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La relación de Obama con América Latina


El presidente estadounidense, Barack Obama (c-atrás), habla durante una cena de trabajo con sus pares de los países miembros del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA).

No tiene sentido combatir a los carteles de la droga en México y América Central cuando son los americanos los que consumen más drogas.

Lo mejor que uno puede decir de la política del Presidente Barack Obama con respecto a la América Latina es que le ha prestado tan poca atención a la región que no ha cometido ningún error garrafal.

Si uno estudia la política norteamericana en el Oriente Medio uno puede señalar varios errores tanto grandes como pequeños cometidos por la administración del Presidente Obama.

La muy cacareada Primavera Arabe ha pasado a ser un invierno cruel donde los Estados Unidos ha tenido que dar explicaciones por su política a su mejor aliado en la región, mientras que suma los desaciertos cometidos con los países árabes de la zona.

Siria utilizó armas químicas contra su propio pueblo y hoy día parece que su presidente Bashar Hafez al-Assad esta más afianzado al poder que en ningún otro momento desde que comenzara la guerra civil. El gobierno de Estados Unidos ha debatido hasta la saciedad si proporcionar ayuda militar o no a los que pelean en contra del régimen, pero nunca se decidieron a hacerlo. Ahora parece que los grupos rebeldes más fuertes en el país tienen vínculos con Al-Qaeda.

En Irán el Secretario de Estado John Kerry ha llegado a un pre-acuerdo sobre los esfuerzos de Irán en obtener una bomba nuclear. Este pre-acuerdo ha satisfecho a pocos en Washington. El presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senador, Bob Menéndez (D – N.J.) es uno de los senadores de ambos partidos que están listos a aprobar sanciones aún más fuertes si el pre-acuerdo de Kerry no da frutos.

No hay que decir que las relaciones con Israel nunca han sido peores. Obama y el Primer Ministro Israelí Benjamin Netanyahu nunca han tenido buena química. El acuerdo con Irán no le agradó a Israel, quien tiene más que perder que nadie si Irán logra tener una bomba atómica.

Las relaciones con América Latina palidecen en importancia en comparación con los problemas que tiene Estados Unidos en otras regiones del mundo.

Así y todo, pocos gobiernos en el hemisferio respetan la política estadounidense en la región. La Presidenta de Brasil, Dilma Rousseff se molestó tanto con la noticia que la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) monitoreaba su teléfono celular que canceló un viaje a Estados Unidos.

A pesar de la ayuda que Estados Unidos le proporciona a México en sus cruenta lucha contra los carteles de la droga, Obama ha hecho poco por mejorar las relaciones comerciales con México y otros países de la zona. El gobierno tardó cinco años en aprobar los tratados de libre comercio negociados por el Presidente George w. Bush con Colombia, Perú y Panamá.

Hace muchos años un profesor universitario dijo que Estados Unidos siempre miraba al este y al oeste en sus relaciones internacionales – al este con vistas a Europa y Gran Bretaña y al oeste con China y Japón.

Durante un tiempo Estados Unidos le prestó atención a América Latina para asegurarse que los países de la zona no cayeran in la órbita soviética, como había ocurrido con Cuba. El temor al comunismo obligó a Estados Unidos a prestarle algo de atención a las naciones de nuestro continente. Pero con la caída del Muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética, Estados Unidos se considera la única súper potencia en el mundo y por ende no tiene que prestarle mucha atención a la América Latina.

Debía de ser todo lo contrario pues bajo las narices de Estados Unidos muchas naciones del hemisferio han adoptado políticas izquierdistas. Entre ellos están: Venezuela, Argentina, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y Cuba– todas con una política anti-americana.

Ahora la administración de Obama dice que quiere que su política exterior haga un giro hacia el Pacífico – China y Japón. Tiene sentido el principio. Pero no si esto conlleva seguir ignorando a las naciones al sur de la frontera.

No creo que construir un muro en la frontera entre México y Estados Unidos sea una política inteligente. Si los Estados Unidos quiere ganar la guerra a las drogas, debe empezar por controlar el consumo de las mismas en el país. No tiene sentido combatir a los carteles de la droga en México y América Central cuando son los americanos los que consumen más drogas.

El gobierno de Obama tiene que revisar su política latinoamericana. Tiene que fijar nuevos objetivos que demuestren lo importante que la región es para los Estados Unidos. Hay que aumentar el intercambio comercial en el hemisferio.

Y por encima de toda hay que darle preferencias a los países democráticos de la zona. Es hora que Estados Unidos vuela a criticar a los países que violan los derechos humanos y a los que permanecen en el poder por la fuerza.

Guillermo I. Martínez reside en el sur de la Florida. Su dirección electrónica es:
Guimar123@gmail.com

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