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Brasil: La próxima ficha a caer


Miles de brasileños salen a las calles para exigir la destitución de Rousseff

En el último año Brasil ha perdido la mitad de su poder adquisitivo, la inflación ha retornado y su crecimiento económico es negativo.

La ola democratizadora latinoamericana avanza sobre Brasil a pasos agigantados barriendo todo vestigio izquierdista de apoyo al castro-chavismo.

El gigante sudamericano, a pesar de ser una democracia real –muy lejos del estilo "socialismo del siglo XXI" patrocinado por Cuba y Venezuela– ha apoyado, sin embargo, los desmanes dictatoriales castristas y chavistas, enfrentando ahora la ira popular que pide su expulsión del Gobierno "de cualquier manera".

Brasil es gobernado por el mayor partido de la izquierda latinoamericana, el Partido de los Trabajadores, PT, pero para nada es el mayor partido político de Brasil. El PT gobierna hace más de 12 años gracias a la alianza que hizo con el mayor partido brasileño, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño, PMDB, nada menos que de centro derecha. De manera que siempre ha dependido –ahora más que nunca– de este partido mayoritario en todo el país.

La corrupción ha sido la marca de la izquierda brasileña. Cuando gobernó Lula da Silva, Brasil se vio inmerso en el escándalo del "mensualon", que llevó a la cárcel al ejecutivo en pleno del PT por ladrones. Da Silva salvó su piel gracias a muchos empresarios y políticos cómplices e influyentes, que ahora –10 años después– están en la cárcel por los mismos delitos de corrupción, dirigidos otra vez por el mismo PT, que junto a Lula está siendo investigado.

La situación ahora es tan grave que se ha instaurado un proceso de impeachment contra la actual presidenta Dilma Rousseff, heredera del poder de Lula –y como su jefe– alta dirigente del PT. Brasil ha vibrado este año con tres gigantescas manifestaciones a lo largo y ancho de su geografía pidiendo la renuncia de la Presidenta, representante de un partido que quería "un país decente" y lo que ha hecho es instalar la mayor cuadrilla de bandoleros en el Gobierno.

En el último año, Brasil ha perdido la mitad de su poder adquisitivo, la inflación ha retornado y su crecimiento económico es negativo. Ya las poderosas confederaciones empresariales han pedido el impeachment de la Presidenta, en la seguridad que Brasil no tiene solución económica sin la salida de Rousseff de la presidencia y del partido de gobierno en el poder.

El partido aliado del PT dentro del gobierno, el PMDB, es presidido nacionalmente por Michel Temer que, a su vez, es el vicepresidente de la República Federativa de Brasil como base de la alianza entre ambos partidos. Temer acaba de romper con la Rousseff de ojo en la posible sustitución de la presidenta, por lo cual –siendo su partido mayoritario en el Congreso– la sustitución de Rousseff por Temer en la Presidencia es una simple cuestión de tiempo.

Este episodio político –la expulsión del Gobierno de un procastrista electo– que ahora se escenifica en Brasil con Dilma Rousseff, dice claramente lo pernicioso de la coalición de un partido democrático con los partidos procastristas –como ocurre actualmente también en la Nicaragua de Daniel Ortega– augurando el final obligado de la corrupción implícita en semejante alianza oportunista, siempre nefasta, no sólo para las arcas públicas de Nuestra América, sino para la libertad y es el espíritu democrático en toda Latinoamérica.

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