utensilios de aluminio y plástico (llamados "merolicos") y de productos de aseo y limpieza ("alquimistas").

Algunas de esas actividades aparecieron con la profunda crisis económica que se vivió en la isla tras la desintegración del bloque soviético en 1991.

Los "reparadores" esperan que el inicio del proceso de normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, tras medio siglo de enemistad, mejore su vida cotidiana, a través de una más amplia y más barata oferta de piezas, equipos y materias primas para su labor.

Sus expectativas parten de la promesa del presidente Barack Obama "de empoderar al naciente sector privado cubano", y de las regulaciones que Washington puso en vigor en enero para flexibilizar los viajes y el comercio entre ambos países, aunque el embargo sigue vigente.

"Hay evidentemente un propósito claro de facilitar la importación para el sector no estatal de la economía, ya sea cooperativas o trabajadores privados", dice a AFP el economista cubano Juan Triana.

El martes 24, martinoticias.com publicó una información titulada ¿Qué productos específicos SÍ pueden exportar a EEUU los comerciantes cubanos?

La relación de lo que podrán vender al país vecino los emprendedores privados, conforme a una de las medidas adoptadas por el presidente Obama para Cuba, incluye desde jabón y flores artificiales hasta cestas, cerámicas, confecciones, artículos de cuero, muebles y joyas.

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