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Frío, cruel y magistral


El canciller cubano, Bruno Rodríguez (d), saluda al cardenal Jaime Ortega (i), junto al canciller de Venezuela, Nicolás Maduro (c).

Nada ni nadie podía competir con la imagen de Fidel Castro "El barbudo"

Cuando el actual Gobierno llegó al poder y tomó las riendas, la iglesia Católica en Cuba fue su primer y más fuerte disidente, el más perseguido, el más vilipendiado. La Revolución expulsó sacerdotes, monjas, prohibió el culto y la religión. Nada ni nadie podía competir con la imagen de Fidel Castro "El barbudo".

Aquellos jóvenes rebeldes intentando cambiar todo, anularon nuestras tradiciones, pisotearon el sentido ético y lo destrozaron. La irreverencia instaurada acabó con los cánones sociales y culturales. El matrimonio perdió importancia, la familia desapareció como institución, el amor y la amistad adquirieron valor monetario. Robar, delinquir y matar cambiaron su significado. El país se convirtió en desastre, desde el gobierno se aplaude la prostitución, se incentiva la promiscuidad y la corrupción.

La santa Iglesia, por sobre todas las cosas, es un gran negociador. Por regla general, lo urgente nunca deja espacio para lo importante, y lo que creemos son sucesos aislados, no es otra cosa que un eslabón más en una cadena harto estudiada, que tiene colofón. El tan anunciado retiro de Monseñor José Siro Bacallao, Obispo de Pinar del Río, también el de Pedro Meurice, Arzobispo de Santiago de Cuba, y luego el cierre de la revista Vitral; no fueron más que pasos fríos en el tablero de un servido ajedrez.

Nadie podía esperar que el clero sacrificara a tan valiosas personas que llevaban como pocos la fe en su alma y el sacrificio en el pecho, ni cediera el preciado espacio de una publicación tan vital. Todo por peregrinar.

Entonces le tocó al gobierno el turno de mover peones, torres y arriesgar algunos alfiles. Tomar medidas, maniobrar, y manipular muy al estilo de gatica de María ramos, cara linda y espantosa alma. La idea del poder no es conquistar un espacio, sino apostarle al reloj, ganar el juego y mantener su rey.

Muchos pájaros de un tiro, es como cazar palomas a misilazos. La libertad de algunos presos, una jugada de tiempo, para restarle importancia a la encomiable labor de las Damas de Blanco.

El futuro comenzó hace tiempo, La Iglesia Católica en Cuba es parte imprescindible de él, caminamos con mansedumbre y reverencia ante la vista del señor. La visita del Santo Padre será reconfortante.

Ayer, noche de martes 13, el gobierno le dio al Cardenal Jaime Ortega y Alamino, Arzobispo de La Habana, media hora en televisión. Y la próxima semana, los 1800 segundos serán para Monseñor Dionisio García, Arzobispo de Santiago. Poco importan las reacciones. El juego es frío, cruel y magistral: La Revolución pierde enemigos, la Iglesia gana feligreses y un espacio necesario e imprescindible en la televisión. Lo importante es negociar.

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