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La violencia de género como arma política


Escritor Amir Valle abraza a Ángel Santiesteban Prats, en un foro literario en Cuba.

Santiesteban demostró no ser un maltratador desde un primer momento, pero no bastaba con desmontar la acusación, sino hizo falta un puñado de voces prestigiosas que estuvieran con él.

En una entrevista de Radio Martí al escritor Ángel Santiesteban, liberado condicionalmente hace pocos días, se le rajó la voz cuando tocamos el tema de la violencia doméstica, más específicamente el de la violencia de género. La emboscada que a todas luces le tendió el régimen de La Habana está claro que afecta el lado emocional del artista y disidente. No es fácil quedar en tela de juicio en un asunto tan detestable como este.

Santiesteban demostró no ser un maltratador desde un primer momento, pero no bastaba con desmontar la acusación, sino hizo falta, a lo largo del tiempo –que no fue corto–, un puñado de voces prestigiosas que estuvieran con él. Muchos escritores del patio, con obra publicada y nombre conocido, le dieron la espalda en un momento tan puntual. Esto quiere decir que, más allá de la cárcel, Santiesteban tendría que arrastrar con la duda del prójimo el resto de su vida; esto como mínimo.

Y no es especulación. Un conocido artista, de visita en Miami, comentó a este cronista, hace alrededor de un año, estar seguro de que Santiesteban es un maltratador. El nombre de este artista queda en la reserva porque se trata de una buena persona. Ahora bien: ¿cómo una buena persona y, además, inteligente puede llegar a confundirse?

Nada casual el tema elegido por los aparatos de Inteligencia castrista. Santiesteban había dado muestras de no retroceder un milímetro en sus convicciones y, lo peor para el régimen, de no cancelar su blog. Un blog independiente que exprese el punto de vista de un ciudadano común es una prueba absoluta si se quisiera emplear en la arena internacional. Tratándose del blog de un profesional de la palabra escrita, también con obra publicada y premios en su haber, el resultado ante el mundo sería mucho mayor.

No fue el presidente Obama sino internet el primer elemento que marcó el comienzo de un cambio. Contra internet, contra las nuevas tecnologías, no hay nada que hacer. La dictadura se enfrenta ahora a la dicotomía de querer ganar dinero con los teléfonos y cortar y espiar las líneas al mismo tiempo. Así no se puede. No habrá manera de avanzar con métodos tan rudimentarios.

La liberación condicional de Santiesteban –no ha sobreseído su condena, que quede claro– podría estar enviando una señal a Obama de que la dictadura sigue abierta a los canjes de prisioneros, pero continúa encima del burro.

No importa el daño hecho. Siempre Castro (el viejo Castro) ha utilizado los peores métodos de destrucción física y psicológica para enviar señales de todo tipo. El tema de la violencia de género estaba encima del tapete y, de cara al mundo, podría resultar una estrategia expedita para reprimir, sin que nadie alzara la voz en defensa del reo.

Pero, entre otros, el escritor Amir Valle, desde Alemania, también con obra publicada y prestigio internacional suficiente, regaló su nombre para sacar a Santiesteban de la cárcel, mediante una campaña en las redes sociales. Mientras, el blog del condenado siguió publicándose desde adentro con la cooperación exterior. Quince años atrás nadie se hubiera enterado.

Santiesteban no tiene que demostrar nada ahora. Ya lo hizo en su momento y dejó a los jueces y fiscales sin argumentos, pero como el objetivo era desestabilizarlo emocionalmente de manera definitiva, la cárcel estaba en el trabajo de mesa.

Cuando se le raja la voz creemos que es por la impotencia. O mejor, por la certeza de conocer hasta dónde puede llegar la maldad. Sus cartas desde la cárcel transmitían todo el tiempo paz. Y uno se preguntaba aquellos días: ¿Cómo es posible?

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    Jorge Ignacio Pérez

    Nació en La Habana en 1965. Luego de ser tanquista en el servicio militar obligatorio, se graduó en la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana, en 1992. Trabajó como redactor y fotógrafo de prensa, columnista de teatro y editor en varias publicaciones de la isla. En 2001 se exilió en Barcelona, hasta el año 2012 en que se afincó en Miami, donde reside actualmente. Fue editor del portal on line de asuntos cubanos Cubanet.org. Desde 2007 lleva el blog personal Segunda Naturaleza. Además del libro de memorias Historias de depiladoras y batidoras americanas (Neo Club Press Ediciones, 2014), tiene otro inédito titulado Pasajeros en tránsito.

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