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"Hemos crecido en cantidad a lo largo y ancho del país", dijo la líder de las Damas de Blanco, y agregó que ahora se han convertido en un movimiento defensor de los derechos Humanos.

Berta Soler, líder del Movimiento Damas de Blanco Laura Pollán, guía cada domingo la caminata por Quinta Avenida en Miramar, La Habana. Las mujeres, que en muchas ocasiones suman más de 100, caminan en silencio. Hieráticas, portando un gladiolo como signo de resistencia, repiten, al final de cada caminata y en coro, una oración por los presos políticos. Claman, además, por libertad durante algo más de un minuto, como un mantra de cohesión. Esa persistencia dentro de la misma liturgia ha conseguido lo más difícil para el movimiento cívico en Cuba: la apropiación subversiva del espacio público en un régimen de dictadura.

Solo porque continúan allí, podemos hablar de metros reconquistados de nuestra Isla. Por eso el movimiento recibe múltiples ataques. Soler es consciente de que "el poder primero te ningunea, luego se ríe de ti, luego te ataca y, finalmente, ganas", como decía Gandhi.

¿Qué está haciendo Berta Soler para superar lo que ha sido una crisis dentro del Movimiento?

Bueno, realmente no pienso que haya sido tan crisis ni tal separación natural, sino inducida. Son problemas, zancadillas que el gobierno cubano ha estado estudiando durante casi tres años para liquidar, acabar y disminuir los miembros de la organización Damas de Blanco. Para nosotras es un momento de estar unidas y fortalecernos. Prepararnos y organizarnos cada vez más con disciplina, pero con un reglamento que tenemos en la mano desde noviembre de 2011, aprobado por 57 Damas aquí en la sede después del deceso de Laura Pollán. Nuestro objetivo es continuar nuestra lucha no violenta por la libertad de los presos políticos y el respeto a los derechos humanos, quiera o no el gobierno cubano. Ya seamos 500, 400, 50 o 40, vamos a continuar.

Háblanos de las delegaciones dentro y fuera del país.

Tenemos una delegación en Guantánamo con 28 miembros, dentro de esa cifra, siete del municipio Caimanera. También en Santiago de Cuba tenemos 34 Damas de Blanco: una delegación en Palma Soriano de 17 y otra en la ciudad de Santiago de Cuba también de 17. En Holguín tenemos 48 Damas de Blanco, en Bayamo tenemos 12, en Santa Clara otras 12 y en Matanzas 28. Aquí en La Habana hasta este momento somos 140. Por otra parte, todas las que están en el exilio se siguen considerando Damas de Blanco. Blanca Reyes, por ejemplo, es nuestra representante en Europa. Y muchas otras en el exilio.

¿Cuánto ha cambiado el movimiento desde su fundación?

El movimiento ha cambiado. Nosotras solamente éramos alrededor de 70 mujeres, familiares de los 75, y las demás eran Damas de Apoyo. Cuando el gobierno cubano decidió, a través de la iglesia católica, darles licencia extrapenal a estos hombres para que salieran al exilio, previo acuerdo con el gobierno español, quedamos 12 familias nada más. Pero junto a estas mujeres de apoyo, que dejaron de serlo para asumir el nombre de Damas de Blanco, hemos crecido en cantidad a lo largo y ancho del país. Entonces, no teníamos delegaciones, solamente marchábamos en La Habana. Nos convertimos en un movimiento de defensa de los derechos humanos, además de abogar por la libertad de los presos políticos.

También ahora tenemos proyectos con la comunidad, les hacemos llegar a los niños cosas que necesitan, como utensilios para la escuela, zapatos, ropa, juguetes. Rescatando aquello que el gobierno cubano hizo que se perdiera, como el Día de los Reyes Magos. Desde el 2004, en vida de Laura, rescatamos esta tradición, primeramente con los hijos nuestros y después la hicimos extensiva a niños de nuestras comunidades. A las madres también tratamos de ayudarlas, con detergente, jabón y aceite; ya para muchas familias cubanas estos productos son de lujo. Ayudamos a personas que han sido desalojadas, conduciéndolas hasta las organizaciones de la sociedad civil que brindan asistencia legal frente a esta y otras clases de abusos. También hacemos actos de presencia cuando estas personas deciden ocupar un lugar de los que están deshabitados.

¿Cómo se llega a ser Dama de Blanco?

Primeramente, tienes que tener valor, combinado con ser una mujer no violenta. Te damos un reglamento para que lo estudies y determines si puedes cumplirlo a cabalidad. Te preguntamos muchas cosas, insistiendo en qué es lo que te motiva a entrar al movimiento. Nuestro reglamento recoge muchas cosas. No puedes provocar a nadie, tampoco responder a la provocación. Debes ser una mujer correcta en tu vida social, lo mismo en tu vecindario que en un ómnibus o en la calle. No puedes públicamente usar palabras que intenten dañar o descalificar a ninguna persona, a ningún activista de derechos humanos u organización dentro o fuera de Cuba. Buscamos cantidad y calidad, pero si hay que escoger nos quedamos con la calidad.

¿El movimiento ofrece alguna ayuda para aliviar las necesidades de sus integrantes?

Realmente, en Cuba hay una pobreza generalizada. Aquí el único que tiene recursos es el gobierno. En la población hay una parte que tiene familia fuera de Cuba y los ayuda, pero hay muchos que no tienen. Nosotras estamos muy agradecidas a los exiliados cubanos, a las personas de buena voluntad y las ONGs que recaudan dinero a través de almuerzos, galas o vendiendo broches con la figura de un gladiolo -como vi en Alemania-, todo ello destinado a ayudar al movimiento. Nos llega esta ayuda a través de la agencia Western Union, con total transparencia. La ayuda nos sirve para poder tener algún alimento. O, por poner solo un ejemplo, para regresar a casa cuando la policía, bajo las órdenes de la seguridad del Estado, nos deja en un lugar muy distante de nuestro hogar después de una detención arbitraria. La ayuda es mínima, pero representa un alivio para quien no tiene nada.

Háblanos del legado de Laura Pollán…

No personalizar los conflictos. Si nuestro movimiento se llama Laura Pollán es por algo. Laura fue una mujer digna, con principios. Siempre quiso la libertad de los presos políticos y el respeto a los derechos humanos en este país. Por eso cuando a su marido lo fueron a excarcelar y le propusieron, como a los demás, salir del país, ella les dijo: "váyanse ustedes, yo me quedo, porque todavía hay muchos hombres y mujeres en Cuba presos por motivos políticos". Laura nunca quiso que el movimiento se dividiera. Entonces pienso que quien intente dividir este movimiento está traicionando el legado de Laura Pollán. Yo digo que mi hermana, mi amiga, mi madre, Laura Pollán, puede estar segura que yo, Berta Soler, con todas las fuerzas de mi corazón voy a seguir su legado.

¿Por qué la palabra disciplina es una clave dentro del Movimiento?

Si no eres disciplinada no hay respeto por y para ti. Si en 11 años y medio hemos hecho historia, sin experiencia ninguna y sin ser un partido político, es porque hemos ganado respeto. En una casa tiene que haber disciplina y respeto para que las cosas marchen bien; en una organización es lo mismo. Tú puedes ser muy valiente pero si no tienes disciplina las cosas no te irán bien.

¿Cómo Berta Soler ha asumido el desafío de liderar un movimiento femenino como las Damas de Blanco y cuáles han sido los momentos más difíciles?

He tenido dos etapas muy difíciles en estos tres años. La primera fue cuando perdí físicamente a Laura Pollán, porque éramos un binomio perfecto que el gobierno cubano trató muchas veces de romper y no pudo. Lo que hicieron fue quitármela, sacármela de al lado, dándole la muerte. Pasé unos momentos muy difíciles, porque el gobierno cubano decía que la negra analfabeta no tenía cabeza y no iba a poder llevar las Damas de Blanco. Pues me subestimaron y lo que hice fue crecerme. Me crecí para que vieran que no era así. Al cabo de tres años ellos han tenido preparada, como en un laboratorio, una maniobra para destruir desde dentro a las Damas de Blanco. Pero pienso que como ando al lado de Cristo y Él está conmigo, y ando con la verdad y con claridad, voy a poder sobrellevar la situación.

Lo único que yo digo es que cada persona está en el derecho de ejercer sus libertades. En la libertad de fundar una organización o de militar en un partido político. Lo único que pido es darle tiempo al tiempo. El tiempo es el único que va a decir qué es cierto y qué no es cierto. Pero también yo les deseo a todas las personas, a todas las mujeres que no quieran estar porque no simpaticen con Berta Soler o porque no quieran ajustarse al reglamento y quieran fundar un nuevo movimiento, un nuevo grupo, que Dios las bendiga y tengan éxito en su vida como activistas de derechos humanos.

Esta entrevista fue publicada originalmente en CUBANET.

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