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Tener una escopeta, el “pecado” de un cubano


Alberto Méndez (hijo) portando una vieja escopeta.

El periodista independiente Alberto Méndez, en reclusión domiciliaria, enfrentaría una sanción de entre tres y ocho años de prisión. Una escopeta calibre .410 de 1911 es la prueba de un supuesto delito. Aquí su testimonio.

Desde Puerto Padre, Cuba, donde reside, el periodista independiente Alberto Méndez narra en un artículo los pormenores de su arresto el pasado viernes en un lugar para él simbólico, "a la entrada del puerto donde las autoridades cubanas y norcoreanas ocultaron, bajo miles de sacos de azúcar en las bodegas del carguero Chong Chon Gang, un cargamento de armas prohibidas por la ONU que pretendían pasar de contrabando por el Canal de Panamá".

Con anterioridad, el periodista había reclamado su derecho constitucional a practicar el tiro deportivo y la caza, que según el artículo 52 de la Carta Magna (“todos tienen derecho a la educación física, al deporte y a la recreación”), y su petición fue dirigida al ministro del Interior Abelardo Colomé Ibarra y al general Raúl Castro, pero su solicitud fue desoída.

Claro, “todos tienen derecho” constitucional si mantienen “una conducta acorde con las normas de convivencia socialista”, dice el Decreto-Ley 260 Sobre Armas y Municiones, apunta Méndez.

"Quienes en Cuba cuentan con licencia para poseer armas deportivas, según el Decreto-Ley No. 262 de 2008 del general Raúl Castro, incluso pueden importar, previo permiso del ministerio del Interior antes de viajar, tanto las armas como sus accesorios y municiones; autorización que avala la importación de escopetas y cartuchos, por ejemplo, ante las autoridades aduaneras. Pero al cancelar mi licencia –no por infracciones administrativas o comisión de delitos, sino por el ejercicio del periodismo independiente, esto es, la Ley Mordaza–, la posibilidad de importar un arma deportiva ya no existía para mí".

Según cuenta, "ya el 22 de julio de 2009 la policía había incautado mi Remington Wingmaster 870 de calibre 12, y cancelado mi licencia para portarla. Todo por mi ejercicio como periodista independiente. Aquello fue un duro golpe, pues practico el tiro deportivo desde que tenía 12 años, y mi hijo menor –que vive conmigo y venía haciéndolo también desde esa edad– ya no podría continuar ejercitándose en su país, mientras su hermano mayor sí puede continuar haciéndolo con toda libertad en Estados Unidos, donde reside".

"En Texas, cuando en lugar de comprar para mi hijo una auténtica escopeta debí optar por traerle de regalo la réplica en plástico de una Remington Wingmaster, lo decidí: ejercitaría mi derecho a la desobediencia civil. No lo haría por mí, ni por mi hijo ni por la escopeta que, con tecnicismos jurídicos y silencios gubernativos, nos fue robada: lo haría por Todos los Derechos conculcados a los cubanos".

“Te están esperando ahí afuera, para cogerte” me dijo alguien. “¡Vamos allá!”, dije yo entonces.

“¿Qué lleva ahí?”, preguntó un policía mientras otros dos le rodeaban, después de bajar del jeep que llegó rápidamente.

“Acaso no ve que es el cañón de una escopeta”, respondió Méndez. Entonces el policía lo tomó pidiéndole el carné de identidad y añadiendo que tenía que acompañarlos.

Méndez recuerda que un instructor penal formuló el siguiente cargo:

“Méndez Castelló, usted está acusado de portación y tenencia ilegal de armas construcción mediante, porque sólo el cañón es de fábrica], que incurre en sanción de privación de libertad de tres a ocho años”, declaró el funcionario.

Según el instructor, "la capacidad del arma para funcionar como tal determinará qué hacer en este caso, por lo que la escopeta será remitida al laboratorio de criminalística para determinar si está apta para el disparo".

“Que lo está”, aseguró el capitán a cargo de la acusación, “porque mire: no tiene gatillo pero si tiene su aguja percutora. Es la mejor escopeta inventada [hecha a mano] que he visto”. El mismo oficial le advirtió además que “mientras se realiza el peritaje y determina el curso de su caso, como no tiene antecedentes penales, permanecerá en su casa, de la que no puede ausentarse”.

Visto así, las puertas y ventanas de su hogar, dice Méndez, "se han transformado en rejas". Pero él, en desobediencia civil, piensa como Thoreau, quien escribió: “Bajo un gobierno que encarcela injustamente, el lugar del justo también es la cárcel”.

El artículo de Alberto Méndez fue Publicado orgininalmente en Cubanet.org

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