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Sobre el cáncer esofágico y la obesidad


Un hombre fuma en una oficina.

Varios son los factores de riesgo relacionados con el reflujo, entre ellos cuentan el alcoholismo, el hábito de fumar, la hernia hiatal, el embarazo y la obesidad, como ya se ha señalado.

Estudios sobre la obesidad siguen arrojando resultados perjudiciales a la salud que demuestran lo preocupante de esa condición patológica. Tal es el caso de la confirmación que asocia el exceso de peso corporal u obesidad con la elevación en la incidencia de reflujo gastroesofágico y este, a su vez, con el incremento de la probabilidad de aparición de cáncer esofágico.

Los alimentos pasan desde la garganta hasta el estómago a través del esófago. En el extremo de esta estructura anatómica existe un anillo muscular, llamado esfinter esofágico, que evita que el contenido presente en el estómago regrese al esófago.

Si el esfinter muscular no cierra bien por las causas que sean, parte de los alimentos, líquidos y el ácido gástrico pueden devolverse del estómago al esófago, y ese proceso es lo que se denomina reflujo. Varios son los factores de riesgo relacionados con el reflujo, entre ellos cuentan el alcoholismo, el hábito de fumar, la hernia hiatal, el embarazo y la obesidad, como ya se ha señalado.

El reflujo puede provocar síntomas como la acidez, naúseas, sensación de atoro por detrás del esternón, dificultad para deglutir, hipo, ronquera, dolor de garganta y tos. Y, sobre todo, muchas veces causa daños físicos en la mucosa esofágica.

Los daños a nivel celular en la mucosa del esófago pueden conducir a alteraciones biológicas que activan las células cancerígenas. En el caso específico del cáncer de esófago, se sospecha cuando aparecen síntomas como los cambios en la voz que se torna ronca y rasposa. También se va instalando la dificultad para tragar, principalmente alimentos sólidos, acompañado de dolor y sensación quemante en toda la zona del tracto digestivo superior. A ese cuadro se le suma en etapas tardías la pérdida de peso corporal importante, la anemia, los sangramientos y las manifestaciones provocadas en otros sistemas del cuerpo, como las pneumonías a nivel pulmonar, por ejemplo.

Todo este cuadro alarmante que desencadena el desarrollo de un cáncer en el esófago muchas veces se puede evitar controlando nuestro peso corporal dentro de rangos normales. La obesidad se puede combatir mediante la práctica de ejercicios físicos y el consumo de una dieta saludable y adecuada, lo que reduce las probabilidades de padecer hernia hiatal y el consecuente reflujo esfágico.

Por su parte, algunas medidas ayudan a evitar el reflujo gastroesofágico, entre ellas el no acostarse acabado de comer y dormir en una posición que eleve el toráx en relación con el estómago. Así mismo resulta útil la ingestión de algún medicamento antiacido, lo que permite neutralizar el ácido contenido en el estómago.

Pero lo más importante si se padecen síntomas que puedan estar avisando de la presencia de enfermedad es acudir al doctor. Existen determinadas pruebas clínicas, además del interrogatorio y el examen físico, que contribuyen en el diagnóstico de estas patologías. Son útiles la endoscopía y las biopsias, así como otras pruebas complementarias. Cuidar la salud siempre será un esfuerzo que no puede ser descuidado.
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