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En China también hay hijos de papá


El presidente chino, Hu Jintao, con Raúl Castro durante su visita en julio pasado a Cuba.

El fatal accidente del hijo de un dirigente chino en un lujoso auto Ferrari pone de relieve los privilegios y las pugnas por el poder político dentro del Partido Comunista de ese país.

Después de haber corrido con insistencia rumores en China hace casi seis meses de que el hijo de un alto dirigente había muerto como consecuencia de un espectacular choque en un lujoso auto Ferrari en Pekín, la verdad empieza a salir a flote, según un artículo que publica la revista The Economist.

El suceso ocurrió en la madrugada del pasado 18 de marzo, casi 72 horas después, precisa la revista, de que el alto dirigente chino Bo Xilai cayera en desgracia, y muchos blogueros especularon entonces que la víctima podía ser un hijo de éste que según comentarios populares solía conducir un Ferrari rojo por los alrededores de Pekín.

Pero no, el auto del choque resultó ser negro, y aunque una férrea censura oficial rodeó el accidente, el Global Times, periódico en inglés del gobierno chino, lo reportó de manera cándida sin revelar el nombre del chofer. La prensa oficial en idioma chino-- señala The Economist—no publicó nada del asunto.

Páginas de Internet chinas en el extranjero especularon entonces que el chofer del Ferrari accidentado podìa ser el hijo de Ling Jihua, quien hasta hace poco fue jefe de la Oficina General del Partido, un cargo comparable al de jefe de gabinete del secretario general y además presidente del país, Hu Jintao.

Hace sólo cuatro días, la prensa oficial china informó que Ling había sido nombrado al frente de un departamento que detenta cierto poder sin que el traspaso pudiese interpretarse como una promoción -- dice The Economist--, cuando hasta no hace mucho a Ling se le consideraba un candidato para integrar el Buró Político.

La interpretación de que Ling podría haber sido temporalmente apartado de una posición influyente la dio quizás este lunes el diario de Hong Kong South China Morning Post, cuando confirmó que en efecto el chofer muerto en el Ferrari negro en marzo pasado fue un hijo del dirigente.

Según The Economist, no queda claro en qué medida el escándalo del choque pudo haber dañado la carrera de Ling y cuánto puede haber perjudicado a su jefe, el secretario general del Partido, Hu Jintao, quien pronto se espera que transfiera el cargo a su heredero político, Xi Jinping.

Lo que se desprende del asunto es que la afinidad de sus hijos por los autos de lujo no favorece a los dirigentes chinos. Pero “de alguna manera, las familias de los líderes comunistas pueden permitirse el lujo de tener Ferraris”, dice la revista.
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