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Yoani Sánchez y El País: como en el amor y en la guerra


Fotografía de archivo de Yoani Sánchez.

Ni por asomo Yoani Sánchez recibirá del Centro de Prensa Internacional del Ministerio de Relaciones Exteriores una credencial que le permita ejercer su nueva labor con todas las prerrogativas y facilidades que ello implicaría.

El País ha decidido jugar al duro. A camisa quitada. A falta de Mauricio Vicent, su nueva corresponsal en La Habana se llama Yoani Sánchez.

Luego de retirada la credencial de corresponsal extranjero en Cuba a Vicent, que reportó desde la Isla durante dos décadas, el mundialmente leído diario español valoró distintas posibilidades. Algo habría que hacer. Cualquier cosa menos privar a sus lectores de esa fuente inagotable de surrealismo noticioso que es Cuba.

Sin embargo, enviar a un sustituto de Vicent, expulsado por el establishment debido a sus “tergiversaciones de la realidad cubana” (según el informe del Centro de Prensa Internacional), era asimilar, aunque a regañadientes, el despotismo de sátrapas que expulsan de sus predios a quienes no juegan con sus cartas marcadas.

Impulsado a tomar decisiones ante un suceso de atención global como la visita Papal, El País ofreció dos posibilidades a los dueños de la verdad mediática cubana. Primero: acreditar a Mauricio Vicent como su corresponsal durante la estancia de Benedicto XVI en la Isla; o de lo contrario, permitir la entrada de otro periodista que cubriera el acontecimiento para El País, y que luego regresara a la Madre Patria.

Ni una ni otra.
La guerra del régimen habanero contra el periódico perteneciente al grupo PRISA es a muerte. Y es una guerra sin caballeros ni código de ética. Ninguna de sus opciones fue aceptada. Al igual que todos los medios de comunicación hispanos del sur de la Florida, El País no tendría presencia en la Isla durante las misas de Benedicto.

Lo interesante de este escenario es la movida inesperada, la estocada deliciosamente certera que ofreció El País a cambio del pulso presentado por Cuba. ¿No nos dejan entrar? Muy bien. Pero a los de dentro, no los podrán sacar.
Yoani Sánchez llevaba un par de años publicando artículos de opinión en el diario. De repente su status cambió. Hoy la creadora de Generación Y, la bitácora hispana más famosa del mundo, reporta desde su apartamento del piso 14 para El País como una corresponsal sui géneris y semi clandestina, pero corresponsal al fin.
Obviamente, ni por asomo Yoani Sánchez recibirá del Centro de Prensa Internacional del Ministerio de Relaciones Exteriores una credencial que le permita ejercer su nueva labor con todas las prerrogativas y facilidades que ello implicaría. Sospecho que no es cosa que le quite el sueño a la intrépida activista y reportera freelance.

Desde 2007 Yoani Sánchez se las ha arreglado para aguzar el olfato lo suficiente como para husmear en su realidad con un espíritu informativo a la par que analítico, y acceder a fuentes, cifras, datos “objetivos” en su Habana corrupta y necesitada es solo cuestión de saber a qué puertas tocar o de qué hilos invisibles tirar.

Sin embargo, tras la divertida y ácida anécdota subyace una verdad como un templo: sentados a la mesa de negociaciones con una dictadura, los media del mundo democrático solo tienen dos opciones. Primero: firmar ese pacto invisible según el cual lo demasiado punzante, lo maloliente de la Isla, no será prioritario para la curiosidad del reportero. O segundo: jugar al duro. Violar cualquier acuerdo establecido por los censores y conseguir que a pesar de estos, un fragmento de verdad logre encontrar resonancia internacional.

Una abrumadora mayoría de medios opta por la primera opción. El País, ha optado por la segunda, enviando de paso un mensaje filoso y exacto: las reglas no existen con aquellos que las violan. Con las dictaduras, como en el amor y en la guerra, todo vale.

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