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Adiós anticipado al CUC


Una mujer recibe pesos cubanos luego de entregar sus dólares a un comprador ilegal en las afueras de una Casa de Cambio (CADECA), en La Habana. Archivo.

"En la población se extiende el temor a que súbitamente se produzca un cambio oficial con tasas leoninas que ocasionarían serias pérdidas al bolsillo", apunta Celaya.

Eran apenas las 10 de la mañana del miércoles 28 de enero y la casa de cambio (CADECA) de la calzada de Belascoaín no tenía moneda nacional (CUP). Una cajera explicaba que solo le quedaban varios billetes de 50 pesos y eso era todo hasta que llegara "el carro del dinero". Algunos clientes, que llegaban y se marchaban al no poder hacer sus transacciones, aseguran que esta situación ha estado tornándose habitual, no solo en esta casa cambiaria, sino también en la de la calle Galiano, frente a la Plaza del Vapor.

Estas son prácticamente las dos únicas casas de cambio que operan en el municipio Centro Habana después que la mayoría de ellas fueran transformadas en puntos de cajeros automáticos, por lo cual tanto el cambio de divisas extranjeras a moneda convertible (CUC), como el de CUC a CUP, implica el traslado a alguna CADECA o Banco Metropolitano, distantes entre sí, y la posibilidad de hacer una larga cola antes de realizar la transacción deseada.

Otra dificultad que se ha hecho común, tanto en CADECA como en los cajeros automáticos, es la ausencia de billetes de denominaciones inferiores a los 100 o 50 CUP, lo cual también causa incomodidad a la población, en especial a los ancianos que cobran sus pensiones con tarjetas magnéticas y muchas veces se ven imposibilitados de extraer la totalidad de su dinero por no existir en depósito billetes de 5 o 1 CUP. En este caso deben esperar todo un trimestre o cuatrimestre, según el caso, hasta que se acumule en sus fondos la cantidad de dinero suficiente como para cubrir la denominación mínima de 10 o 20 CUP, una cifra ridícula si se compara con los elevados precios de cualquier producto del mercado, pero significativa si se trata de personas que dependen casi por completo de esos ingresos.

Desde que inició el año 2015, los cubanos que reciben remesas del exterior o que perciben pesos convertibles por otras vías se apresuran a cambiar su dinero a moneda nacional. Los que tienen entradas mayores –del orden de los cientos de CUC, generalmente los dueños de los negocios particulares más prósperos– prefieren cambiar a dólares en el mercado subterráneo. El denominador común es que ya nadie quiere guardar dinero en los CUC que hasta hace poco eran muy solicitados y solían agotarse en las CADECA.

El anuncio de la próxima entrada en circulación de nuevos billetes en moneda nacional, con denominaciones de 200, 500 y 1000 pesos, a partir del próximo mes de febrero, sumado a la posibilidad de acceder al otrora "mercado en divisas" con cualquiera de las dos monedas, han sonado a redoble en la psiquis popular, como un preludio de la tan esperada unificación monetaria. En la población se extiende el temor a que súbitamente se produzca un cambio oficial con tasas leoninas que ocasionarían serias pérdidas al bolsillo.

La expectativa se hace sentir por ósmosis en las redes de comercio agropecuario de la capital, en especial en las carnicerías "no estatales", donde apenas unas semanas atrás aceptaban cualquiera de las dos monedas. "¡Por tu madre, dame moneda nacional!", demanda el carnicero del "combinadito de Sitios", en Centro Habana, cuando un cliente saca 20 CUC para pagarle una pieza de carne de cerdo, cuyo precio en estos días de desabastecimiento se ha elevado a 45 pesos corrientes la libra. "Ya los guajiros no quieren coger CUC, mi hermano, ellos tienen mucho dinero y le han cogido miedo a la unificación monetaria. No me venden la carne si no es en moneda nacional".

Algo similar ocurre con los comerciantes de carretillas, que todavía aceptan pagos de los clientes en moneda "convertible", casi siempre al menudeo, pero cuyos proveedores mayoristas (privados) están exigiéndoles la moneda nacional como pago a sus productos. "Los guajiros ganan mucho dinero y casi todos los productores guardan grandes sumas. Ninguno quiere perder cuando se unifique la moneda", dice un carretillero de mi barrio.

Evidentemente, la falta de información y de claridad por parte de los medios oficiales provoca una vez más incertidumbre y dispara las especulaciones en la población, dando paso a obstáculos tales como la (inexplicable) insuficiencia de fondos en las CADECA y aumentando la demanda de dólares estadounidenses en el mercado negro cambiario.

Cercanos ya a la introducción de los billetes con las nuevas denominaciones, que evidencian claramente la elevadísima tasa de inflación en Cuba, nada se conoce acerca de una unificación monetaria que –según anunciaron las autoridades– será gradual y "no afectará" los bolsillos cubanos.

Por el momento, es de esperar que a la hora cero no se mantenga el cambio oficial de 25 pesos en moneda nacional por cada CUC, transacción con la que han operado hasta ahora las CADECA y las redes comerciales estatales. La experiencia, tras décadas de engañosas maniobras monetarias, ha estimulado la sabiduría popular; y, ya antes de la soñada unificación monetaria, los cubanos se están desprendiendo del que fuera en los últimos años el máximo signo de estatus en la Isla: El CUC.

Este artículo fue publicado originalmente en el sitio 14Ymedio.com el 29 de enero de 2014.

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