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¿Cómo es un juego de pelota en Cuba?


Vista general del estadio Latinoamericano en La Habana

Un periodista americano viaja a Cuba para asistir a varios juegos de pelota y luego narra con lujo de detalle todo lo que sucede en el estadio Latinoamericano.

Si te gusta el juego de la pelota y alguna vez soñaste con disfrutar de un partido en la misma Cuba, no debes perderte el artículo que escribió el periodista John W Miller en "The Wall Street Journal".

Miller inicia su narración mencionando que el béisbol fue uno de los principales motivos por el que visitó Cuba el mes pasado y que habiendo crecido en Europa, solía ver el equipo nacional cubano de béisbol participar en torneos en los países bajos como un equipo de jugadores de ligas recreativas. Vestidos con uniformes descoloridos, fumando cigarrillos en lugares públicos y llevando sus equipos en bolsas de plástico.

"Me dieron ganas de ver estos cubanos jugar en casa, en su propio territorio, que por cierto ofrece algo que es difícil de encontrar en Estados Unidos, donde ahora vivo: béisbol de invierno. La Serie Nacional —nivel superior de juego en Cuba— funciona desde noviembre a abril", aclara.

Lo que el periodista descubrió durante una visita a Cuba el mes pasado lo dejó sorprendido. No era el nivel de juego, porque considera que no se acercan incluso a un mal juego de las Grandes Ligas (Major League Baseball).

Por el contrario, afirma que los reales campeones del mundo de Cuba eran sus fans."Me gusta los Orioles de Baltimore", decía. "Conoces Manny Machado?" Sí, todos lo conocían.

Miller fue a tres partidos, todos en el Estadio Latinoamericano, un estadio de 1946, ubicado a un par de millas al suroeste de la Habana vieja. Hogar de los Industriales, ganadores de 12 campeonatos.

Se dice que el Estadio tiene capacidad para 55,000 personas sentadas, pero según Miller, su tamaño parece entre las ligas mayores y menores. De una manera muy descriptiva narra lo que sucede fuera del estadio y los precios que tienen que pagar quienes viven en Cuba y quienes vienen del exterior.
"Una media docena de comerciantes fuera del estadio, vende cerveza, refrescos y diferentes carnes servidas en pan. Los precios son centavos para los locales, mientras que los turistas pagan precios del nivel de Estados Unidos. (Cuba utiliza un sistema de doble moneda para absorber a los forasteros)", puntualiza.

"La forma del estadio es simétrica, así como los parques estadounidenses (cookie-cutter) de la década de 1960, pero sin las gradas superiores. El palco de prensa, ubicado detrás del home parece que con una brisa fuerte podría volarse a Miami. No hay ninguna publicidad corporativa en el lugar; No hay letreros de Budweiser o Coca Cola. Sólo un poco de escritura rompiendo el azul: más allá de la cerca del jardín izquierdo, un cartel dice 'Cuba, país de Campiones'. Y en la derecha: 'El Deporte, conquista De La revolucion'."

En las tres noches que fue, dice que nadia podía sentarse en los asientos de campo. Él intentó y la policía lo sacó con señas.

Para Miller, los fanáticos son mayormente hombres jóvenes y forman un mar de aretes, collares y cabello con gel. La entrada está a 12 centavos de dólar para los cubanos, $3 para los extranjeros. Para la mayoría de los aficionados, no hay asientos designados, sólo de cemento para todos, como en los juegos de secundaria. Hay sólo una zona de concesión, con unos puestos de venta de bocadillos, palomitas y refrescos. No hay cerveza o incluso agua para la venta. Entre cada entrada, los aficionados están sentados, mirando y conversando. Por supuesto, fumar, está permitido.

La narración del periodista es todo el tiempo muy descriptiva, dice:

"En el campo, los jugadores calientan con pelotas de práctica marrones. Las bolas que sales del campo o faltas son generalmente devueltas desde las gradas, incluso durante los juegos. No existen programas o tarjetas oficiales de los peloteros. No hay música de órgano. Entre cada entrada, hay salsa y reggaeton. El himno nacional es rápido, electrónico y grabado. Algunas cosas se parecen. Algunos juegos se transmiten por televisión (Televisión estatal). Una noche, cuando llegué, una atractiva periodista entrevistó al bateador y jardinero derecho de 23 años, Yasmani Tomas".

"Cuando lluvia golpea el campo de juego, los encargados salen y cubren sólo la zona de bateo y el montículo del lanzador, otro ejemplo de escasez de un país empobrecido atrapado en el pasado. El aspecto más notable y agradable, de asistir a un partido de béisbol cubano es el foco de la multitud, que fluctúa entre 10,000 y 20,000. Es como si tuvieras un estadio entero lleno de fanáticos de béisbol".
Agrega que en el béisbol cubano, el marcador sólo ofrece los totales de entradas, carreras, sencillos y fallas. No hay promedios de bateo, velocidades de lanzamiento ni datos divertidos. Y nunca dicen cuándo alentar.

"Los gritos de asombro que viene con cada lanzamiento, son por los lanzamientos. Los sonidos son incesantes durante las partes tensas del juego, por el juego. Un buen sencillo dispara el rugir de los fans. (Con cada carrera, la caseta se vacía para felicitar al anotador). Incluso en las primeras entradas de rutina, Los fanaticos se paran y gritan sobre lanzamientos que pensaron fueron strikes.", puntualiza

Explica que estuvo por todos lados, sentado en los escalones de concretos con cubanos y ocasionalmente en la sección de extranjeros, que está detrás de los palcos para deportistas y funcionarios del partido comunista.

"El empobrecido, aislado y hermoso estado-policial de Cuba no es un paraíso. Hay razones por la que su gente quiere irse. A pesar de su alta calidad de juego, sus ligas de béisbol típicamente no tiene jugadores extranjeros. Los salarios y las condiciones son demasiado miserables. Pero como fan, te diré esto: sus juegos de pelota son puro béisbol, y me encantó.", manifiesta el periodista.

Después del juego, Miller cuenta que cuando se dirigía al estacionamiento vió como los jugadores aparecían por las puerta, aún con el uniforme y se mezclaban con la multitud, que, como ellos, vive de los subsidios estatales.

Según Peter Bjarkman, escritor y experto en béisbol cubano, la mayoría de los jugadores gana alrededor $60 al mes, mientras que estrellas nacionales pueden hacer hasta 500 dólares al mes.

Y allí estaba Tomás, un jugador, que Miller dice, acapara la atención de todo el mundo, es tema de conversación entre cada fanático y se puede convertir en la próxima estrella de las Grandes Ligas. "Llevaba una chaqueta de calentamiento del equipo nacional cubano. Alguien lo llamó por su nombre. Él se acercó y saludó a un grupo de media docena de personas. Tenía de la mano a una bella joven embarazada y conversaban, como un niño grande después de su juego", nos cuenta.

El periodista termina su historia describiendo como los jugadores se despiden de sus fanáticos y abordan el autobus del equipo (de los años 70).
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