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Las verjas de hierro, sin propósitos ornamentales, han cambiado el rostro del otrora vistoso barrio del Vedado, en La Habana.

Un simple recorrido por cualquier barrio de La Habana, deja ver que, en su afán por sobrevivir, muchos "se inventan" la sobrevivencia, sacan el dinero de donde sea.

Para mal de la ciudad, la moda de robarse las gomas de los autos, las defensas, las antenas, o lo que sea, ha generado el enjaulamiento de los autos.

Basta ver que en un barrio (otrora de lujo) como el Vedado, los residentes han sacrificado sus jardines o portales para construir verdaderas jaulas, hechas a base de cabillas, tejas de fibrocemento y planchas metálicas, donde resguardar autos y motos de los chicos malos. En algunos casos son jaulas para alquilar en dólares a quienes carecen de este servicio. El caso es sobrevivir a como sea.

Ya la mayoría de los antiguos garajes y los lugares construidos para aparcar bajo techo habían desaparecido de La Habana, al ser convertidos en viviendas. Miles de habaneros viven en garajes.

Durante años, las mal concebidas construcciones de microbrigadas, salidas de las cabezas soviéticas, jamás concibieron que ningún inquilino fuera a ser propietario de un auto, razón por lo cual la mayoría de estas edificaciones (feas y todas iguales) están desprovistas de parqueos.

A Tomasito, un ingeniero que vive en uno de estos edificios de Micro, ubicado en la calle 25, entre A y B, en el Vedado, no le quedaba otra opción que dejar su auto Lada a la intemperie, hasta que una madrugada fría le robaron las dos gomas de atrás y la radio-casetera. "Imagínate lo que me costó reponer todo lo que me llevaron. Me abrieron un hueco en el bolsillo, mayor que un agujero negro. Al final tuve que decidirme a gastar $30 mensuales en el alquiler de un garaje particular, pero ya duermo tranquilo", dijo.

Casa enrejada en El vedado, La Habana.

Joseíto, un jubilado residente en el Vedado, quien convive con su hija –madre soltera– y su nieta, decidió pedir ayuda monetaria a su hijo que reside en España para abrir una cafetería en el espacioso portal de su casa, pero al recibir el dinero, tuvo que desistir del proyecto, y en su lugar construyó una jaula-parqueo, para dos autos, que le proporciona unos $60 mensuales.

Al preguntarle por qué el cambio, aclaró: "Para abrir un negocio se necesitan estrategias productivas y cierto conocimiento empresarial, y yo de empresas no sé ni papa, así que decidí comprar cabillas, tejas y meterle mano a este parqueo, que aunque me salió caro, sacaré la inversión, y sin muchas preocupaciones compenso mi sueldito todos los meses".

Otros como Joseíto, que sí paga impuestos a la ONAT, sin importarles los recios controles de la policía, también construyeron estas insólitas jaulas que han devenido en un negocio no solo en el Vedado, sino por toda la isla.

Está claro que el desastre perpetrado en esta Habana, una capital sin capital, inmersa en un total naufragio arquitectónico, recae sobre el Gobierno. Lo demás es sálvese el que pueda.

Este artículo fue publicado originalmente en Cubanet, el 19 de marzo de 2015.

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