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El poder de Alicia Alonso se extiende al mundo editorial cubano


La directora del Ballet Nacional de Cuba, Alicia Alonso (i), saluda al público junto al bailarín Carlos Acosta (d) hoy, 15 de julio de 2009, durante una gala ofrecida en su honor por el Royal Ballet de Londres en La Habana (Cuba).

La edición cubana de la autobiografía del lauredao bailarín Carlos Acosta podría ser cancelada pues relata la discriminación que sufrió en el ballet cubano por ser negro.

El libro autobiográfico de Carlos Acosta revela el racismo dentro del Ballet Nacional de Cuba y en especial de su directora Alicia Alonso, asegura Cubanet.

La edición cubana de "No way home", titulada "Sin mirar atrás" publicada por la editorial Arte y Literatura estuvo antes en el plan de publicaciones de Unión, la casa editorial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) "pero jamás hizo el viaje de la redacción a la imprenta".

La edición cubana de Sin mirar atrás es la primera que se realiza en español de la autobiografía. El texto fue publicado por primera vez en octubre de 2007 con el título No Way Home: A Cuban Dancer`s Story, por la editorial Harper Collins en el Reino Unid
La edición cubana de Sin mirar atrás es la primera que se realiza en español de la autobiografía. El texto fue publicado por primera vez en octubre de 2007 con el título No Way Home: A Cuban Dancer`s Story, por la editorial Harper Collins en el Reino Unid

El escritor cubano Jorge Ángel Pérez asegura que "la ira y el autoritarismo de Alicia Alonso fueron la causa de tal decisión" pues Acosta relata "su pobre infancia, su condición de muchacho pobre y negro" y el racismo de Alicia.

Cubanet asegura que la presentación de la autobiografía prevista para este Sábado del Libro en la Plaza de Armas está en peligro de ser cancelada.

"La compañía recién fundada por el artista ya conoce la noticia, se les comunicó que se suspendía la presentación aun cuando el libro ya saliera de la imprenta, aun cuando el bailarín estaba ya haciendo el viaje a La Habana. Los organizadores del evento también se enteraron, y por supuesto que tendrán que dar la cara, aunque nadie sepa a ciencia cierta las razones que darán para escamotear la verdad.

Lo más probable es que no se mencione a la directora del Ballet Nacional de Cuba. Nadie va a comunicar a los posibles lectores, que Alicia Alonso está ofendidísima, con el bailarín negro, negro bailarín preferiría decir ella, porque pone al descubierto su racismo. Se comentó y se comenta todavía, que algunas autoridades del Ballet Nacional de Cuba harían algunas aclaraciones previas a la salida del libro, donde demostrarían que no existe ningún ápice de racismo en el corazón de la bailarina y directora, pero al parecer no se pusieron de acuerdo y el libro no podrá salir ahora, al menos hasta que se haga el desmentido que limpie la imagen de la Alonso.

"Parecía que este iba a ser un gran sábado del libro, y si los organizadores no se apuran a decir la verdad, o a rectificar la decisión que con seguridad ya fue tomada, será grandísimo sobre todo por el fiasco –de los más grandes que se conozcan en la isla–, y mucho más si está relacionado con esa Plaza de Armas. Sin dudas, acatar la solicitud de Alicia es una muestra de racismo, como muchos de aquellos ejemplos de segregación que salieron de los palacios que circundan a esa plaza; el de los Capitanes generales y el del Segundo Cabo.

Es increíble que Isabel II, Reina de Inglaterra y mayor representante de una monarquía que en otros tiempos propiciara la trata de negros, convierta al bailarín negro, y cubano, en Comendador de la Excelentísima Orden del Imperio Británico, mientras la gerontocracia de esta isla, que vio nacer al gran artista, impida que se presente un libro que él mismo escribiera".

Un príncipe del ballet podía ser negro

La crítica de ballet cubana, Isis Wirth, escribió en 2007 una reseña a propósito de la primera edición de "No way home. A Cuban dancer’s story".

La directora del Ballet Nacional de Cuba, Alicia Alonso (c), saluda al público junto a los bailarines Yoel Carreño (i) y Carlos Acosta (d) hoy, 15 de julio de 2009, durante una gala ofrecida en su honor por el Royal Ballet de Londres en La Habana (Cuba).
La directora del Ballet Nacional de Cuba, Alicia Alonso (c), saluda al público junto a los bailarines Yoel Carreño (i) y Carlos Acosta (d) hoy, 15 de julio de 2009, durante una gala ofrecida en su honor por el Royal Ballet de Londres en La Habana (Cuba).

De la lectura de las 319 páginas del libro, Wirth relata: "Su vida es una especie de cuento de hadas cubano –otra versión del patico feo convertido en cisne–, pero hacía falta talento para convertirlo en leyenda: un nacimiento humilde en Los Pinos, la decisión del padre camionero de que fuese bailarín, su rechazo inicial a ello, el advenimiento de la vocación y el momento en que “Air Acosta” inició el vuelo. El libro nos ofrece esa historia detallada, precisa y catártica: Carlos necesitaba escribir su autobiografía. Era también su manera de exorcizar vicisitudes –entre ellas, varias tragedias familiares– y los entuertos que llegan con la fama. El fundamental entre éstos ha sido el color de su piel. Porque fue Carlos quien demostró que un príncipe del ballet podía ser negro.

La autora destaca la historia de la invitación del Houston Ballet, justo cuando Acosta se sentía deprimido en el Ballet Nacional de Cuba, al que se había incorporado luego de haber sido principal –primer bailarín– en el English National Ballet.

"Una decisión de Chery (la eminente profesora Ramona de Sáa), sobre la que Carlos apunta: “en el círculo del ballet, la gente se refiere a ella como quién salvó la carrera de Carlos Acosta”. Fue en el English National Ballet donde Ben Stevenson lo vió. En la compañía cubana, Acosta, ya ganador de dos Grand Prix, el de Lausanne y el de París –los más prestigiosos–, no fue aceptado sino como “solista”, cuatro categorías por debajo de la que ostentaba en la agrupación inglesa. Reponen Edipo Rey, y Carlos ingenuamente espera que le adjudiquen el rol titular que había hecho célebre a Jorge Esquivel. Pero bailó –es un decir– el papel del viejo que debe matar a Edipo. Envejecido por el maquillaje y el vestuario, los demás bailarines lo chiquearon diciéndole que se parecía a Celia Cruz. Carlos se sintió humillado. Lo peor: sabía que pasarían muchos años hasta que pudiese bailar Giselle. Entonces, pensaba, ya sólo podré ser Albrecht con mi corazón y no con la plenitud de mis piernas. Tres semanas después –mientras tanto, había bailado un Espectro de la rosa en el que la malla rosada lo hacía lucir como the Pink Panther–, recibe la carta de Stevenson. Enseguida lo llamó, y una semana más tarde Stevenson aterrizaba en La Habana".

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