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Raúl Castro arremete contra cubanos que quieren enriquecerse


Raúl Castro saluda al concluir su discurso de clausura del segundo y último pleno de 2013 de la Asamblea Nacional de Cuba.

Sin embargo, era fácil de ver, en la lista de los profesiones aprobadas, que la reforma de Castro no era más que una broma de mal gusto.

Mary Anastasia O'Grady escribe en Wall Street Journal que esta es la época del año en que el mundo mira hacia adelante, no importa las decepciones del pasado, pero Raúl Castro, sosteniéndose en el pasado, se da el lujo de advertir a los cubanos que tienen la esperanza de crear riqueza en la nueva economía de reformas que no desperdicien su tiempo en eso. El Estado, dijo en un discurso reciente, tratará de impedir que ello suceda.

Fue hace sólo dos años que el Castro se jactó de un relajamiento de las reglas de la economía de propiedad estatal. Lo hizo bajo coacción: El gobierno comunista en bancarrota no podía seguir fingiendo que paga a las personas que a su vez fingen trabajar.

La dictadura declaró que tenía que sacar más de medio millón de cubanos de las nóminas estatales. Para aliviar el dolor y el potencial malestar social, Castro declaró unos 178 oficios legales.

Cierta crédula prensa extranjera se desmayó de emoción ante las palabras de Castro, como si él se estuviese preparando para admitir la derrota de 55 años de revolución comunista y dejar que el mercado se hiciera cargo. Sin embargo, era fácil de ver, en la lista de los profesiones aprobadas, que la reforma de Castro no era más que una broma de mal gusto.

El escritor cubano José Azel sutilmente señala lo absurdo de todo esto al nombrar a algunas de las profesiones recién legalizados en un artículo de opinión, también en Wall Street Journal: la 23 se refiere a la compra y venta de libros usados, la 29 a un asistente de baños públicos, la 34 a un podador de palmeras (al parecer otros árboles todavía serán podados por el Estado), la 49 al trabajo de cubrir botones con la tela, la 61 a un lustrador de zapatos, la 62 a la limpieza de las bujías, la 124 a la reparación de paraguas, la 156 al oficio de dandy (definición técnica desconocida , tal vez se refiera a un acompañante masculino), la 158 a pelar frutas naturales.

El régimen, sin duda espera que la lista de actividades aprobadas contendría arribistas ambiciosos que terminarían siendo ricos. No hubo suerte. La bocanada de oxígeno fue suficiente para despertar a los espíritus emprendedores de la isla y los planificadores centrales eran, como siempre lo son, sorprendidos por la espontaneidad del mercado.

Castro dijo ante la Asamblea que no se trata de dejar que "los empresarios privados vayan por ahí, creando un ambiente de impunidad y estimulando el competir excesivamente con las empresas del Estado, eso no será tolerado", advirtió. En otras palabras, la pobreza cubana está aquí para quedarse. Pero siempre hay un consuelo. En un mundo lleno de dinamismo e incertidumbre, ¿no es reconfortante saber que hay cosas que nunca cambian? Concluye Mary Anastasia O'Grady.

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