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El diario Granma ha publicado un artículo titulado “Otro Capítulo de Irrespeto y Falsedades”, el cual se antoja como anticipo de un espectáculo de mayor amplitud, dirigido a demonizar a la oposición y al exilio utilizando el marco de la visita Papal. Tanto el lenguaje como el contenido del escrito, firmado por una tal Anneris Ivette Leyva, insinúan la próxima aparición de un nuevo show televisivo con su consiguiente trama macabra, y algún que otro agente destapado. Los muchachos del Departamento de Audiovisuales del Minint se han vuelto tan predecibles, que asemejan de forma preocupante a los perritos de Pavlov.

Llama poderosamente la atención las afirmaciones sobre mensajes electrónicos enviados desde Miami a organizaciones dentro de Cuba, y más aún, la detección del “ingreso de ciudadanos extranjeros con equipos de comunicación, computadoras y ¡videos tutoriales! para reforzar las actividades opositoras”. Se vincula esto con las declaraciones del obispo de Praga, Vaclav Maly, exigiendo la liberación de los presos políticos antes o durante la visita de Benedicto XVI. Toda una especie de ajiaco pseudo mentiroso al más puro estilo de un filme de Hitchcock como Intriga Internacional, cuyo verdadero título, North by Northwest, es mucho más original y sugerente.

Está claro que el régimen busca de alguna forma responder al verdadero alud de prensa y opiniones desatados internacionalmente a medida que se acerca la llegada del Papa, y muy en especial tras la represión del último fin de semana contra la sociedad civil independiente. Editoriales como el de La Nación de Argentina o el Washington Post, por sólo citar dos casos, así como las cartas de Lech Walesa, DesmondTutu, y otros, han colocado de manera significativa el tema de la oposición en la agenda de la visita papal, muy a pesar de los deseos de las jerarquías religiosas y políticas vigentes en Cuba.

Las propias declaraciones de Tarcisio Bertone, incluyendo alusiones a la democracia en una visita papal que hasta entonces había sido clasificada como puramente evangélica, muestran sin lugar a dudas una actitud defensiva del Vaticano ante la presión sobre el tema de los derechos humanos. El tema está ahí, de una forma mucho más intensa y recurrente que durante la visita de Juan Pablo II en 1998.

Lo que está en juego entonces es la reinserción del Raulismo en el escenario político internacional, ejecutada por medio de una especie de carambola diplomática dentro de la cual la figura del Papa en Cuba es valgan las redundancias, una “bola” importante, para crear la impresión de una dictadura apacible.

Por ese motivo, visitar la Isla y no reunirse con la disidencia sería como estar en el pueblo y no ver las casas, o más bien desviarse de la ruta más práctica, evitando los paisajes inconvenientes o no del todo agradables. Desconocer a quienes abogan por la necesidad más apremiante de la sociedad cubana sería contribuir a la verdadera conspiración en Cuba, orquestada por el castrismo con una torcida mentalidad hollywoodense.

A sólo días de la llegada del Sumo Pontífice a Cuba, la ecuación parece dibujarse de forma precisa. Si la jerarquía católica decide buscar su Norte haciendo un rodeo por el Noroeste para evitar a la auténtica sociedad civil cubana, estaría escribiendo un verdadero capítulo de irrespeto y falsedades. Si por el contrario, opta por brindarle a las Damas de Blanco u otros actores pro democracia el espacio que se merecen dentro de la agenda papal, estaría buscando su Norte por el camino correcto, soslayando la intriga internacional que propone la dictadura. Entre Pavlov y Hitchcock, la elección no debe resultar complicada.
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