Enlaces de accesibilidad

Contactar con la CIA: el caso Cohen y el mensaje a quienes controlan las armas y la represión en Cuba

Un policía se conecta a Internet usando un teléfono celular en La Habana (AP/Desmond Boylan/Archivo)
Un policía se conecta a Internet usando un teléfono celular en La Habana (AP/Desmond Boylan/Archivo)

Sumario

  • ¿Pueden oficiales y miembros del aparato de seguridad de Cuba romper con el régimen desde dentro y colaborar con la CIA?
  • José “Pepe” Cohen, quien durante años operó como doble agente para la inteligencia de EEUU, sugiere que sí, aunque el riesgo sigue siendo alto.
  • Cohen relató que integró una red de más de 20 personas y aportó información clave a EEUU para desmantelar operaciones de la Red Avispa y la espía estadounidense Ana Belén Montes.
Getting your Trinity Audio player ready...

El llamado del secretario de Estado Marco Rubio a los cubanos para establecer una “colaboración discreta” con la CIA, publicado el 23 de octubre de 2026, ha centrado la atención en si existen condiciones reales para que oficiales, militares o miembros del aparato de seguridad colaboren con la inteligencia estadounidense.

Esta posibilidad no es abstracta. El excapitán de la Dirección General de Inteligencia de Cuba José “Pepe” Cohen, que entre 1987 y 1994 trabajó como doble agente para la CIA desde dentro del régimen y que está condenado a muerte en la isla, ha explicado en el podcast The Havana Files (conducido por Gelet Martínez y patrocinado por la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba) cómo funcionan estas colaboraciones en la práctica: redes compartimentadas, reclutamiento de colegas por convicción y el riesgo extremo que asumen quienes deciden romper con el sistema.

El caso Cohen

Formado en criptología y asignado al departamento de espionaje industrial (con secciones de microelectrónica, robótica y biotecnología), Cohen relató que se acercó voluntariamente a la CIA sin haber salido nunca de Cuba en misión. Junto con otros, armó una red de más de veinte personas que incluía oficiales del Ministerio del Interior, colaboradores y agentes de la propia inteligencia cubana.

Esa red suministró códigos para descifrar comunicaciones cubanas y contribuyó a desmantelar operaciones importantes en Estados Unidos, incluidos casos vinculados a Ana Belén Montes y la Red Avispa. Él mismo convenció a dos agentes valiosos del régimen en Estados Unidos para que cambiaran de bando en una conversación mientras se bañaban en la playa de Santa María del Mar, para evitar micrófonos.

“Si a mí me cogen en la balsa, me matan”, dijo sobre su huida en 1994. Su caso demuestra que la penetración desde dentro es posible cuando hay descontento, acceso a información sensible y capacidad de operar de forma compartimentada.

El mensaje de Rubio del 23 de octubre apunta exactamente a ese tipo de colaboración. “Para quienes buscan generar un cambio positivo en Cuba, este es el momento. Ante la decepción de las promesas incumplidas, la corrupción y la vida privilegiada de unos pocos, aprovechen esta oportunidad para crear el cambio que desean mediante una colaboración discreta con la CIA”, escribió en X.

La CIA respondió de inmediato con una guía en español que recomienda, como primera opción, acudir en persona a una instalación oficial de Estados Unidos si se puede viajar de forma segura, o usar un dispositivo y correo nuevos, VPN con servidor fuera de países hostiles, navegador privado y borrar el historial. Quienes escriban deben indicar ciudad, puesto de trabajo y nivel de acceso. La agencia insiste en que “su información puede ser más valiosa de lo que piensa” y que busca “la verdad acerca de Cuba”.

Este llamado conecta con declaraciones previas de Rubio dirigidas específicamente a quienes sostienen el poder real. El 28 de septiembre de 2026, en entrevista con Sean Hannity de Fox News, el secretario de Estado afirmó: “Tenemos la esperanza de que, entre las personas que hoy en día controlan las armas y el régimen represivo, haya algunas que abran los ojos a la realidad a la que se enfrentan”.

Añadió que Cuba es un Estado fallido gobernado por la corrupción, que las Fuerzas Armadas y el Partido Comunista controlan todo lo que genera ingresos para enriquecer a unos pocos, y que “lo que ya no van a poder hacer mientras Donald Trump sea presidente es seguir robando dinero y enriqueciéndose a costa del pueblo cubano”. Advirtió que quienes esperen a que termine esta administración sin cambios “aprenderán la lección por las malas”.

El foco en “quienes controlan las armas y el régimen represivo” —Fuerzas Armadas, Ministerio del Interior, Seguridad del Estado y estructuras económicas vinculadas— coincide con la experiencia de Cohen. Él no era un activista externo, sino un oficial del aparato de inteligencia que, por su acceso y por la desilusión, decidió colaborar. En el podcast y en declaraciones anteriores, Cohen ha insistido en que el régimen cubano ha sido penetrado y que Cuba actúa como “trampolín al servicio de todos los enemigos poderosos de Estados Unidos”.

También ha advertido que los archivos del MININT en Plaza de la Revolución contienen información que “mucha gente tiene que estar preocupada de que eso ocurra” si se abren.

Por otra parte, según su testimonio, información obtenida en territorio estadounidense terminaba en manos de Moscú y otros adversarios.

El contexto cubano

El contexto actual favorece, en teoría, que algunos oficiales o mandos intermedios consideren opciones.

Cuba atraviesa una de sus crisis económicas y energéticas más graves en décadas. Apagones prolongados —que pueden llegar a 70 horas— escasez de combustible y medicamentos, carestía e inflación en los precios de los alimentos, y colas interminables para cobrar pensiones caracterizan la vida cotidiana. Medios independientes documentan el deterioro de servicios esenciales, el aumento de la pobreza y las dificultades del sistema de salud. Analistas atribuyen gran parte del colapso a la ineficiencia del modelo centralizado, la corrupción de élites privilegiadas y la falta de reformas estructurales viables.

La represión política y contra la libertad de expresión se ha intensificado. Prisoners Defenders documentó 1.351 presos políticos hasta el 30 de septiembre. El Instituto Cubano de Libertad de Expresión y Prensa registró un aumento del 129 % en violaciones contra periodistas independientes en septiembre respecto a agosto.

La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) denunció “nuevas modalidades” de represión, destacando el encarcelamiento preventivo del periodista y director regional de la entidad Henry Constantín en la prisión de máxima seguridad Kilo 7, acusado de “desobediencia”, y procesos penales contra creadores de contenido como los de El4tico.

No obstante, para muchos observadores cubanos, el testimonio de Cohen, un oficial que pasó de estar dispuesto a dar la vida por Fidel Castro a trabajar para la CIA, ilustra que la desilusión puede generar colaboraciones efectivas. La historia de frustración dentro del MININT y las FAR en los años 80 muestra que no se trata solo de activistas de la sociedad civil, sino de personas con poder de mando, acceso a códigos, operaciones y élites.

Varias fuentes (desertores, familiares, analistas y testimonios posteriores) señalan que en los años 80 existía un claro distanciamiento y críticas abiertas o semiabiertas hacia Fidel y Raúl Castro, por parte del general Arnaldo Ochoa y su círculo, en un contexto de crisis del bloque soviético:

Eran vistos como abiertos a reformas al estilo de Gorbachov. Fidel rechazaba frontalmente esos cambios. Raúl Castro, en un discurso a oficiales, criticó a quienes “les gustaba la perestroika” y habló de quejas crecientes contra el comandante en jefe.

A Ochoa se le atribuyen frases como “Estos dos llevan mandando a gente a morir desde hace 30 años. Están ocupando el poder y llevándose el dinero”

Probabilidades y factores

La posibilidad real de colaboración depende de varios factores que Cohen y la experiencia histórica destacan.

Primero, el acceso: la guía de la CIA pide explícitamente “nivel de acceso”, lo que sugiere interés en fuentes dentro de estructuras de poder, no solo en ciudadanos comunes.

Informes previos, como uno de The New York Times, indican que alrededor de agosto la CIA elevó a Cuba a prioridad máxima y creó una fuerza de tarea para explorar divisiones internas. El hecho de que se pida “nivel de acceso” sugiere interés en infiltración de calidad más que en activismo masivo.

Segundo, la motivación: desilusión con la corrupción, la crisis y el aislamiento pueden impulsar a algunos oficiales a “abrir los ojos”, como espera Rubio.

Tercero, el riesgo: la vigilancia de la Seguridad del Estado es densa; cualquier contacto, incluso con VPN y correos desechables, puede ser detectado. Cohen tuvo que huir en balsa y está condenado a muerte.

Cuarto, la compartimentación y la seguridad operacional, que la guía intenta facilitar.

Washington mantiene canales abiertos (incluida la visita del director de la CIA John Ratcliffe a La Habana en mayo de 2026, donde se reunió con el ministro del Interior y el jefe de la Dirección de Inteligencia) pero hasta ahora los contactos han resultado infructuosos. El reciente mensaje público de Rubio y la guía de la CIA combinan presión con una invitación a que sectores del aparato represivo y militar reconsideren su lealtad. No garantiza deserciones masivas ni un cambio inmediato, pero crea un canal y una señal.

Como demuestra el caso de Cohen, cuando oficiales con acceso deciden colaborar, el impacto en operaciones de inteligencia y contrainteligencia puede ser significativo: proselitismo, desmantelamiento de redes, obtención de códigos y exposición de operaciones.

En última instancia, el impacto de esta iniciativa dependerá de si existen personas dentro de las estructuras que controlan las armas y la represión dispuestas a actuar, motivadas por la realidad de un sistema fallido y por la percepción de que el statu quo ya no es sostenible.

El testimonio de José Cohen en The Havana Files y las palabras de Rubio a Hannity apuntan a esa posibilidad: no se trata solo de activismo externo, sino de que quienes sostienen el régimen “abran los ojos” y consideren una colaboración discreta que, históricamente, ha sido posible y ha tenido consecuencias concretas. El riesgo para quienes respondan es real y alto, pero el llamado y la guía de la CIA buscan facilitar ese canal en un momento de crisis profunda.

  • 16x9 Image

    Rolando Cartaya

    Rolando Cartaya (La Habana, 1952) periodista, traductor e investigador.

This item is part of

Foro

​
XS
SM
MD
LG