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¿Qué fue de la RDA y como es la nostalgia por el Este (Ostalgie)?


Vista de la instalación de luces que recorren el trazado del antiguo muro de Berlín en la capital alemana.

Miles de ciudadanos, catedráticos o funcionarios perdieron sus puestos por haber sido confidentes -voluntarios o forzados- de la temida policía secreta del régimen comunista.

La apertura del Muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989, precipitó la reunificación entre dos Alemanias que -mal que bien- habían convivido desde 1949, un proceso que se consumó en menos de un año con la liquidación de la dictadura de la República Democrática Alemana (RDA).

Cinco datos que no se deben olvidar sobre el Muro de Berlín:

1) El pretexto de la lucha contra el fascismo.

A la 1 de la madrugada del 13 de agosto de 1961, la Alemania del Este cerró su frontera entre el sector este de Berlín, bajo control soviético y las zonas occidentales controladas por los aliados.

En las siguientes semanas se erigió una frontera de 155 kilómetros (96 millas) en torno al Berlín Oeste. El Muro en sí -de hasta 3,6 metros (12 pies) de alto- era tan sólo la parte más exterior de una franja fuertemente fortificada que incluía alambre de espino, cercas de metal, guardas armados, alarmas ocultas y pasadizos para perros.

El líder comunista Walter Ulbricht lo describió como un "muro protector anti fascista", aunque en realidad su propósito era detener la marea de personas que marchaban al lado occidental.

2) Las grandes escapadas a Occidente

Pese al formidable obstáculo y a la amenaza de duros castigos en caso de que fueran atrapadas, miles de personas intentaron escapar haciendo túneles, nadando, trepando o volando sobre el Muro.

Muchos aprovecharon la extensa red de alcantarillado y metro subterráneo de Berlín. Otros emplearon pasaportes falsos de alemanes occidentales, que tenían autorización para visitar el Berlín Este.

Algunos cavaron sus propios túneles, a menudo con ayuda desde el otro lado. En un caso, una familia entera huyó empleando un teleférico de fabricación casera.

3) Los asesinatos en el Muro

Al menos 136 personas, incluyendo varios niños, perdieron la vida en esta frontera de la Guerra Fría, según el Centro Postdam de Investigación Histórica. Algunos recibieron disparos de los guardas fronterizos del este, otros se ahogaron en el gélido río Spree.

Uno de los últimos en morir fue Chris Gueffroy, de 20 años, abatido a tiros nueve meses antes de la caída del Muro. Ahora, hay cruces que señalan muchos de los lugares donde murió gente tratando de alcanzar la libertad.

4) El discurso de Ronald Reagan

Durante sus 28 años de existencia, el Muro sirvió como un símbolo de la opresión comunista. Los líderes occidentales, como el presidente de Estados Unidos John F. Kennedy, a menudo tuvieron que detenerse en el Muro cuando visitaron Berlín.

La ominosa barrera de cemento gris sirvió de fondo en 1987 a la llamada del presidente estadounidense Ronadl Reagan al entonces líder soviético, Mijaíl Gorbachev, a "¡derribar este muro!".

Más tarde, Gorbachev dijo no haberse tomado en serio la petición, que describió como una "interpretación" del otrora actor de Hollywood. Pero el discurso, como la famosa frase de Kennedy en la que dijo considerarse "un berlinés", ayudó a mantener la moral en el lado occidental de la ciudad.

5) La caída del Muro

La noche del 9 de noviembre de 1989, la televisión de la Alemania Occidental informó de que las autoridades comunistas habían decidido levantar las restricciones de viaje y permitir a los alemanes del este viajar de forma más o menos libre.

Las noticias se basaban en un confuso anuncio de un alto cargo de la Alemania del Este, que no enunció las diversas salvedades de la nueva norma. Antes de que las autoridades comunistas pudieran aclararlo, miles de berlineses del este se habían abierto paso ante los perplejos guardas fronterizos para celebrar la libertad con sus vecinos del oeste. La dictadura comunista se derrumbó en cuestión de meses. El 3 de octubre de 1990, Alemania volvió a convertirse en un único país.

El régimen germano-oriental llegaba a la caída del Muro hecho añicos, además de presionado desde el Moscú de la Perestroika, y las semanas que siguieron a esa noche mágica en la historia reciente de Alemania acabaron de desencajar sus piezas.

En los meses precedentes había crecido hasta lo insostenible el peso de las protestas en toda la RDA y las fugas de miles ciudadanos a través de los países vecinos, al tiempo que el aparato comunista se tambaleaba de relevo en relevo.

El 7 de octubre, el 40 aniversario de la RDA, el último jefe del Estado y del partido de la ortodoxia germano-oriental, el dictador Erich Honecker, había tenido que ver cómo "su" pueblo aclamaba como un héroe a Mijaíl Gorbachov, de visita en Berlín.

Once días después se retiraba y tomaba el mando Egon Krenz, un delfín con tintes reformistas, quien se convirtió en secretario general del Partido Socialista Unificado Alemán (SED) el 7 de noviembre - dos días antes de la caída del Muro - y que no se sostuvo al frente de la RDA ni dos meses, ya que el 6 de diciembre dimitió.

El canciller Helmut Kohl había pisado el acelerador de un proceso reunificador que negociaba directamente con Moscú y las otras potencias vencedoras de la II Guerra Mundial - Francia, Reino Unido y EEUU - además de con sus socios de la UE.

La RDA era un convidado de piedra, con un último jefe del Gobierno, Hans Modrow, aún surgido del aparato y de mandato efímero.

El 18 de marzo de 1990 se celebraron las primeras elecciones libres en la RDA, que ganó una alianza liderada por la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Kohl y colocó al frente del gobierno germano-oriental a su correligionario Lothar de Maizière.

Con este formato se entró en la última fase negociadora, que derivó en la entrada en vigor de la unión monetaria y económica de las dos Alemanias, el 1 de julio de 1990, a modo de primera piedra de la reunificación política.

El 23 de agosto, la Cámara del Pueblo aprobaba la incorporación de la RDA en la República Federal (RFA) y el 3 de octubre se suscribía el Tratado de Unidad entre ambos Estados, con las firmas del ministro del Interior de Kohl, Wolfgang Schäuble, y de De Maizière.

Un país dejó de existir con esa firma. Varios de sus antiguos jerarcas - como Honecker y Krenz - respondieron luego ante la justicia por las muertes en la frontera interalemana.

El juicio contra Honecker fue sobreseído por razones de salud y murió exiliado en Chile; Krenz agotó los recursos contra lo que llamó "justicia de vencedores" y fue a prisión. Y a Modrow se le condenó por fraude electoral en las municipales de mayo de 1989.

Los procesos por las muertes del muro alcanzaron a más de 50 exmandos de la RDA, en distintos grados de jerarquía, mientras que las carreras de algunos políticos quedaron manchadas por su colaboración pasada con la Stasi.

Miles de ciudadanos, catedráticos o funcionarios perdieron sus puestos por haber sido confidentes -voluntarios o forzados- de la temida policía secreta del régimen.

Ni el destino de los exjerarcas ni una presunta añoranza de la dictadura determinaron el surgimiento de la llamada "Ostalgie" - juego de palabras para nostalgia y "Ost", este en alemán. Más bien la empujaron los intentos de arrinconamiento a que se sometió a los poscomunistas tras la reunificación, que se plasman aún en ataques a La Izquierda, la primera fuerza de la oposición, a la que se sigue etiquetando de "heredera del régimen".

Por "Ostalgie" se entendió la sensación de que la apisonadora reunificadora barrió lo que fueron las supuestas señas de identidad de los 16 millones de ciudadanos de un país políticamente extinguido.

Pero todo ello cedió, en la medida que amainaron los desniveles económicos entre el este y el oeste, aunque subsiste en locales berlineses de "estética RDA" para turistas y noctámbulos.

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