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¿Qué falta por recuperar? La parte de la memoria que habla de las atrocidades que el actual gobierno cometió en dicho emplazamiento.

En 1762, se produjo la toma de La Habana por los ingleses. La dominación británica duro solo diez meses; sin embargo, resultó ser tiempo más que suficiente para dejar un huella importante en lo que sería el devenir económico y político de Cuba.

Como resultado de la invasión, una vez recuperada la isla por los españoles, se llevaron a cabo infinidad de reformas y mejoras. Una de ellas fue el perfeccionamiento de sus defensas. De todas las fortalezas que se construyeron entonces: Atarés, El Príncipe, la Batería de Santa Clara, la reconstrucción y mejoras en el Morro; La Fortaleza de San Carlos de la Cabaña fue sin dudas la obra por antonomasia. Con 700 metros de largo y una extensión de diez hectáreas es la mayor de todas las fortalezas coloniales en el Nuevo Mundo. Dicen que en 1774, concluidas las obras, cuando informaron a Carlos III, entonces Rey de España de su coste: unos 14 millones de pesos, éste pidió un catalejo, porque tan costosa obra tenía que verse desde Madrid.

Terminada las obras, La Habana nunca jamás se vio amenazada y menos invadida por enemigo alguno. La fortaleza de San Carlos de la Cabaña se convirtió así en el principal baluarte defensivo de la Ciudad y alojamiento para las tropas de élite del ejército español destinado en la Isla. Durante el siglo XIX el auge de los movimientos independentistas forzó al gobierno colonial a convertirla en presidio. Fueron muchos los cubanos que pasaron por sus cárceles y así se mantuvo prácticamente hasta finales de los ochenta del siglo XX, cuando se llegó a un acuerdo entre el Ministerio de las Fuerzas Armadas (MINFAR) y la Oficina del Historiador de la Ciudad, para convertir el Centro penitenciario, en un atractivo centro cultural de la ciudad al que se le denominó: Parque Histórico – Militar Morro Cabaña.

El edificio de la Cabaña con toda su extensión debía tener varias funciones, así que el ala izquierda o terraza de San Antonio se destinó para un Museo de Armas y, el ala opuesta o terraza de San Agustín debía ser reconvertido en un Hotel Parador. Las obras de restauración estuvieron a cargo del arquitecto brasileño José Capello. En el Morro se previó un ambicioso museo dedicado a la Historia de la Navegación. Las Baterías de los Doce Apóstoles y la Divina Pastora se transformarían en restaurantes. Por ultimo dentro de la Cabaña, una pequeña construcción posterior a la etapa colonial donde estaban ubicadas las oficinas, se destinó al Museo de la Comandancia del Che, ya que fue ahí donde permaneció Ernesto Guevara a principios de la revolución cuando ejercía de Comandante y Juez Supremo de los Tribunales Revolucionarios.

Con las obras se recuperaba no solo un magnífico edificio sino también una parte importante de la historia de la Ciudad. El tradicional cañonazo de las nueve se convirtió en el principal atractivo turístico del complejo.

En el recorrido que realiza el visitante si las fuerzas le acompañan, se le lleva al Foso de los Laureles donde tantos hombres fueron ajusticiados. En la visita se hace alusión solo a los fusilados coloniales.

Es probable que la falta de presupuesto y las dificultades económicas del periodo especial y demás complejidades del propio sistema, obligaran a dejar muchos de los proyectos originales en el tintero. Sin embargo, en los últimos 15 años la Cabaña se ha convertido en un centro de referencia cultural, que acoge varias exposiciones artísticas, alguna que otra con polémica y desde hace varios años la Feria Internacional del Libro de La Habana. El balance general es positivo puesto que una siniestra prisión se ha convertido en un destacado Centro Cultural y se ha recuperado una parte importante de la memoria histórica.

¿Qué falta por recuperar? La parte de la memoria que habla de las atrocidades que el actual gobierno cometió en dicho emplazamiento. La Fortaleza de la Cabaña como Museo y Centro Cultural puede ser ideal para este primer paso.

En el recorrido que realiza el visitante si las fuerzas le acompañan, se le lleva al Foso de los Laureles donde tantos hombres fueron ajusticiados. En la visita se hace alusión solo a los fusilados coloniales. Se muestran los restos de metralla en la pared, pero siempre haciendo referencia a la etapa colonial. Hubo un proyecto para colocar una lápida en memoria del poeta Juan Clemente Zenea probablemente la víctima más destacada. Zenea fue apresado cuando viajaba en misión de paz con salvoconductos, uno del entonces Regente del Reino Joan Prim i Prats y otro del líder del levantamiento en armas Carlos Manuel de Céspedes. De poco le sirvieron, acusado de traición y conspiración fue fusilado en 1871 en el Foso de los Laureles. En reparación de su memoria se quiso sembrar un sauce y un ciprés junto a la lápida para recordar los versos del poeta cuando se quejaba:

No busques, volando inquieta,/mi tumba oscura y secreta./Golondrina, ¿no lo ves?/En la tumba del poeta/no hay un sauce ni un ciprés.

En efecto el Parque Histórico Militar Morro – Cabaña reúne todas las condiciones para ser un verdadero Centro Cultural por la recuperación de la memoria histórica.

Y todo parece previsto puesto que si algún turista español se sintiese ofendido por las atrocidades cometidas por sus antepasados; en La Cabaña es fácil compensarle mostrándole un pequeño monolito que probablemente es el único monumento en toda Cuba erigido en memoria del soldado español. Dicho monolito recuerda a los militares que perdieron la vida en Cárdenas peleando contra las tropas de Narciso López en 1850.

En efecto el Parque Histórico Militar Morro – Cabaña reúne todas las condiciones para ser un verdadero Centro Cultural por la recuperación de la memoria histórica. Solo son necesarios unos cuantos ajustes que permitan a los cubanos conocer la historia de la etapa post revolucionaria. Detalles tan elementales como que una cárcel con capacidad para 300 presos, en 1959 se vio desbordaba en cuestión de meses con casi mil reclusos; como se tuvo que reformar a marchas forzadas las Constitución del 40 que prohibía la pena de muerte excepto en los casos de traición milita, para poder fusilar en el mismo Foso de los Laureles, a cientos de personas con algún viso de legalidad. En definitiva si se quiere, en la Cabaña se puede dar voz a todas las víctimas de la historia reciente cubana.

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