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Lo paradójico es que mientras Maduro protagonizaba un golpe contra la constitución, acusaba a la oposición de trabajar contra la estabilidad del país con el fin de generar una crisis institucional.

El pasado cinco de enero el presidente Hugo Chávez fue canonizado en vida por sus partidarios, muy en particular por uno de sus más conspicuos colaboradores, Diosdado Cabello, quien manifestó: “Jamás traicionaremos las órdenes e instrucciones del comandante Chávez".

Los histéricos juramentos de amor y fidelidad eterna de sus seguidores durante la sesión de la Asamblea Legislativa para elegir una nueva junta directiva, entre ellos el presidente de la entidad, superaban con creces cualquier reunión de enfebrecidos fanáticos de una iglesia fundamentalista, pero también permitían apreciar la gravedad del caudillo y la necesidad que tienen sus potenciales herederos, de seguir aferrados al único símbolo que los mantiene unidos, y en consecuencia en el control político- militar del país.

Previamente las declaraciones del vicepresidente Nicolás Maduro reafirmaban la dictadura institucional que instauró Chávez, cuando declaró que era puro formulismo que el mandatario re electo el pasado siete de octubre del pasado año, cumpliera el juramento constitucional en la fecha que señala la carta Magna.

Esta decisión, que sin duda alguna es apoyada por todo el entramado chavista, viola el articulo 231 de la constitución que indica que la persona elegida debe jurar el 10 de enero ante la Asamblea General y en su defecto ante el Tribunal Supremo de Justicia.

Lo paradójico es que mientras Maduro protagonizaba un golpe contra la constitución, acusaba a la oposición de trabajar contra la estabilidad del país con el fin de generar una crisis institucional.

Acusación respaldada por Cabello, presidente reelecto de la Asamblea Nacional, cuando dijo que la oposición estaba a favor de un golpe de estado, cuando quienes de hecho estaban produciendo un golpe contra la precaria institucionalidad venezolana, eran los cabecillas de cada uno de los poderes del estado. Todos bajo control del chavismo.

Durante la sesión legislativa, en la que estuvieron presentes el vicepresidente Maduro, el gabinete ministerial en pleno y los nuevos gobernadores oficialista para demostrar el respaldo a Cabello, se evidenció una vez más que la Asamblea está al servicio del chavismo, porque aunque más del 40 por ciento de los diputados representan la oposición, ninguno fue elegido para integrar la Junta Directiva, una práctica totalmente antidemocrática.

Cabello durante la sesión legislativa fue agresivo y ofendió a los sectores de la oposición en más de una ocasión, pero su procacidad se acentuó después de haber asumido por segundo periodo consecutivo la dirección de la Cámara.

Durante un acto público en los predios del Palacio Legislativo, donde solo estaban presentes los partidarios del régimen, dijo que no había posibilidades de dialogo con la oposición y manifestó que el gobierno estaba dispuesto a radicalizar el proceso político que vive el país.

Posteriormente, en un gesto de unidad que parecía formar parte del mensaje oficial de que en el chavismo no hay facciones, Cabello llamó a su lado a Nicolás Maduro, quien en una escena que hacia recordar a Benitín y Eneas, abrazó estrechamente a Dios dado, como para demostrar que estaban unidos hasta las ultimas consecuencias.

Tanto los discursos del presidente de la Asamblea como el del Vice de la República, estaban cargados de amenazas.

Ambos se mostraron intolerantes y dispuestos a usar todos los recursos del estado para conservar el poder. Fueron enfáticos al afirmar que no había arreglo posible con la oposición y que el futuro de Venezuela era para los seguidores de Hugo Chávez.

Las exclamaciones de unidad, como las palabras de Cabello, de que él y Maduro eran hijos de Hugo Chávez, eran fundamentales para legitimar la herencia política que ambos se atribuyen. No obstante los juramentos de mutua lealtad sonaban tan falsos como la insistencia de que en el país se vive en plena democracia.

Cabello y Maduro cumplieron a cabalidad el libreto de la sobrevivencia del chavismo, pero también se apreció que el ex teniente tiene más condiciones para liderar un chavismo sin Chávez que ex dirigente sindical.

Sin embargo para que el chavismo pueda perpetuarse es necesario que la agonía del Caudillo se prolongue y sus colaboradores más próximos tengan tiempo para reestructurar en entramado de poder que creo Hugo Chávez.

Entre tanto es de esperar que la confrontación entre las facciones que representan estos dos enemigos entrañables se desarrolle tras bambalinas, porque no hay dudas, que ambos representas intereses irreconciliables.

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