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¡A bailar casino, compañeros!


Jóvenes bailan una rueda de casino en La Habana, un baile popular en Cuba desde la década de 1950.

La convocatoria al Encuentro Mundial de Bailadores de Academias de Casino y Salsa “Baila en Cuba” es comparada con la organizada por la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC)el 31 de marzo de 2007.

Cubadebate publicó que el Comité Organizador del Encuentro Mundial de Bailadores de Academias de Casino y Salsa “Baila en Cuba”, aspira a batir el récord Guinness con una rueda de casino de más de mil parejas que se realizará en La Habana el próximo 25 de noviembre.

El anuncio de esta rueda gigante me recordó aquella más modesta –de 600 personas- y deslucida que organizó la Unión de Jóvenes Comunistas el 31 de marzo de 2007 y que tuvo lugar nada menos que en la Plaza de la Revolución.

Por entonces, a la UJC le había dado por promover el casino, un baile surgido a inicios de los años 50 en los elegantes salones del Casino Deportivo.

Aquella iniciativa del Konsomol castrista no prosperó. ¿Se imaginan lo divertido que debe ser bailar por directivas y orientaciones “de arriba”?

En Cuba, un país de bailadores, durante décadas no hubo sitios para bailar. Hoy apenas los hay. Si no son los bailables que organiza el gobierno los dos primeros días de enero para festejar el triunfo de la revolución, para menearse y mover los pies solo hay unos pocos sitios, pensados para hijitos de papá y turistas en busca de jineteras, con precios que los hacen inaccesibles para la mayoría de los cubanos.

Hace cuarenta años, bailar era una aventura que podía terminar en un hospital o en la cárcel. Se bailaba en riesgosos carnavales bajo la vigilancia de guardias con uniformes verdes, porras más duras que las actuales tonfas y cascos blancos, siempre prestos a caerte encima y molerte a golpes para preservar el orden y la tranquilidad ciudadana.

Guardias del MININT registraban y cacheaban minuciosamente a hombres y mujeres a la entrada del Salón Rosado de La Tropical o del Salón Mambí de Tropicana, los dos únicos sitios en que se podía bailar en La Habana de finales de los 60 y principios de los 70. El primero era un maltrecho parque con jardines; el segundo, un parqueo. Ambos en Marianao, estaban amurallados y tenían una sola y custodiada entrada. Por ella no era muy difícil salir esposado, herido o muerto.

Casualmente, dos de los temas más bailados allí eran “El perico está llorando” y “La compota de palo”.

La rueda gigante que aspira a romper el récord Guinness estará vigilada por la Seguridad del Estado

Cuando a los comisarios culturales les dio por preocuparse por la salud de la música popular cubana y por reclamar la paternidad del son sobre la salsa, los cubanos preferían cualquier música, cualquiera, hasta la de Los Pasteles Verdes, antes que la música nacional. Fue preciso que viniera al Festival de Varadero de noviembre de 1983, el venezolano Oscar D' León con los sones reciclados de Benny Moré para un par de semanas después del luto riguroso por los muertos del descalabro de Granada, poner a los cubanos a bailar casino.

Después se siguió bailando algo parecido al casino, pero la timba es muy rápida para andarse ocupando de marcar pasos y los bailadores cubanos, de tan adictos al reguetón y sus fusiones se han vuelto demasiado inquietos, tumultuosos, erotizados y desinhibidos, por no decir chusmas, que tan feo suena. Para la mayoría, el casino tal y como es, se les hace algo así como el minué y el rigodón que se bailaba en el Palacio de Versalles.

La rueda gigante que aspira a romper el récord Guinness estará vigilada por la Seguridad del Estado, como todo en este país. Ojalá que los segurosos no se pongan nerviosos y malinterpreten las instrucciones y órdenes de los que guíen el baile.

Cuando digan “dame una” o “dame dos”, no pensarán en vueltas, sino en merolicos y ventas ilícitas. Capaz que cuando oigan “pártele el brazo”, presientan amenaza de indisciplina social. Y se les dispararán todas las alertas si ponen aquello de Pupy Pedroso que dice “pum, pum, pum, te maté”. Y sabe Dios qué sospechen, ellos siempre tan mal pensados, si escuchan gritar “aplasta a la cucaracha”…

De cualquier modo, no hay que preocuparse: el Departamento de Seguridad del Estado, siempre tan eficiente, se ocupará de esclarecer las dudas.

Este artículo fue publicado originalmente en Cubanet, el 2 de noviembre de 2015.

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    Luis Cino Álvarez

    Luis Cino Álvarez (La Habana, 1956). Trabajó como profesor de inglés, en la construcción y la agricultura. Se inició en la prensa independiente en 1998. Entre 2002 y la primavera de 2003 perteneció al consejo de redacción de la revista De Cuba. Es subdirector de Primavera Digital. Colaborador habitual de CubaNet desde 2003. Reside en Arroyo Naranjo.

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