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Buscando la Inmortalidad del Partido


Foto de archivo de la inauguración del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba el 16 de abril de 2011.

En teoría el gobierno estaba identificado con una ideología, pero su actuación se ha correspondido con los intereses de conservar el poder más que con la doctrina.

El régimen cubano nunca se institucionalizó y aunque por años la consigna “El Partido es Inmortal” fue omnipresente, la realidad es que el caudillismo de los hermanos Castro fue la columna vertebral de un sistema y de un entramado de intereses, que ha permitido la sobrevivencia del estado totalitario.

En teoría el gobierno estaba identificado con una ideología, pero su actuación se ha correspondido con los intereses de conservar el poder más que con la doctrina.

No obstante hay que reconocer que en los centros laborales y en cualquier instancia del gobierno, el Partido Comunista de Cuba cumplía un rol protagónico, porque los dos máximos conductores del Partido y en consecuencia del proceso, Fidel y Raúl Castro, eran los funcionarios más importantes de un gobierno que se suponía era designado por la jerarquía de esa organización política.

La dirección del PCC en cualquier instancia administrativa era de suma importancia. La troika del poder castrista supuestamente se sostenía en el núcleo del Partido, la Administración y los Sindicatos y como parte del Partido, el Comité de Base de la Unión de Jóvenes Comunistas.

El Partido y la Juventud han sido históricamente las canteras fundamentales de la administración pública, incluida las fuerzas armadas, servicio diplomático, cuerpos represivos y de inteligencia.

Poseer uno de estos carnés es, al menos en teoría, el testimonio del compromiso que ha contraído el individuo con el régimen, y en consecuencia, su disposición, a cumplir obedientemente todos los mandados que devengan de la jerarquía política.

Aspirar a una posición con este titulo de fidelidad doctrinal, le confiere al portador una ventaja sobre cualquier otro individuo con igual o mayor calificación.

En Cuba la constitución y los poderes públicos funcionan en base a la voluntad de la jerarquía. Hasta el presente nunca ha funcionado un estado de derecho, por lo que la conducción del gobierno responde a intereses, coyunturales o de largo plazo, pero no a los postulados éticos del pensamiento político proclamado.

El Partido ha sido un instrumento para educar en el respeto y obediencia absoluta, condimentado con la ideología oficial, a los hermanos Castro. La clave siempre ha sido la lealtad al proceso que ellos conducen, aunque las determinaciones del régimen en algún momento, como ha ocurrido en numerosas ocasiones, no se adecuen a la doctrina.

Pero si en las perspectivas del grupo gobernante se ha llegado a la conclusión de que el proceso de sucesión ha culminado exitosamente, es de suponer que los Castro, los amos del juego, busquen la manera de que el Partido Comunista de Cuba deje de ser una entelequia y asuma el rol de conductor de la nación que la carta magna le confiere.

En principio y de forma espontanea, los partidarios del nuevo régimen identificaron como en una trinidad al Estado, Fidel y la Revolución, después el Partido ocupó el lugar de la revolución, lo que no afectó a las otras entidades que continuaron vigentes, aunque en realidad todo el poder siempre estuvo centralizado en Fidel Castro.

El tiempo agotó las promesas, y la población, aunque en su mayoría no ha asumido el protagonismo que le corresponde, ha perdido la confianza en el régimen.

Al agotamiento del sistema hay que sumar la decrepitud de los jerarcas. Fidel Castro tuvo que abandonar la escena política, no por reconocimientos de los fracasos, sino porque su salud no podía seguir albergando su maldad.

Raúl Castro quizás mas observador y previsor que su hermano, se ha percatado que la corrupción y el desencanto de la nomenclatura esta corroyendo la dictadura, condición que puede generar la hecatombe para quienes han detentado un poder absoluto por mas de cinco décadas, por lo que tal vez en esta ocasión esté dispuesto a conceder protagonismo real a individuos que no tienen vínculos con la “épica revolucionaria”.

En consecuencia es de espera que si el Partido Comunista hasta el momento ha servido como un selecto club del cual salieron los funcionarios mas importantes del país con la divisa de servir a los Castro por encima de todo, ahora se transforme en una entidad comprometida en la formación de individuos con sentido de equipo y plenamente identificados en la comunidad de intereses, porque solo así podrán conservar el control sobre un pueblo que mas temprano que tarde, reclamara sus derechos de la manera que estime conveniente.

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