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La asepsia, recurso para combatir enfermedades


Enfermera cubana se desinfecta los zapatas a la entrada de un hospital en La Habana, Cuba.

En Cuba este fenómeno de las infecciones nosocomiales provocan frecuentes cuadros de morbimortalidad.

Hace apenas unos 200 años sucedían situaciones tan increíbles como la muerte frecuente de las parturientas y de sus hijos recién nacidos, víctimas de infecciones graves cuyo origen se desconocía. Este hecho no era comprendido por los médicos de la época y hubo bastante resistencia a relacionar la falta de asepsia con la génesis de ese problema.

Uno de los pioneros en darse cuenta y proclamar que con medidas higiénicas se reducía de modo significativo la fiebre puerperal de las recién paridas fue el Dr. Ignacio Felipe Semmelweis. Al poco tiempo de este galeno empezar a trabajar en la Maternidad de Viena, observó con espanto la altísima tasa de mortandad en los dos pabellones de obstetricia lo que le llevó a estudiar las diferencias entre ambos, pues las muertes en uno triplicaban las del otro.

El médico encontró que una de las salas era más frecuentada por estudiantes de medicina, que atendían a las embarazadas después de realizar autopsias de cadáveres, mientras que la otra sala era más asistida por matronas. Llegó a la conclusión de que las manos de los estudiantes eran transmisoras de microorganismo fatales, por lo que instaló un lavabo y les obligó a lavarse las manos con una solución de cal clorurada antes de atender los partos, y con ello logró disminuir la mortalidad en más del 70%. Sin embargo, los envidiosos de la época, ofendidos en su saber, rechazaron el descubrimiento, acusando al galeno de falsear las estadísticas.

El Dr. Semmelweis, menospreciado y rechazado públicamente, en su desesperación se lanzó a pegar carteles por las calles de la ciudad advirtiendo a las mujeres de la sentencia de muerte que suponía acudir a los médicos y finalmente en 1865, con 47 años y problemas psicológicos por un entorno empecinado en negar la evidencia, entró en el pabellón de anatomía y delante de los alumnos abrió un cadáver y se provocó un herida con el mismo bisturí. Falleció tres semanas después víctima de los síntomas que padecieron las mujeres que había visto morir durante dos décadas.

Aunque durante su época la comunidad médica no reconoció la magnitud y el alcance del trabajo de Semmelweis, los años demostrarían que él tenía razón a través de la hipótesis microbiana de Luis Pasteur y la introducción de la práctica quirúrgica higiénica por parte de Joseph Lister.

En Cuba este fenómeno de las infecciones nosocomiales provocan frecuentes cuadros de morbimortalidad. Las instituciones sanitarias están descuidadas en cuanto a la higiene, y el material médico muchas veces se contamina con gérmenes patógenos. Aunque desde hace bastante tiempo, a nivel mundial se tiende al uso de equipos y recursos desechables, se conoce que los pacientes cubanos son atendidos con instrumental que se recupera en autoclaves con decenas de años de vida útil y que no garantizan la correcta esterilidad. En ese caso están las agujas de las jeringas, los guantes, gran parte del material quirúrgico de los salones de operación, entre otros.

Un ejemplo de consecuencias lamentable fue la muerte de más de una decena de bebes nacidos por cesáreas en el Hospital Materno Infantil de Hijas de Galicia, durante los meses de junio-julio de 2008.

Todos esos niños afectados tuvieron una evolución similar, nacieron sanos, aptos para la vida, y a las horas presentaron síntomas respiratorios, con estornudos, tos y progresivamente se fueron complicando con la instauración de un cuadro más grave de disminución de la vitalidad, fiebre, dificultad para mantener la ventilación, hasta llegar a la instauración de los procesos de inflamación pulmonar, meningoencefalitis y muerte. Al final se descubrió que la causa era una bacteria, Acinetobacter, contraída por las víctimas en el salón quirúrgico.

Los empleados de hospitales y policlínicos por toda la isla se quejan de que los procesos de higienización química en los locales con alto riesgo de infecciones no se cumplen con profesionalidad. La situación afecta por igual a salones quirúrgicos y salas de terapia, en ocasiones por carecer de las soluciones antisépticas o por la pérdida del hábito de cumplir con las normas higiénicas establecidas.

Estas situaciones de las enfermedades nosocomiales o intrahospitalarias deben ser tomadas en cuenta con más seriedad y hacer todo lo posible por solucionarlas con mayores medidas higiénicas, para evitar daños o sufrimientos prevenibles.

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