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Cineastas estadounidenses resaltan nueva relación entre EEUU y Cuba


La Habana, Cuba.

Los productores de la película "Sin alas", que se filmó hace tres años en La Habana, no recibieron todos los permisos que pretendían y el proceso tardó seis meses; pero auguran que eso mejorará.

Los productores de la película Sin alas, el primer filme dirigido y producido por estadounidenses en Cuba desde la revolución castrista en 1959, resaltaron hoy el cambio de rumbo en las relaciones entre Estados Unidos y La Habana, que supuestamente permitirá a la isla dar a conocer mejor su riqueza cultural.

Henry Kasdon, uno de los dos productores de Sin alas, dijo a Efe que es excelente que ambos países hayan restablecido relaciones diplomáticas, lo que permitirá a los estadounidenses disfrutar de lo que nombró como la
vibrante cultura de Cuba.

"Las artes, la música, el baile, la pintura y el cine es tan rico. Y aunque haya mucha pobreza un intercambio cultural entre ambos países los beneficiará a ambos", señaló Kasdon durante la clausura hoy del V Festival Internacional de Cine Aruba, donde se presentó Sin alas.

El filme, dirigido, escrito y editado por el estadounidense Ben Chance, ganó una mención del público del festival arubeño, que arrancó el 7 de octubre y presentó cerca de 60 películas, incluidos 10 estrenos mundiales y que contó con la visita especial del actor estadounidense Tyrone Gibson.

El proceso de aprobación del Gobierno comunista de Cuba de filmar la película se demoró seis meses debido a la burocracia, contó Kasdon; quien auguró, optimista, que este tiempo de espera disminuirá gradualmente después de la mejora de las relaciones a nivel gubernamental.

"Hace 10 años, cuando Fidel estaba en el poder, no podíamos hacer esta película, pero cuando llegó el general Raúl mejoró la situación. No recibimos todos los permisos que queríamos, pero sí los que necesitábamos. En Estados Unidos hablamos sobre burocracia, pero en Cuba es bien difícil hacer negocio", dijo Kasdon, de 35 años.

En Sin alas, filmada hace tres años y con 82 minutos de duración, la muerte de una famosa bailarina recupera las emociones enterradas durante años de un viejo escritor cubano, interpretado por el veterano actor Mario Limonta, que debe reconciliar el idealismo de su juventud con la realidad contemporánea de La Habana.

"Lo que queríamos era enseñar esta cultura y que provoque críticas. La arquitectura en Cuba es fascinante. Logramos filmar edificios de tres épocas diferentes: década del 40, del 60 y actual", enfatizó Kasdon, quien recordó que el "entrar y salir de Cuba fue estresante".

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