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Aduana de Cuba se gira para "bachaqueros" venezolanos


Cada vez es más común ver a los ‘bachaqueros’ vender sus mercancías por las calles (Osniel Carmona)

Cuando estos modernos buhoneros que venden a cubanos y venezolanos arriban a la isla con sobrepeso, o con el peso en regla pero con varias unidades o libras de un mismo artículo, se las decomisan, y en ocasiones les niegan la entrada.

LA HABANA, Cuba.- Las autoridades cubanas comenzaron a aplicar las normas aduanales con mayor rigor a los ‘bachaqueros’ venezolanos, quienes habían descubierto en la isla una buena plataforma para vender cualquier trapo de segunda mano a precios de boutique.

Según denuncian visitantes ‘morochos’, cuando arriban al país con sobrepeso en los equipajes, o incluso con el peso en regla pero con varias unidades o libras de un mismo artículo, sufren el decomiso deliberado de pertenencias y en ocasiones la negativa de entrada, teniendo que regresar a Venezuela con las manos vacías.

El ‘bachaqueo’ gira en torno a la especulación. El término proviene de la “bachaca”, una hormiga grande y de color negro que es común en Venezuela y que, gracias a su talla, puede transportar mayores cargas.

Sin grandes diferencias distintivas, los ‘bachaqueros’ son la versión venezolana de las ‘mulas’ cubanas, y a la vez su más fuerte competidor dentro del mercado subterráneo de la Mayor de las Antillas. Habitualmente ingresan al país en las aerolíneas Cubana de Aviación y AVIASA, cuyos servicios son pobres pero en contraparte ofrecen precios muy económicos.

Aunque el grueso de sus ‘operaciones’ continúa siendo la venta –fundamentalmente de copias– de textiles y calzados facturados en países como Colombia y Panamá, ahora también comercian bisuterías, herramientas de trabajo, artículos para negocios de belleza y estilo, productos de ferretería y cualquier otro al que le puedan sacar unos pesos por encima del costo original.

Algunos venezolanos aseguran que, gracias al ‘bachaqueo’ en la isla, se han logrado comprar una casa y un automóvil.

“Prácticamente vendemos de todo”, nos revela Manuel Plaza, un ciudadano venezolano que asegura haber visitado Cuba en más de veinte ocasiones. “Aquí la gente compra cualquier tipo de cosas, hay mucha necesidad”.

De acuerdo con Plaza, el cambio de postura hacia los visitantes de Venezuela comenzó en septiembre pasado, durante el parón provocado a los servicios aeroportuarios por el huracán Irma .

Con los vuelos suspendidos, ilustra la fuente, cientos de venezolanos acudieron entonces al Aeropuerto Internacional José Martí en busca de información sobre el tiempo que continuarían varados en la isla, así como para reclamar ayuda de la aerolínea responsable de su transportación, pues producto de los retrasos la mayoría se habían quedado sin dinero para rentar alojamiento o costearse una alimentación adecuada.

“Nos mandaron a quejarnos con el presidente Maduro, porque supuestamente nosotros somos delincuentes que viajamos a Cuba para aprovecharnos del pueblo. Comentaron que teníamos que acostumbrarnos a esa ‘vaina’ que de ahí en adelante es lo que nos tocaba”, dijo Plaza.

En el último trimestre Plaza visitó otras cuatro veces el país caribeño, en las cuales, afirma, le fueron ocupados más de noventa kilogramos de mercancías.

“Una sola vez venía pasado de peso, en Cubana de Aviación, pero en Venezuela pagué el sobrepeso a la aerolínea así que no tenían que quitarme los kilitos que traía de más. En otra ocasión, menos los efectos personales, se quedaron con el resto del equipaje”, destacó.

Por su parte, Martha Paula Jaramillo, venezolana que en el municipio Arroyo Naranjo goza de buena reputación por vender copias de perfumes de marcas reconocidas a precios muy bajos, reflejó que el afinamiento de los filtros en la frontera aeroportuaria no es sino un “ensañamiento contra los venezolanos”.

Desde octubre pasado Jaramillo ingresó a Cuba en nueve ocasiones. Su esposo, Carlos Moreno Ramírez, le acompañó en cuatro oportunidades hasta que las autoridades prohibieron de forma definitiva la entrada de este a la isla.

Según relata Jaramillo: “en noviembre tuvimos un primer viaje en el que le quitaron cuarenta kilogramos de cincuenta que traía. A finales de mes regresamos y fue cuando le decomisaron todo el equipaje, le notificaron que no podía volver y a pesar de que reclamamos y exigimos una explicación, porque no estaba violando nada, nadie respondió: mi esposo fue expulsado y ya”.

Sin embargo, amplía, cuando coincide el arribo de venezolanos con vuelos procedentes de Europa o Norteamérica, el trato es diferente.

“Quieren sacarnos del aeropuerto lo más rápido posible, a ellos casi no les revisan, y como saben que los ‘panas’ –venezolanos– ya sabemos cómo funcionan las cosas aquí, evitan que nos pongamos a protestar delante de los demás turistas”, comentó. “El problema es con nosotros, ahora somos los villanos”.

Las ‘cuatro patas al gato’, para salvar el ‘bachaqueo’

Con la ayuda de cubanos, cada vez son más los ‘bachaqueros’ que de manera clandestina abren una pequeña tienda (Osniel Carmona)
Con la ayuda de cubanos, cada vez son más los ‘bachaqueros’ que de manera clandestina abren una pequeña tienda (Osniel Carmona)

A priori, contraer matrimonio con cubanos parece ser la principal solución de los ‘bachaqueros’ para mantener el negocio. Por vez primera los isleños no tienen que pagar una alta suma de dinero por casarse con un extranjero y automáticamente obtener visado al país de este, pues la unión aporta beneficios migratorios que permiten a los venezolanos seguir entrando sus mercancías sin mayores contratiempos.

Antes del recrudecimiento de los controles aduanales, a los cubanos les costaba unos mil dólares contraer matrimonio por negocio con ciudadanos venezolanos, de acuerdo con Liz Amelia Colilla y Brenda Iturria, dos jóvenes ‘bachaqueras’ que casi todas las semanas recorren barrios de las afueras de La Habana pregonando las mercancías que no consiguen ‘colocar’ al por mayor.

“Nos traen tomados del cuello, por eso el negocio del casorio es parejo ahora. Y ciertamente tenemos ventajas porque en el aeropuerto podemos decir que son cosas para la familia; además, traer equipos electrónicos que no nos permitían y las motorinas eléctricas, que son el negocio del momento”, comentó Colilla.

En tiempos de crisis, especular es siempre rentable

Amén de las nuevas dificultades para introducir mercancías al país, el desabasto, la inflación de los precios y la restricción del dólar en la nación sudamericana, abren otra puerta de escape a los ‘bachaqueros’.

Quienes traen, ahora también llevan. De regreso, las maletas viajan repletas de alimentos y productos de aseo, algunos de muy mala calidad, que luego negocian a tono con la demanda que genera la crisis.

Unas cuantas libras de arroz, azúcar y chícharos, decenas de jabones marca Nácar y pasta dental Dentex, productos todos adquiridos en el mercado libre cubano a precios que no rebasan los treinta centavos de dólar, explica Iturria, ayudan a amortiguar las pérdidas por los decomisos de Aduana y gastos de viaje.

En sus bolsillos, además, viajan algunos cientos de dólares que aprendieron a cambiar en el mercado negro de la isla, regateando siempre un precio de menos de 96 centavos por cada unidad de la moneda americana.

“Se hace una bolsita con un jabón, un tubo de pasta y un desodorante, y se vende a dos dólares o 170 mil pesos venezolanos”, dijo Iturria.

Por su parte, la diferencia entre el costo original de los productos que traen y el precio de venta en la isla, en muchos casos adquiere una inflación por encima del sesenta por ciento.

Como ejemplo, Iturria apuntó que existen mercancías que en los mercados venezolanos se pueden comprar en “desde un dólar hasta cinco, y en Cuba luego se venden hasta diez veces más caras. El éxito del negocio consiste en buscar cosas tan baratas que, vendiéndolas caro, a los cubanos les parezca barato”.

Además de ‘sacarle el quilo’ a cada pequeña oportunidad comercial, en los viajes a la isla los ‘bachaqueros’ aprovechan para comprar algunos productos que hoy día son muy difíciles de conseguir en Venezuela.

“La leche en polvo allá no la encuentras ni con lupa; si no la compro en Cuba mi niña se queda sin beber leche”, subrayó Iturria.

(Publicado originalmente por Cubanet el 30 / 03 / 2018)

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