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El asesinato de una mujer en la intersección de las calles Compostela y Muralla, en la Habana Vieja, revela que la criminalidad en la capital cubana es un problema sin solución.Los hechos ocurrieron alrededor de las 11 de la mañana del 31 de marzo. Testigos presenciales confirman que el asesino le asestó una sola cuchillada en el pecho. “Ella estaba hablando con otra mujer y el tipo la atacó sorpresivamente. Me imagino que fue por celos, afirmó un vecino del lugar.

El día anterior en las inmediaciones de la tienda El Cadete, ubicada en la esquina de Águila y Monte, también en La Habana Vieja, otra mujer murió en circunstancias similares. La diferencia consistió en el ensañamiento del victimario. “La convirtió en un colador. El barrio está que arde. Las broncas, los asaltos y los apuñalamientos se han convertido en algo natural. Yo evito salir de noche. Hay que precaver”, expresó una señora que reside cerca del lugar de la tragedia.

Por otro lado se conoció del hallazgo, esta vez en el municipio Plaza, de dos extranjeros muertos dentro de un depósito de basura. Se comenta que los occisos eran de nacionalidad italiana. Se desconoce la fecha en que fueron descubiertos los cadáveres, entre otros pormenores del sangriento episodio.

La semana pasada fue visible la presencia de automóviles con chapa diplomática y del Ministerio del Interior, en una sede del Departamento Técnico de Investigaciones (DTI), situada en la calle Zulueta entre Dragones y Teniente Rey. Es muy probable que el despliegue estuviera vinculado a las muertes de los turistas.

La reciente publicación en los medios de comunicación oficiales, de un asesinato múltiple, y perdonen la redundancia, también ocurrido en La Habana Vieja, es solo la punta del iceberg. Es raro que estos casos sean reflejados en los órganos de prensa bajo control gubernamental.

Ante el aumento de la criminalidad es hora de reformular la política informativa. Otorgarle espacios a estos eventos es una manera de concientizar a la población de los peligros que acechan en la sociedad a partir del curso ascendente de la violencia

En la capital ningún barrio es seguro. En cualquier calle o vecindario ocurren las peores fechorías. Así que el control social que practica el Estado es más deficiente de lo que podría suponerse.

La estandarización del robo en todas sus facetas, las corruptelas, el crecimiento de la marginalidad, el tráfico de estupefacientes y el alcoholismo, sin dejar de mencionar los alarmantes índices de asesinatos, describen el fracaso de un sistema que alguna vez catalogaron como paradigma.

Los encomios al sistema educativo y a la racionalidad del comportamiento ciudadano son clichés que no resisten las pruebas de los acontecimientos. El sistema se ha convertido en una incubadora de asesinos y marginales. La vulgaridad y el uso de la fuerza extrema en la solución de los conflictos son dos características heredadas de un modelo que impusieron a punta de pistola y que nos mantiene al borde del caos.

Aunque se empeñen en ocultarlo la ingobernabilidad es verificable en todo el país. La situación, dicha a lo cubano, se fue de rosca.

Publicado en Cubanet el 7 de abril del 2014

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