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Artista plástico cubano recuerda que Miami es ventanas de cafeterías


La Casa Blanca. Archivo.

Desde que se convirtió en el primer gay y el primer poeta hispano en una juramentación presidencial hace casi dos años, Blanco ha viajado por Estados Unidos dando lecturas, escribiendo poemas y ensayos.

El poeta que estuvo en la juramentación presidencial de Barack Obama en 2013, se crio aquí, recogiendo experiencias e historias como hijo de exiliados cubanos que sentarían las bases de su obra escrita e inspiraría su nuevo libro de memorias "The Prince of Los Cocuyos".

Desde que se convirtió en el primer gay y el primer poeta hispano en una juramentación presidencial hace casi dos años, Richard Blanco ha viajado por Estados Unidos dando lecturas, escribiendo poemas y ensayos, además de presentar dos libros. Se ha convertido en un portavoz literario que aboga por un país más incluyente y revelando sus propias batallas para llegar a un acuerdo con su identidad como gay. Sigue viviendo en Maine, pero al igual que sus padres que soñaban con regresar a Cuba, el sueña con otro lugar: Miami.

"Una de las cosas que más me fascina es cómo los paisajes físicos se entrelazan con los paisajes emocionales", dijo. "Todo lo que sucede en nuestra vida sucede en un lugar y Miami es sin duda ese lugar desde que tenía 3 años de edad".

"The Prince of Los Cocuyos" lleva a los lectores al Miami de las décadas de 1970 y 1980, donde la familia de Blanco fue una de las decenas de miles que construyeron una nueva vida después de huir de la revolución de Fidel Castro. Fuerte y nostálgico, Blanco se avergonzaba de escuchar la música salsa de sus padres y de la carne de puerco asada que servían en su familia para el Día de Acción de Gracias. Él quería ser estadounidense: música de la nueva ola, tarta de calabaza, pavo en Acción de Gracias.

En una serie de historias entrelazadas, Blanco describe una infancia marcada por la pérdida, el humor y toques de una tierra exótica llamada América. En "Losing the Farm", relata el intento de su abuelo de recrear el gallinero que tenía en Cuba en el patio trasero de la casa de la familia en los suburbios de Westchester ("Guescheste", como pronuncian muchos cubanos), para gran disgusto de la policía encargada de hacer cumplir la ley de Miami.

En "It Takes Un Pueblo", describe sus fines de semana y veranos trabajando como empleado en una pequeña tienda de comestibles de su tío abuelo, El Cocuyito, o la pequeña luciérnaga. Su a veces abusiva abuela le dijo que trabajara ahí, para que Don Gustavo "hiciera de él un hombre".

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