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Comer carne en Cuba


El delito de homicidio tiene una pena menor que matar una vaca, según el artículo 261 del vigente código penal, el cual indica: el que mate a otro, incurre en sanción de privación de libertad de siete a quince años.

El escritor cubano Virgilio Piñera, no supuso que en 1944 al escribir su cuento “La carne”, describía en cierto modo las circunstancias que viviría su propio país años después. El relato, con visibles tintes de humor negro, señala que por un motivo no dicho, la población carece de carne. Quien se niega a consolar su apetito con vegetales, como hacen los demás, resuelve el dilema de la carencia haciendo un hermoso filete de su trasero izquierdo. El cuento termina con esta pregunta. ¿De qué podría quejarse un pueblo que tenía asegurada su subsistencia?

Yo digo que cualquier semejanza con personas vivas no es pura ficción. Es nuestra realidad. Por supuesto no llegamos al extremo de comernos partes de nuestro cuerpo, pero si hemos sufrido la ausencia de la carne de res en este más de medio siglo de locura revolucionaria, donde no tenemos abundancia de vacas cuerdas, porque solo las locas deciden nacer en Cuba y no nos referimos a la famosa enfermedad.

Antes del año 1959, según un censo de la época, Cuba alcanzó seis millones de cabezas de ganado. Es decir, una por cada habitante y no era necesario un permiso especial para criar ganado, ni se ponían limites a la cantidad que un ciudadano podía tener y mucho menos las personas tenían limites para comer carne.

Y entonces llegó el comandante… Las cuotas de carne comenzaron a distribuirse a la población y eso cambió al poco tiempo por…..!!!picadillo de soja!!!, una mezcla de 70 por ciento de una masa obtenida de ese grano con el resto de compuestos cárnicos( Es mejor no saber qué significan compuestos cárnicos).

Esa mezcla que no sabe a nada y mucho menos a res, provoca que las gentes busquen vías alternativas para conseguir la carne, ya que la cuota del estado llega cada seis meses. Por eso acuden al mercado negro, donde es sumamente peligroso conseguir la carne, ya que la matanza de reses es ilegal y el código penal establece severas sanciones por ese delito.

Lo real maravillosos adquiere en Cuba proporciones inimaginables cuando conocemos la ley 225 vigente que contempla fuertes multas para el propietario que le roben un caballo o una vaca. Ante la consumación de un hurto de ganado mayor la ley dicta la imposición de multa “al propietario por no haber tenido este, su animal “debidamente protegido”..!!!???

Los dueños de ganado están obligados a venderles sus animales solo al Estado, a precios nada estimulantes. Para sacrificar un animal debe contarse con la autorización del Control de Registro Pecuario, de lo contrario el campesino incurre en un delito, aunque esa res le pertenezca y la haya engordado con su trabajo.

Si es hembra, solo puede matarla cuando el animal sufre un accidente. Esto lleva incluso a que algunos despeñen a sus reses como pretexto para sacrificarlas.

Más increíble todavía resulta saber que el delito de homicidio tiene una pena menor que matar una vaca, según el artículo 261 del vigente código penal, el cual indica: el que mate a otro, incurre en sanción de privación de libertad de siete a quince años.

Lo de matar una vaca es suma y sigue. Veamos: sanción por hurto de uno a tres años de privación de libertad; prejuicios, como consecuencias del hurto, con sanción de tres a ocho años. El sacrificio ilegal de ganado mayor con sanción de cuatro a diez años de prisión y la modalidad de la transportación o venta de ganador mayor sacrificado ilegalmente, de tres a ocho de privación de libertad. Los tribunales revolucionarios con ese sentido inteligente que tienen de la justicia se limitan a sumar aritméticamente e imponen la sanción conjunta más severa posible.

Si sumamos las penas máximas, llegamos a la cantidad de 26 años, en el caso de la modalidad agravada o 21 años si el hurto es de la modalidad básica.

Una simple ecuación nos dice, que quien mate a la vaca Matilda cumple más anos del quien mate a Juan el carpintero. Increíble, pero cierto.

En 1980, durante la inauguración de una vaquería en la provincia Camagüey, Fidel Castro dijo que con los planes diseñados por la revolución la nación cubana produciría más carne y leche que la propia Holanda.

¿Qué pasó con aquellos planes? No es posible determinar con precisión la magnitud del retroceso pues el gobierno oculta las estadísticas. No obstante, fuentes no oficiales aseguran que la cantidad de ganado existente no rebasa los 3 millones de cabezas de ganado.

Entre las causas de la ruina del sector inciden, entre muchos factores, las locuras de esos mismos planes llevados a cabo por los científicos cubanos, como cuando intentaron, a través de cruces genéticos con la vaca Holstein y el toro cebú crear una supervaca. Este experimento arrojó como resultado un prototipo nombrado F-1 que no dio, carne , ni leche.

Otro experimento fracasado fue el de los búfalos de agua canadienses. Estos animales fueron sacados de su hábitat natural y forzados a comer pastos que no formaban parte de su alimentación y a padecer un clima hostil. Por supuesto este nuevo intento también fracasó.

Otro disparate fue el de las vacas enanas, una especie de síndrome de atrofia en el crecimiento. Según el inventor de estos engendros, lo bueno de las vacas enana es que pueden pastorearse en las casas, los parques, los jardines y hasta en los huertos.

En resumen, los cubanos ante la carencia de comer carne tenemos estas opciones, una es convencernos que la carne es perjudicial y provoca cáncer o la otra opción es seguir el cuento de Piñera y comernos un pedazo de nalga.

Esta última idea pondría en peligro a los nalgones y nalgonas, porque ante esa iniciativa de seguro el Estado socialista produciría las nalgas de soya para la población y reservaría para el área dólar las nalgas de verdad.

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