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Benedicto XVI hace un balance de su viaje a Cuba


En la ceremonia de despedida.

El Papa elogió las buenas relaciones del Estado cubano con el Vaticano, en la tradicional audiencia que hace cada vez que regresa de un viaje apostólico internacional.

El papa Benedicto XVI, resaltó “las buenas relaciones existentes entre el Estado (cubano) y la Santa Sede” este miércoles en un recuento de su viaje apostólico a Cuba y México.

En su balance, ante una multitud de fieles que se congregaron en la plaza de San Pedro, explicó que el propósito de su viaje a Cuba fue “en primer lugar, para sostener la misión de la Iglesia Católica, comprometida en anunciar el Evangelio con alegría, a pesar de la pobreza de los recursos y de las dificultades aún por superar, para que la religión pueda desarrollar su propio servicio espiritual y formativo en el ámbito público de la sociedad. Esto es lo que quise subrayar al llegar a Santiago de Cuba, segunda ciudad de la isla, sin dejar de resaltar las buenas relaciones existentes entre el Estado y la Santa Sede, finalizadas al servicio de la presencia viva y constructiva de la Iglesia local. También aseguré que el Papa lleva en su corazón las preocupaciones y aspiraciones de todos los cubanos, especialmente de los que sufren por la limitación de la libertad.”

El Sumo Pontífice relató que su misa en Santiago de Cuba fue un momento de fuerte intensidad espiritual, “con la participación atenta y orante de millares de personas, signo de una Iglesia que viene de situaciones difíciles, pero con un testimonio vivaz de caridad y presencia activa en la vida de la gente. A los católicos cubanos, que junto a la entera población, esperan en un futuro siempre mejor, he dirigido la invitación para dar un nuevo vigor a su fe y a contribuir, con el coraje del perdón y de la comprensión, en la construcción de una sociedad abierta y renovada, donde haya cada vez más espacio para Dios, porque cuando Dios es excluido, el mundo se transforma en un lugar inhabitable para el hombre. Antes de dejar Santiago de Cuba me dirigí al Santuario de Nuestra Señora de la Caridad en el Cobre, tan querida por el pueblo cubano. La peregrinación de la imagen de la Virgen de la Caridad en las familias de la Isla ha suscitado gran entusiasmo espiritual, representando un significativo evento de nueva evangelización y una ocasión de redescubrimiento de la fe. A la Virgen Santa encomendé sobretodo a las personas que sufren y a los jóvenes cubanos.”

Benedicto XVI recordó que en la misa de La Habana prefirió hablar de los cambios que Cuba necesita “ocurrirán sólo si cada uno se abre a la verdad integral del hombre, presupuesto imprescindible para alcanzar la libertad, y se decide a sembrar entorno así reconciliación y fraternidad, fundando la propia vida en Jesucristo: Sólo Él puede conjurar las tinieblas del error, ayudándonos a vencer el mal y todo lo que nos oprime. He querido además insistir que la Iglesia no pide privilegios, sino que pide proclamar y celebrar también públicamente la fe, llevando el mensaje de esperanza y de paz del Evangelio en todo ambiente de la sociedad. En apreciar los pasos cumplidos hasta ahora en este sentido por parte de las Autoridades cubanas, he subrayado que es necesario continuar en este camino de cada vez más plena libertad religiosa.”

Conmovido por la despedida que le hicieron millares de cubanos bajo una fuerte lluvia, el Santo Padre, explicó que en sus palabras de despedida en el aeropuerto hizo un llamado a los miembros de la sociedad cubana a colaborar en un “diálogo paciente por el bienestar de la patria” y exhortó a los cubanos
a “reavivar la fe de sus padres y edificar un futuro cada vez mejor”.

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