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Autoridades acomodan una tibia bienvenida a Obama


Balcón de una casa en La Habana (14 de marzo, 2016).

Empresas y ministerios sugieren –con visos de mando– que no es necesario apoyar o asistir a los actos públicos donde estará el presidente Obama.

Obama llegará a La Habana el 20 de marzo. No obstante, en la isla continúan las detenciones arbitrarias y no vemos el más mínimo progreso en relación a los Derechos Humanos ni al respeto de las libertades básicas.

Nos aflige a todos los cubanos porque, aunque muchos compatriotas no lo quieran aceptar, o no entiendan, es incuestionable:

La agenda del presidente de Estados Unidos es mucho más amplia que las fronteras de una isla.

50 años de conflicto no lograron ningún avance significativo y Washington y La Habana decidieron dejar de ser los mejores enemigos para convertirse en respetuosos vecinos.

No sé por qué no lo vieron, si ha sido y es una constante en la historia; los griegos y los romanos siempre estaban inventando nuevas e ingeniosas formas de influenciar en sus contrarios.

El enfrentamiento sólo es bueno cuando existe un margen amplio de ganancias. Quizás por ello, y a pocas horas de la llegada a la capital cubana, las encuestas revelan que en las calles habaneras, Barack Obama es más popular que George Clooney.

De verdad, a Raúl Castro no le place ese entusiasmo con el visitante.

Su dossier tiene siempre dos vertientes: una, la que compete a Cuba y a los cubanos; y la otra, un puntual objetivo, mover la opinión internacional y acaparar titulares de revistas y noticiarios, para beneficio propio.

Con más de 2.400 arrestos en los dos primeros meses del año, el discurso para los cubanos es la eterna constante… "No vamos a cambiar, vamos a seguir reprimiendo, tenemos el poder y los negocios en mi finca se hacen con los militares; los yumas que ni se embullen".

Por su parte, de la puerta para afuera, para el mundo, el mensaje es directo y sin necesidad de articular: "Uno puede ser dictador, uno puede reprimir, uno puede disfrutar de ganancias generadas por las propiedades ilegalmente confiscadas a Estados Unidos y recibir como premio la visita del presidente norteamericano".

Claro, detrás de todo ese perfil troglodita y bravucón, en la cúpula castrista urge el Peptobismol.

Durante estos días, el Gobierno de la isla hace como que armoniza y mantiene un comportamiento comedido ante el acercamiento de Estados Unidos.

Obligado a remover su sostenida imagen de David contra Goliat, ordenó a varios de sus fieles lugartenientes que empresas y ministerios sugieran –con visos de mando– a los trabajadores que no es necesario apoyar, o asistir, a los actos públicos donde estará el presidente Obama.

Me comentó un trabajador de CIMEX, funcionario en activo, y exoficial de las FAR: "Nos dicen que no es importante ir a recibir a Obama, y que los actos se verán mejor en la transmisión de la televisión. Todo será muy formal, sin mucha algarabía".

Verde y con puntas: ¡Guanábana!

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    Juan Juan Almeida

    Licenciado en Ciencias Penales. Analista, escritor. Fue premiado en un concurso de cuentos cortos en Argentina. En el año 2009 publica “Memorias de un guerrillero desconocido cubano”, novela testimonio donde satiriza  la decadencia de la élite del poder en Cuba.

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