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Compañero de viaje


El sol se pone detrás de los edificios de El Vedado, en el malecón habanero.

Cada cierto tiempo, con la precisión de las estaciones, se inicia en Estados Unidos una campaña de acercamiento a Cuba y una feroz oposición a las sanciones que pesan contra el gobierno de la isla.

Cada cierto tiempo, con la precisión de las estaciones, se inicia en Estados Unidos una campaña de acercamiento a Cuba y una feroz oposición a las sanciones que pesan contra el gobierno de la isla. Los elementos presentes en cada ocasión suelen ser los mismos: empresarios y clérigos cubanos valedores de la sociedad civil; inversionistas y políticos estadounidenses interesados en hacer negocios con La Habana; y la proverbial maquinaria mediática de la seguridad del Estado cubano. Si bien no queda nada novedoso que exponer tales premisas no carecen de una consecuencia lógica, porque si las premisas son verdaderas entonces es verdadera la conclusión.

El tema fue abordado hace muchos años por el periodista y escritor español, Ramón Chao, en un extenso artículo en el que cita una interminable lista de personas prestigiosas (incluido él) que en muchos casos sin saberlo ni proponérselo fueron compañeros de viaje del comunismo. El término, relata Chao, lo inventó Trotski en 1923, refiriéndose a simpatizantes, oportunistas, tontos útiles y gente piadosa deseosa de hacer el bien: “No consideran a la revolución como un todo e ignoran el ideal comunista. No son los artesanos de la revolución proletaria, sino sus compañeros de viaje artístico”.

Algunos, como Guillermo Cabrera Infante y Heberto Padilla fueron presas de la desilusión y terminaron alejándose de los dictados de los nuevos emisarios de Moscú, pero otros como el industrial estadounidense Armand Hammer ganaron millones de dólares haciendo negocios con los bolcheviques. Ávidos de dinero, permitieron que Hammer intentara vender objetos confiscados, pero algunos de sus antiguos dueños lo demandaron por traficar con propiedad robada. No obstante, pese a toda la experiencia acumulada, las cíclicas campañas de acercamiento al régimen cubano siempre logran atraer nuevos pasajeros.

Ya se ha explicado hasta la saciedad por qué no tendrá éxito esta nueva campaña destinada a buscar una negociación directa con Estados Unidos. Sencillamente no goza del respaldo de la Casa Blanca, la Cámara de Representantes ni el Senado. No hay indicios de que el poder legislativo vaya a derogar la ley del embargo ni que el poder ejecutivo se apreste a excluir a Cuba de la lista de países que patrocinan el terrorismo mientras la dinastía castrista permanezca en el poder. No es buen momento para ser compañero de viaje del castrismo cuando las premisas sostienen la verdad de la conclusión.
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