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Corea del Norte: Post Comunismo Familiar


Kim Jong-un en una sesión plenaria del Comité Central del Partido único de los Trabajadores celebrado en Pyongyang, Corea del Norte.
Corea del Norte sigue encabezando la lista de países privados de libertad e incluso va en este terreno por delante de Cuba: en la lista internacional de la organización CASA DE LA LIBERTAD, la isla se sitúa con un 7 en la peor graduación de derechos civiles pero tan solo obtiene un 6 en cuanto a posibilidades económicas, mientras que el gobierno de Pyongyang consigue dos calificaciones mínimas, ambas con el número 7.

Esto no significa que la dinastía Kim que gobierna el país desde hace 69 años se siente fuerte, a pesar de sus bravuconadas y gestos militaristas que tratan de ocultar la sensación de amenaza que respiran.

En realidad, el poder de los Kim ha ido en descenso desde la fundación de la dinastía en 1944, por Kim Jon-Sung. Su hijo, Kim Jong Il, buscó refuerzos en la ideología política y se apoyó en un partido político único, que redujo el poder de los militares.

La operación no salió demasiado bien, porque la tercera generación Kim vió disminuido su poder personal ante la centralización de todo el gobierno en el partido que aún se llamaba comunista, lo cual impulsó a la familia a buscar nuevos apoyos en el ejército.

El escaso talento político del tercer Kim creó un vacío de poder ocupado rápidamente por sus tigos, Kim Kyong-hui y Jang Song-taek quienes todavía siguen tirando de los hilos gubernamentales que, en un país como Corea, significa el control de todo.

La pareja de tío consiste en la hermana menor del segundo de los Kim y su esposo. Si una es radical, otro defiende una apertura económica más que limitada y tiene la fuerza de representar a Pekín, el aliado indispensable, y casi único, de Corea del Norte.

Pero ni el tío ni la tía tienen las espaldas seguras, precisamente a causa de China: ni acepta el militarismo agresivo e Pyongyang, ni le parecen suficientes las reformas económicas. Es último es un punto importante, pues China ni quiere pagar constantemente las facturas de la mala administración norcoreana, ni quiere recibir millones de refugiados que tratan de huir de la hambruna que esta mala administración provoca.

Pero aunque no guste a la China, el militarismo es lo que ofrece a Kim Jong-un buenas posibilidades de afianzarse, pues es a gusto de los generales y le permite presentarse como un líder con grandes visiones militares y políticas.

Especialmente porque en el ejército tiene dos grandes aliados, sus tíos, ambos con sus cuatro estrellas de general, tan flamantes como nuevas pues ninguno de los dos tiene experiencia militar. Y sus manos están libres de compromisos políticos: la nueva constitución ni siquiera recoge la palabra comunismo. La fidelidad a los Kim tiene a partir de ahora un carácter casi religioso.
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