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Cuando Fidel Castro quiso dinamitar la prisión de Isla de Pinos


Reclusorio Nacional de Isla de Pinos.

Comentaba el colega Pablo Alfonso que entre los muchos crímenes cometidos por la dictadura de los Castro se hace poca referencia a los explosivos que ese régimen colocó en los edificios circulares de la prisión de Isla de Pinos, obviándose la angustia y pesar, la tortura mental, que sufrieron miles de hombres que durmieron por 22 meses sobre colchones de TNT como los calificó Abel Nieves.

Vivían y dormían sobre miles de libras de explosivos, razón por la cual algunos presos enfermaron de los nervios y contrajeron trastornos sicológicos.

Dinamitar las circulares fue un crimen tan alevoso como cobarde según Raúl Martínez, conocido como “El Hierro”, por su entereza y coraje.

Desde su celda en la circular 2 vio los numerosos camiones que se acercaban a las circulares transportando cajas grandes y pesadas que eran depositadas en los sótanos de cada circular.

Recuerda que durante varios días los presos sufrieron el ruido ensordecedor de los taladros que perforaban el concreto en los sótanos para poner miles de libras de explosivos listos para ser detonados en caso de una eventual invasión estadounidense o por decisión del máximo caudillo.

En base a un cálculo hecho por José Lee, un preso de origen chino experto en explosivos, la cantidad rondaba las 28,000 libras que en caso de explotar podría por completo el Reclusorio y afectar seriamente la capital Nueva Gerona.

Nieves comenta que los carceleros abrieron huecos de 10 pulgadas de profundidad y 3 de diámetro, donde colocaban paquetes con iguales medidas en forma de tubo con una etiqueta que decía “Made in Canadá”.

Afirma Martínez que el terror no paralizó a los reclusos, que un grupo de ingenieros elaboró un plan para tratar de neutralizar los explosivos. El plan consistió en excavar un foso desde dentro de la circular que llegara a los sótanos donde estaba la mortal carga.

Se seleccionaron a varios presos para iniciar el trabajo y él fue uno de los designados. Debajo de una escalera de la planta baja comenzó la excavación del piso de concreto. La hicieron con barretas improvisadas con tubos de las camas plegables de las celdas, que a partir de esos días empezaron a llamarse “aviones”, porque el destino de todos si explotaba el TNT, sería volar como aviones en aquellas lonas encajadas en tubos.

“Se trabajaba por turnos todo el día. Cada recluso tenía una tarea de vigilancia, recolección de tierra o excavación. El ruido de la excavación era superado por la bulla estridente de los prisioneros. Los escombros eran sacados en baldes que los presos subían con sogas y poleas rudimentarias por entre los ductos amplios que pasaban por las celdas desde el primero hasta el quinto piso. Por el interior de los ductos de unos dos pies por dos pies, visibles en casi todas las celdas, pasaban las tuberías de agua. Estos ductos eran conocidos como “chavos” entre los presos”, relata “El Hierro” en un libro de Ramiro Gómez.

Abierto un hueco en la placa de cemento de la planta baja encontraron unos de los pilares del edificio por lo que tuvieron que cavar hacia un costado de la capa de tierra que separaba la primera planta del sótano.

Sacaban la tierra con las manos y herramientas improvisadas en un estrecho túnel en el que solo cabía una persona bien delgada. Los que realizaban ese agotador y arriesgado trabajo eran llamados “Topos”.

Las pruebas de este horrendo crimen las obtuvo Ricardo Vázquez cuando bajo a los túneles y tomó fotos de la dinamita con una cámara oculta que introdujo a presidio clandestinamente su hermana Guillermina. En ocasiones, recuerda Martínez, los Topos se quedaban sin aire, la solución fue crear equipos de fuelleros que operaban un fuelle hecho con pantalones que hacían llegar el aire hasta los excavadores, después de semanas de arduo trabajo llegaron a los explosivos y expertos desactivaron los detonadores.

Abel Nieve expresa que la guarnición siempre estaba vigilando, que cuando descubrían un túnel iniciaban la construcción de otro y que el último fue en la celda del líder estudiantil Pedro Luis Boitel, fallecido en 1972 tras una huelga de hambre.

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    Pedro Corzo

    Pedro Corzo, Santa Clara, 1943. Trabaja en Radio Martí desde 1998. Conferencista y escritor. Residió en Venezuela durante doce años y colaboró allí en varios medios de información.

    Es presentador del programa Opiniones de WLRN, Canal 17 y columnista de El Nuevo Herald. Ha producido varios documentales históricos entre ellos Zapata, Boitel y Los Sin Derechos.

    Entre sus libros se cuentan Cuba, Cronología, Perfiles del Poder, La Porfía de la Razón, Guevara Anatomía de un Mito,  Cuba, Desplazados y Pueblos Cautivos y El Espionaje Cubano en Estados Unidos. 

    En mayo del 2017 recibió la Medalla de la Libertad que otorga el gobernador del estado de la Florida.

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